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26 de enero de 2020, 6:30:57
Opinión

Elecciones en Italia


Italia como solía

La complicada situación en Italia no sólo afecta sus ciudadanos sino que genera incertidumbre en la UE, ya que la italiana es la tercera conomía de la Zona Euro.

Por Diego Carcedo

Italia ofrece un ejemplo ambiguo y muy propicio para despertar críticas en el funcionamiento de la democracia. Las ambiciones de sus políticos y la frivolidad de sus votantes parecen haber condenado al país desde hace muchas décadas a funcionar en una inestabilidad permanente. Los cambios de Gobierno y de primeros ministros son constantes. El último, por ahora claro, se está viviendo estos días. El Gabinete de centro izquierda que encabezaba Enrico Letta parecía prometedor después de diez meses sin haber roto nada; estaba aplicando medidas sensatas para sacar a la economía del atolladero en que se encuentra y no despertaba especial rechazo popular, pero no ha podido con las ambiciones de poder de alguno de los suyos.


Concretamente de Matteo Renzi, hasta ahora alcalde de Florencia y recientemente ascendido a secretario general del Partido Democrático, el mismo de Letta. La lucha a cara perro entre ambos “compañeros de partido”, condición especialmente letal entre los diferentes niveles de enemigos, enseguida anticipó este desenlace que pone de nuevo a Italia en una situación muy complicada. Aunque la Administración pública allí ya está acostumbrada a funcionar descabezada, con una inercia que propicia que las crisis sean menos perniciosas que en otras partes, todo el entramado de la caída de un Gobierno y la formación de otro, crea problemas.

En Italia, como en todas partes, afectará a la vida cotidiana de muchas personas y de manera especial a la economía del país, uno de los que más sufren los efectos de la depresión en Europa. Pero no son sólo los italianos los que pagarán las consecuencias de una lucha por el poder que ni siquiera los implicados parecen disfrazarlo con argumentos políticos o sociales mínimamente convincentes. Italia es la tercera economía del área euro y la cuarta de la UE. Aunque el mundo ya está acostumbrado a sus vaivenes y cambios, la incertidumbre que se abre nos afecta a todos, los españoles sin duda. La actual peripecia crea confusión en la UE, inquietud en los mercados y dudas entre los ciudadanos.

Renzi se ve que tenía muchas prisas por llegar a primer ministro porque ni siquiera ha esperado para empezar a meterle presión a su correligionario a que se celebren las elecciones europeas – previstas para finales de mayo – que, como se viene repitiendo con mucho sentido, serán de una importancia enorme tanto para el futuro de la Unión como para el bienestar de cuantos estamos bajo su paraguas. La democracia en Italia, bien aleccionada desde Mussolini de que la vuelta atrás siempre será peor, ofrece la cara de ser capaz de superar tantos y variados avatares pero también ofrece la cruz de que sus protagonistas no sepan trabajar por el bien colectivo y moderar sus ambiciones personales.

Matteo Renzi, el hombre fuerte del momento, es una persona inteligente, se acreditó como un gestos eficaz al frente de la municipalidad de Florencia, y goza de respaldo en la calle donde su populismo moderado hace tiempo le mostraba como un político con futuro. Pero llegará al Gobierno sin conocimiento de la Administración, del manejo de los resortes que mueven la actividad financiera y, en una etapa de creciente dependencia internacional, sin experiencia en el manejo de las relaciones exteriores y particularmente comunitarias. Nadie duda además que detrás está una vez más el incombustible Silvio Berlusconi con quien seguramente ha pactado, habrá que saber a cambio de qué, el respaldo parlamentario que necesita.

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