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15 de noviembre de 2019, 1:47:25
Opinión

PP


El tancredismo del PP

Asistimos a un PP inmóvil y pintado de blanco que espera pasar desapercibido y que el toro de sus casos de corrupción no le arrollen a la salida de chiqueros.

Por Gaspar Llamazares

No hace mucho, el número dos de la nueva dirección del PP calificó de “cacería” el proceso judicial en que se está viendo incurso el nuevo presidente del PP, interrogándose si los jóvenes como él tendrán que dar cuenta cualquier día de sus cursos de primaria, mostrando con ello que el cinismo en política viene de fábrica.


Lo cierto es que, a pocas semanas de su elección, su caso ya ha sido remitido como aforado al Tribunal Supremo y la rueda ha vuelto a girar como si nada se hubiese solucionado en su último congreso en formato exprés. Porque, recordemos, como si de un trámite más se tratase, el PP se limitó a cambiar su presidente después del relevo de Rajoy a raíz de la moción de censura. Como si no hubiese pasado nada. Tirando del libreto añejo, tampoco se ha privado de deslegitimar al nuevo Gobierno de Sánchez y la motejada coalición de perdedores que apoyó la moción de censura descalificándolos por radicales e independentistas.

La única novedad que trajo el congreso, si acaso, y a falta del heredero natural en la persona del presidente Feijóo, que declinó la oferta en la mejor tradición mariana, fue la incorporación tardía de las primarias a la derecha (eso sí, limitadas a la primera fase de elección de su presidente, manteniendo la decisión final en manos de los compromisarios y de la tan injustamente denostada política de los despachos y las alianzas, pues alguien nos tendrá que informar un día de cómo se hace política sin negociaciones de despacho y sin pactos, en un contexto democrático, que además es cada vez más plural).

Ninguno de sus candidatos ni de sus medios de comunicación de referencia plantearon siquiera el análisis y la evaluación de la gestión de su gobierno, mucho menos la autocrítica y la consiguiente rectificación de sus políticas y modos de hacer política de lo que le ha provocado al PP una grave sangría electoral, y lo que es peor, la aparición de otro partido como serio competidor en el propio espacio de la derecha. No hubo ninguna propuesta de regeneración ni de cambio interno o programa de regeneración. Fue un congreso personalista, desnudo de ideas o proyectos, en la línea de la llamada nueva, que no necesariamente buena política.

Pero, sobre todo, el congreso exprés no dio respuesta alguna a la corrupción que estuvo en la génesis de la moción de censura y del cambio de gobierno. Un fantasma que recorre de arriba abajo, que persigue y posiblemente perseguirá a lo largo de mucho tiempo al PP.

Muy al contrario, la propia figura del presidente Casado, ligada a la de José María Aznar y coaligado con el aparato del partido, y por si no bastase con ello, afectado él mismo por el caso de los másters exprés, más que supuestamente fraudulentos, configura un congreso del PP con una actitud numantina y reacia a cualquier valoración, asunción de responsabilidades o rectificación sobre su sistema de corrupción en la financiación y el dopaje electoral. Da la impresión como si al PP le hubiese bastado con cambiar de presidente para que todo permanezca, para que nada o casi nada cambie, con la esperanza de que el modelo bipartidista y la alternancia le permitan recuperar el poder.

Como si distanciarse de la gestión de su propio gobierno, dejando al margen a los que fueron sus principales protagonistas, pudiese hacer olvidar los daños y las víctimas de una gestión injusta y antisocial de la crisis. Como si mantenerse vinculado a la gestión interna del aparato y con ello a la financiación ilegal del partido fuese un tema menor a olvidar y que no se va a ver afectado por cada investigación, por cada imputación y sobre todo por cada condena de los varios procesos en marcha. Como si bastase recuperar las esencias derechistas para hacer olvidar su gobierno y para volver a la clásica oposición bipartidista, pero, sobre todo, para competir con Ciudadanos en el espacio más derechista.

Olvida con todo ello el PP que el origen de la moción censura y la salida del gobierno fue su grave implicación en la corrupción; también su actitud de mirar para otro lado. La crisis de desconfianza en la política y el rechazo a los mentís y las excusas del PP. Olvida también los efectos de las políticas antisociales de austeridad y precariedad. Es decir, el malestar social que se asociará al PP y que según las encuestas no se palía siquiera con la recuperación económica. Precariedad social y recortes unidos a la corrupción sistémica del PP son una tenaza que estrangula sus posibilidades de recuperación. Partidos en situaciones similares (como CiU) han abordado su refundación, incluso cambiando de nombre y relevando a toda una generación, pero a pesar de ello de poco les ha servido. El fantasma de la corrupción y los recortes también los persigue. Solo mediante la huida hacia adelante independentista, ahora hacia la Crida, la torpeza del gobierno Rajoy y el bonapartismo de Puigdemont logran mantenerse, aunque dependientes de la agitación nacional y casi sin margen de acción política concreta.

Apenas hace un mes que el PP perdió la oportunidad de un congreso de catarsis y regeneración en la oposición que le sirvió en bandeja la moción de censura. Corre el riesgo con ello de sufrir un rosario de crisis y desafección en cada caso pendiente de corrupción. Y los primeros síntomas ya han aparecido en el propio currículum de su flamante presidente, siendo además en un mes de baja actividad política y judicial. Septiembre y el nuevo curso tornarán las cañas de hoy en lanzas para Casado y en una nueva sangría para el PP. La única ventaja hasta hoy ha sido la parálisis y el empecinamiento de Ciudadanos en exigir inútilmente la convocatoria inmediata de elecciones.

Como Don Tancredo, asistimos a un PP inmóvil y pintado de blanco que espera pasar desapercibido y que el toro de sus casos de corrupción no le arrollen a la salida de chiqueros. En vano, porque dicha suerte cómica se abandonó al convertirse demasiadas veces en una tragedia.

Gaspar Llamazares, promotor de Actúa.

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