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21 de enero de 2021, 6:18:56
Internacional

Entrevista


Javi López, eurodiputado por el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) y miembro del Partido Socialista de Cataluña (PSC)

El más joven de los diputados elegidos en España durante las últimas elecciones europeas reivindica el entendimiento entre los diferentes actores de izquierda para construir alternativas y considera que Europa debe y está en condiciones de imponer nuevas reglas a la globalización

Por David Penado

"El Gobierno portugués parece la cuadratura del círculo"


Javier López Fernández, más conocido como Javi López, ha sido uno de los eurodiputados cuyo nombre más ha estado 'de moda' durante los últimos meses. El más joven de los diputados elegidos en España durante las últimas elecciones europeas fue el ponente de un informe sobre las relaciones políticas de la Unión Europea (UE) con América Latina, aprobado por el pleno de Estrasburgo, con el objetivo de, tras analizar los vínculos y oportunidades entre ambas regiones, fijar un nuevo marco de relaciones.

Además, como titular de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales del Parlamento Europeo por el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D), también ha sido ponente del Informe "El combate contra la desigualdad como palanca para el crecimiento y la creación de puestos de trabajo" que igualmente contó con la luz verde de la Eurocámara. Una operación por la que, en definitiva, esta institución reclama a la Comisión Europea dar "pasos relevantes" en la implementación de políticas públicas económicas, laborales y sociales que atiendan a toda esa serie de problemas que, agravados por la crisis económica, acaparan de manera creciente la atención del electorado europeo.

Tanto así, que a juicio de muchos, el proyecto europeo incluso se ve amenazado por el auge de fuerzas que, surfeando sobre el malestar social, cuestionan abiertamente la continuidad de la UE. En este contexto, EL BOLETÍN tuvo la oportunidad de conversar con este incipiente valor de la socialdemocracia, quien, como miembro del Partido Socialista de Cataluña (PSC), últimamente incluso ha logrado tener presencia en algunas de las principales tertulias de nuestra parrilla televisiva.

Se habla mucho de la crisis global de la socialdemocracia. Usted ha estado al frente de iniciativas sobre derechos sociales en el Parlamento Europeo que, en parte, pueden responder a eso que se percibe también como una falta de proyecto. ¿Qué nos puede decir al respecto?

Creo que Europa tiene que rehacer su pacto social. Las amenazas internas en forma de extrema derecha o de repliegues identitarios; y también amenazas externas como el encajonamiento geopolítico que representa Trump deberían impulsarlo. Un pacto social que básicamente se base en generar estabilidad y seguridad económica, así como en repartir los beneficios y las oportunidades. Es decir, en los aspectos en que se basaba el pacto social europeo que se ha visto muy maltrecho en los últimos años, especialmente por las políticas de austeridad impulsadas durante los años que transcurren de 2010 a 2015. Y defendemos que el espacio natural para reconstruir ese pacto que se hizo desde el Estado nación hoy se sitúa en Europa, porque con las economías internacionalizadas y teniendo una moneda única es básicamente imposible hacerlo desde otro lado.

Por ello, intentamos proponer que mediante la política macroeconómica europea que hacemos a través del semestre europeo, que es el mecanismo de coordinación de la política presupuestaria y de reforma de los estados nación, se introduzca una perspectiva social fuerte, después de que durante muchos años, se haya vivido la lógica de la tiranía del decimal del déficit. Sólo se ha estado pendiente de eso, cuando, por ejemplo, nos parece que un 25% de paro es un desequilibrio más grave que varios puntos de déficit.

Es cierto que, durante los últimos dos años se han empezado a introducir algunos puntos sociales en el análisis del que luego cuelgan las recomendaciones específicas por país que empujamos a los estados miembros a hacer; pero una de mis pretensiones es que se introduzca un indicador específico sobre desigualdad, ya que actualmente este aspecto está ausente. No se trata sólo de reequilibrar la política macroeconómica, sino construir un verdadero pilar social europeo, aunque hay muchas reticencias por parte de algunos estados miembros.

¿En qué consistiría ese verdadero pilar social?

Un pilar social europeo significaría tener una directiva de condiciones de trabajo que las equipare a nivel europeo, en tener una carta de servicios públicos de carácter europeo, en tener un mínimo de derechos, un suelo social europeo, y algunas políticas públicas que se puedan impulsar a escala comunitaria como una caja para un seguro de desempleo, una tabla de rentas mínimas garantizadas o incluso un salario mínimo europeo relativo a la riqueza. Todos estos aspectos forman parte de las discusiones y están encima de la mesa tanto de la Comisión como del Consejo europeo.

Sin embargo, además de la reticencia de algunos estados miembros a la que hacía referencia, no parece que la evolución de la correlación de fuerzas sea favorable a estos avances. Los nuevos equilibrios electorales en países capitales de la UE parecen orientarse todavía más a la derecha.

La política siempre es así. Depende de la correlación de fuerzas. Ese es el factor más importante, pero hay que subrayar que si no se hacen esas políticas es porque no conseguimos los suficientes votos.

Con todo, no parece que el mensaje de habría que esperar hasta cambiar la correlación de fuerzas ayude a ganar posiciones entre el electorado; sino a aumentar su desafección y a un fortalecimiento de los extremos, que puede conducir incluso a una desintegración de la UE.

Esa amenaza existe y, por eso, creo que dichas amenazas deberían servir para la reconstrucción del pacto social. Hay que organizarse, construir una alternativa y lograr mayorías suficientes para sacar adelante esa agenda. La socialdemocracia, nuestros 200 diputados, se están dedicando a ello: a impulsar a la Comisión Europea en esta dirección.

No obstante, en lo que sí que parece que habrá una mayoría suficiente, después de que se aclare la situación en Alemania, es en volver a poner a funcionar el eje franco-alemán y hacer las reformas institucionales que supongan mayor integración, así como las reformas del euro que solucionen su diseño incompleto con, por ejemplo, un verdadero presupuesto y un ministro para la eurozona o con un mayor control de Parlamento Europeo. Incluso Merkel y los conservadores alemanes parecen dispuestos a dar este tipo de pasos que Macron ya llevaba en su programa electoral.

Por tanto, en el ámbito de las reformas institucionales y económicas vamos a dar pasos hacia adelante y hay que conseguir una mayoría suficiente en el ámbito social.

De cara a la construcción de esa alternativa, ¿Cómo se ve desde la socialdemocracia europea a los llamados populismos de izquierdas? ¿Son aliados para construir una alternativa o la alternativa pasaría más por el modelo alemán de una gran coalición?

Populismo es una palabra que se utiliza mucho para tirársela a la cabeza a los otros. Mi opinión es que la izquierda lo que tiene que tener es sobre todo capacidad de diálogo con el resto de fuerzas de izquierda y progresistas para poder marcar una alternativa. Uno de los problemas de las últimas décadas es que los actores de la política tradicional en ocasiones han sido vistos como actores muy semejantes y la política debe gestionar conflictos. La política es también alternativas.

Me parece razonable que tengamos capacidad de interlocutar con el resto de actores, también los nuevos. En este sentido, la socialdemocracia tiene que aprender que el panorama ha cambiado en los últimos años y que no está sola. Es evidente que no es el único actor de izquierdas en Europa ya que hay algunos nuevos que han tenido mucho éxito. Pero, a su vez, éstos tienen que aceptar que su voluntad de sustituir a la socialdemocracia no se ha dado y que, si quieren construir una alternativa, van a tener que cohabitar y entenderse con los partidos socialdemócratas porque, a día de hoy, aunque debilitado, sigue siendo el principal actor de la izquierda europea. Ambos sectores tenemos que hacer ese aprendizaje y es importante que lo hagamos de cara a las próximas elecciones europeas.

En otra entrevista con Margarida Marqués, secretaria de Estado de Portugal para la UE, hablaba de que esa era la clave en la experiencia del Gobierno luso: la aceptación en su coexistencia de todas las partes de la izquierda. ¿Cree que son un modelo a seguir?

Portugal es un modelo de éxito y una referencia para toda la izquierda europea. Su Gobierno está deshaciendo buena parte de las restricciones presupuestarias y buena parte de los recortes que habían impulsado los Gobiernos de la derecha europea con las imposiciones de los planes de rescate. Y está haciendo todo eso subiendo los salarios de forma notable, a la vez que rehace el estado del bienestar, con una economía creciente y reduciendo el déficit. Parece la cuadratura del círculo.

Usted también ha jugado un papel clave a la hora de establecer un nuevo marco en las relaciones con América Latina. Se habla de un cambio de paradigma y del paso de cooperación a la alianza. ¿Qué medidas concretas lo sustentan?

El informe aprobado por la Eurocámara da un marco coherente a las relaciones entre la UE y Latinoamérica respondiendo a la situación que padece el mundo, y especialmente a las amenazas internas y externas que padece Europa. Se trata de aterrizar una alianza que nosotros creemos estratégica y que se basa en una serie de valores comunes como los Derechos Humanos, las sociedades abiertas o el multilateralismo en el mundo. En primer lugar, con una agenda de acuerdos político-económicos, que están encima de la mesa, muy importantes para estrechar lazos más allá de lo que hoy tenemos. Antes del verano, se aprobó el Acuerdo de Cooperación y de Diálogo Político con Cuba, pero tenemos también encima de la mesa el acuerdo con Mercosur o la negociación de nuevos acuerdos con México y Chile.

En segundo lugar, aunque se ha visto afectada por la grave situación que vive Venezuela y que distorsiona un poco nuestras relaciones, tenemos las cumbres UE-CELAC que teóricamente se utilizan cada dos años para coordinar nuestra posición en el FMI, ONU o G-20.

Y, aparte de grandes acuerdos institucionales o de coordinación en los grandes foros internacionales, hay una serie de medidas más concretas que tienen que ver con la relación por debajo con la sociedad civil que nos interesa mucho y que el informe recoge. Por ejemplo, se trata de lograr una mayor movilidad de estudiantes y que se amplíe la posibilidad de viajar mediante el programa Erasmus a Latinoamérica, que hoy ya es posible. O de impulsar la coordinación de los protocolos de la Seguridad Social, que permitirían una mayor movilidad entre los trabajadores que tendrían una mochila de derechos a la hora de desplazarse de un sitio a otro.

También queremos mantener la ayuda en forma de Cooperación que desarrollamos como UE, pese a que varios países como Colombia, Uruguay o Chile están pasando ya, estadísticamente, a ser de renta media. Esto supone que, con los criterios generales de la UE, están fuera de las características de los países que reciben cooperación de la Unión; pero estas estadísticas no tienen en cuenta la desigualdad, que es uno de los problemas característicos de la región, y además creemos que la cooperación es un instrumento político que hay que mantener.

En referencia a esa nueva oleada de tratados comerciales, en parte se suele atribuir a la nueva coyuntura de América Latina, con Gobiernos más proclives al comercio; y, en parte a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ¿Qué papel atribuye a este último factor?

La llegada de Trump, que corresponde en parte a malestares que ha provocado la globalización a los que debemos de ser capaces de responder porque son malestares bien reales, lo que parece que está provocando es que empuja a la UE a desarrollar su agenda comercial a espaldas de la lógica atlántica que es la que ha primado, sobre todo, a lo largo del siglo XX. Hoy, ya tenemos acuerdos comerciales que van más allá de esta lógica sobre todo con Colombia, Perú o Ecuador o las modernizaciones de otros como el de Chile o México. Lógicamente, países como este último, con una gran dependencia de la economía estadounidense, quieren estrechar lazos y reducir esa dependencia entrando en otros mercados como el europeo.

Somos favorables a ello porque, a su vez, Europa requiere de aliados comerciales y políticos. En este sentido, además de los casos ya mencionados (Mercosur, México, Chile…), ahora mismo, tenemos una agenda comercial con terceros países como Japón, Nueva Zelanda o Australia, que nos permitiría imponer nuevas reglas a la globalización. Creo que, efectivamente, todo esto debería servir para imponer nuevas condiciones, bien exigentes, a la globalización. Se ha visto, además, de forma bien clara en los últimos años, que es algo que la población reclama.

Ha mencionado que la globalización está generando malestares que habría que tratar; sin embargo, el cómo afrontar los acuerdos comerciales tiende a generar división entre la izquierda europea ¿Cuál es la posición de su grupo?

Nosotros creemos que el comercio internacional tiene que estar al servicio de la gente. Sabemos que genera beneficios, lo que es técnicamente irrefutable; pero también sabemos que los reparte mal y que, aunque en términos absolutos genere beneficios, también genera perdedores. Por eso lo que pretendemos es que el comercio internacional esté regulado y que lo esté además de forma exigente y sostenible. Los acuerdos comerciales pueden ser una vía para tener este tipo de regulación. Pretendemos que los acuerdos comerciales que impulsan el comercio tengan los suficientes mecanismos de compensación como para repartir esos beneficios y ayudar a los sectores y a las personas que se pueden ver perjudicados.

Sin embargo, aún recientemente, ha habido división incluso entre los diferentes grupos socialistas de la UE respecto al CETA (sin ir más lejos, el PSOE se abstuvo en el Congreso de los Diputados y, sin embargo, la delegación del partido en la Eurocámara votó favorablemente) porque algunos consideraban que no era lo suficientemente garantista. En particular con el tema de los Tribunales…

Lo cierto es que nuestra posición responde a los debates que ha tenido el socialismo europeo. Hay que dar pasos hacia adelante de cara a la creación de un órgano jurisdiccional público, transparente, y con jueces de carrera para poder hacer frente a las controversias en términos de inversión. El CETA (el Acuerdo Económico y de Comercio que la Unión Europea ha cerrado con Canadá, denominado así por las siglas en inglés de "Comprehensive Economic and Trade Agreement" -Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio-) daba algunos pasos hacia la creación de un órgano público, como también hay que reconocer. Esperamos que la experiencia en dicha negociación y en la de los anteriores tratados, permita construir este tipo de mecanismos más allá del arbitraje internacional. Pero también hay que señalar que fueron los arbitrajes internacionales los que permitieron que algunos inversores extranjeros recuperasen inversiones que habían hecho en energías renovables en España cuando, de golpe, el Gobierno de Rajoy eliminó las bonificaciones que había.

Gran parte de este malestar del que hablamos que generan estos procesos tiene que ver también con los efectos de la digitalización o tecnificación. ¿Cuáles son las alternativas?

Sí, un proceso parecido es el que tenemos delante con la digitalización o tecnificación a la que hace referencia, ya que la llegada de nuevas tecnologías genera beneficios en términos agregados, pero es posible que haya gente que pierda su puesto de trabajo. Eso es una realidad que ha pasado en la Historia y si no tenemos los suficientes mecanismos de ayuda y de solidaridad en la sociedad siempre habrá alguien dispuesto a cargarse máquinas a martillazos. Tenemos, por tanto, que ser lo suficientemente hábiles e inteligentes como sociedad para aprovechar los beneficios de estas tendencias, pero a la vez eliminando los daños que provocan. De ahí las iniciativas que estamos impulsando en el Parlamento Europeo.

Volviendo al nuevo marco de relaciones con Latinoamérica, un aspecto mucho más concreto: Respecto a Cuba, ¿qué papel cree que se abre para España una vez superada la denominada "Posición Común" en Europa?

Creo que el acuerdo de diálogo político y cooperación con Cuba es un buen acuerdo que pone fin a la "Posición Común" que impuso Aznar en Europa para congelar y bloquear nuestras relaciones políticas y diplomáticas con la Isla; básicamente porque más allá de la opinión que cada uno pueda tener, la "Posición Común" ha resultado ineficaz para nuestra influencia en la Cuba. Eso es objetivable. Además, el nuevo acuerdo de normalizar nuestras relaciones con la Isla, y tener la capacidad de hablar con sus autoridades, es bueno también para la defensa de los Derechos Humanos.

En Cuba, como en toda Latinoamérica, España tiene mucho que hacer. Pese a que la posición común había sido impuesta por Aznar, el actual Gobierno español ha acompañado la decisión de impulsar este nuevo marco y eso creo que es positivo también porque normalizará nuestras relaciones con un país que sigue siendo un actor con mucha capacidad de influencia regional y tendrá un impacto muy positivo en toda la región.

¿Y en términos de poder aprovechar el potencial económico de la teórica apertura de la Isla?

Creo que van a normalizarse las relaciones. Básicamente, que el gobierno español haya acompañado esto es positivo.

También aquí hay que pensar en Trump ¿Cuál será su influencia?

Creo que el futuro de Cuba lo decidirán los cubanos. Respecto a Trump, lo cierto es que Obama había dado algunos pasos para normalizar las relaciones con la Isla y todo indica, especialmente, tras la rueda de prensa de Trump (en la 'Little Havana' de Miami) en Florida que no va a seguir en esa dirección. Creo que eso nos deja a los europeos un enorme espacio geopolítico ya que el vacío siempre lo tiende a ocupar alguien. Nuestro acuerdo de cooperación y trabajo conjunto puede ir en esa dirección.

Mencionaba antes a Venezuela como factor que condicionaba las relaciones con la región ¿Cómo desbloquear la situación?

Toda la comunidad internacional está muy preocupada. Es necesario un acuerdo de mínimos entre Gobierno y oposición porque sin él parece difícil salir de la situación actual. En España se ha utilizado como arma arrojadiza en política interna; pero a mí lo que me preocupan son los venezolanos porque el país vive una crisis económica, política e institucional gravísima. También de inseguridad terrible, ya que se ha convertido en uno de los países más violentos del mundo, y con problemas de abastecimiento de sus necesidades básicas. Esta situación a quien más preocupa es a los propios estados americanos e incluso países gobernados por la izquierda están siendo muy duros con los pasos hacia adelante que ha tomado el Gobierno de Maduro y, por ejemplo, no han reconocido su Asamblea Constituyente.

¿Cree que ayudan a resolver la situación las sanciones que ha impulsado la Eurocámara?

Son sanciones a personas individuales. La presión política, diplomática, internacional que puede hacer Europa puede empujar a los diferentes actores, especialmente al Gobierno que es quien tiene una posición de fuerza en el país como es normal, a que lleguen a un acuerdo con la oposición. Por eso hay que estudiar todas las medidas que la diplomacia permite y también las restricciones individuales.

Una última pregunta. Casi una curiosidad… Usted se hizo eco en su Twitter de un artículo de Enric Juliana en La Vanguardia en el que hacía referencia a una posible influencia rusa en Cataluña. ¿Cree que esa situación podría darse?

Lo desconozco. Juliana hablaba de la tentación rusa porque es verdad que Rusia en Europa ha venido apoyando todas las opciones que podrían desastabilizar los intentos de una mayor integración europea. Pero también en su artículo decía que, pese a que en el Gobierno catalán eran conscientes de esto, es una vía que no han utilizado. Solo que me ha sorprendido mucho la actitud al respecto en Twitter de Julian Assange.

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