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16 de noviembre de 2019, 0:24:48
Economía

Bancos centrales


El 'club de los banqueros' advierte de que no hay herramientas de protección para la próxima crisis

El selecto club de banqueros 'G30' alerta de que los bancos centrales están más debilitados que en 2008 para hacer frente a una crisis.

Por E.B.

Los bancos centrales están en peor posición que hace una década para combatir una crisis internacional o hacer frente a un duro ciberataque contra entidades bancarias. Así lo advierten en un informe nada más y nada menos que los miembros del 'Grupo de los 30', un exclusivo club de banqueros de todo el mundo en el que destacan el presidente del BCE, Mario Draghi, y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.


Como ha apuntado a Bloomberg Timothy Geithner, ex secretario del Tesoro de EEUU y uno de los influyentes financieros del grupo, algunas de las herramientas con las que contaban supervisores y bancos centrales para luchar contra los peligros futuros se han debilitado en los últimos diez años.

La situación es “especialmente” preocupante en el caso de la institución estadounidense, apunta Geithner, pues el Congreso limitó la capacidad de la Reserva Federal y para dar apoyo de emergencia al sistema financiero.

El 'G30' advierte además de que la próxima catástrofe será distinta a las anteriores, por lo que representará una amenaza mayor. Probablemente, apuntan, el origen de la crisis que está por venir será una “nueva fuente” y lo más factible, en concreto, es que se trate de un 'hackeo'.

Y el problema de esto es que, según ha alertado al mismo medio Guillermo Ortiz, ex jefe del banco central de México y copresidente del grupo de trabajo 'G30', los bancos centrales y supervisores no están haciendo lo suficiente para adelantarse a ella: “pueden no estar poniendo suficiente énfasis en prepararse” para la inevitable crisis que llegará, ha sentenciado.

No obstante, los banqueros también resultan algunos aspectos positivos de las reformas realizadas tras el estallido financiero de 2018. Las medidas han fortalecido en gran medida el sistema de bancos centrales y ha mejorado la capacidad de los gobiernos para cerrar las instituciones en quiebra sin tener que rescatarlas con dinero público. Además, los supervisores bancarios de los principales países también están colaborando desde entonces más estrechamente.

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