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17 de septiembre de 2019, 0:17:02
Opinión

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Vuelo perdido

Por Rafael Martínez-Simancas


Cabe la posibilidad de que en la T4 no fuera construida una terminal aérea sino una pirámide con sus enigmas, por eso se apagan las luces sin saber cómo y otras cosas ocurren sin saber por qué. Por ejemplo, un año después no sabemos qué pasó exactamente en el siniestro del vuelo de Spanair, (salvo que fue la suma de varias catástrofes anilladas). No hay informe que concluya nada solvente así que el misterio gravita de nuevo sobre la terminal más moderna de Europa, un lugar en el que un avión se puede salir de la pista sin que nadie se de cuenta.

Lo habitual en un aeropuerto es que te pierdan las maletas pero no que te pierdan la vida y nadie te diga cómo, ni dónde. Lo del apagón de este fin de semana es otra de las manifestaciones que tiene ese edificio que va para catedral del misterio y zona de referencia para los autores de novela negra. Haría bien José Blanco en darse una vuelta por la T4 con algún obispo, (uno de los muchos de los que son amigos de Bono), y rociar de agua bendita las instalaciones para que termine la pesadilla. Se van a dar casos de pilotos que no quieran aterrizar allí porque la tengan por una sucursal de “La Casa del Terror”, esa atracción que no debe faltar en ninguna feria.
Asola más la certeza de que nunca conoceremos lo que pasó en el vuelo de Spanair más que cualquier otra cosa. La T4 es un lugar de espacios oscuros y de huecos en la Ley de la Gravedad, por eso las luces van y vienen sin que el Ministro sea capaz de entender qué ocurre. Es un enigma con muchas pistas y ninguna de ellas se puede resolver.
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