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16 de julio de 2019, 17:05:52
Economía

Bancos centrales


La sucesión de Draghi abre un debate sobre el mandato del BCE

El finlandés Olli Rehn pone sobre la mesa una revisión del mandato de la institución a pocos meses de que Draghi deje la presidencia.

Por E.B.

En otoño de este año el italiano Mario Draghi dejará su cargo al frente del Banco Central Europeo (BCE). Su sucesión, como ocurre siempre en las altas instancias europeas, dependerá del delicado equilibrio de poderes entre países, pero en esta ocasión se ha añadido una novedad: una especie de ‘promesa electoral’ vertida por el finlandés Olli Rehn, que ha puesto sobre la mesa una revisión del mandato de la institución.


Rehn, ex comisario europeo que asumió el cargo de gobernador del banco central finlandés en julio, está aprovechando la corriente actual para identificar la preocupación por los bajos tipos y los bajos niveles de inflación. En un momento en que los estímulos parecen insuficientes para revivir esta inflación, apuesta por reconsiderar el plan maestro del BCE para garantizar la estabilidad de precios.

Por el momento no ha dado demasiados detalles, más allá de señalar que hay que asegurarse de que la política monetaria del BCE siga siendo creíble. “Deseo que el resultado de una revisión de la estrategia, si es que se lanza, conduzca a una política monetaria más eficaz y oportuna que cumpla con nuestro objetivo primordial de estabilidad de precios”, señaló en unas declaraciones a la agencia Bloomberg.

Los llamamientos a un replanteamiento cuentan con cierto apoyo. El gobernador austríaco Ewald Nowotny señaló la semana pasada que hay “aspectos” del mandato merecen ser revisados. Agustín Carstens, director del Banco de Pagos Internacionales, apuntó por su parte que los bancos centrales son “muy conscientes de la necesidad de adaptar” sus marcos.

Sin embargo, sus palabras han sido vistas más bien como un postulado a suceder a Mario Draghi. “Rehn es claramente uno de los chicos que está buscando el puesto más alto”, valora Peter Dixon, economista de Commerzbank, a Bloomberg. No obstante, independientemente de su motivación, “corresponde a los bancos centrales preguntarse después de diez años de cero, o en el caso del BCE negativo, qué más pueden hacer para alcanzar sus objetivos”.

No obtante, Rehn está lejos de encontrarse entre los favoritos para suceder a Draghi. Por encima de él se encuentra, por ejemplo su compatriota y predecesor en el Banco de Finlandia Erkki Liikanen. El exgobernador fue el miembro con más años en el consejo de gobierno del BCE y también desempeñó un papel importante en la reforma de la regulación bancaria tras la crisis, encabezando una comisión que asesoró a Bruselas sobre cómo reestructurar el sector.

El francés Benoît Cœuré es otro de los favoritos, pero presenta el hándicap de que ya pertenece al Comité Ejecutivo del BCE y su mandato finaliza este año. Los mandatos, de ocho años, no son renovables, aunque si renunciase antes podría crearse un vacío legal que le permitiese suceder a Draghi. Cœuré es de un país grande del norte, lo que ayudaría a crear un equilibrio con el vicepresidente español Luis de Guindos.

No obstante, podría despertar malestar el hecho de que el cargo vuelva a recaer en un francés como ya fue Jean Claude Trichet. El mismo problema tiene otro de los candidatos que han sonado, François Villeroy, gobernador del Banco de Francia, si bien en este caso tiene vínculos familiares en Alemania y de hecho habla un buen alemán.

El sucesor que parece menos probable es Jens Weidmann, presidente del Bundesbank y uno de los primeros en ponerse en la carrera, ante las informaciones que apuntan a que su gran valedora, Angela Merkel, preferiría lanzarse a por la presidencia de la Comisión Europea antes que a por la del BCE. Weidmann se ha ganado además mala fama por haber sido una de las voces más críticas con la política monetaria acomodaticia de Draghi.

Otro factor a tener en cuenta es la escasa presencia de mujeres en las instituciones europeas, situación que ayudaría a revertirse con una sucesora para Draghi. El problema es que apenas hay un cortísimo elenco de candidatas para el preciado puesto. La subgobernadora del Banco de Irlanda, Sharon Donnery, ha sido una de las que más ha sonado, pero el hecho de que un compatriota suyo, Philip Lane, acabe de ser elegido para ser economista jefe del BCE parece cerrarle la puerta, dado el equilibrio de poderes entre países con que se gobierna la institución.

Así las cosas las mejores posicionadas serían dos francesas, una de ellas una vieja conocida en las listas de las mujeres más poderosas del mundo: Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). El otro nombre que ha sonado con cierta fuerza es el de Sylvie Goulard, vicegobernadora del Banco de Francia.

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