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1 de abril de 2020, 22:24:58
Opinión

Rusia


Putin a lo suyo

Formado en la ortodoxia del viejo Régimen y adiestrado en los cuarteles del KGB, Putin está dispuesto a ponerse por montera las leyes internacionales y recuperar la dominación ajena perdida.

Por Diego Carcedo

Mientras el resto del mundo bandea sus problemas y conflictos, el Gobierno ruso, es decir Putin, va a lo suyo. Cualquier día de estos alguien exhumará el casi ancestral “Rusia es culpable” que al parecer acuñado por Serrano Súñer, si no recuerdo mal, cargó durante muchos años con todos los males que sufría España, a excepción de sus gobernantes y métodos represivos. Eran otros tiempos y desde Moscú, bajo el paraguas de la URSS, la siempre vieja nomenclatura comunista no cesaba en su empeño de expandir su religión liberadora del proletariado por la vía de mantenerlo en la miseria y la exaltación de su sumisión.


Aquello pasó y cuando Rusia, desprovista ya de sus ansias por exportar la revolución a los cinco continentes parecía haberse resignado a convertirse en un país entre tantos, rico pero sometido a una crisis económica que frenaba su prepotencia, surgió en la escena del poder un personaje llamado Vladimir Putin, formado en la ortodoxia del viejo Régimen y adiestrado en los cuarteles del KGB, dispuesto a ponerse por montera las leyes internacionales y recuperar la dominación ajena perdida.

Putin tardó poco en enseñar la oreja pero sus intenciones gozaron de la vista gorda de quienes tendrían que haber hecho algo, cuando menos para denunciarlas. Ante la pasividad e intereses de los demás, empezó por desestabilizar a los vecinos más próximos, como los países bálticos o Georgia, cuyo territorio desguazó fomentando y respaldando con armas la escisión de dos regiones, Osetia del Sur y Abjasia, hoy convertidas en repúblicas fantasmales que prácticamente nadie reconoce como independientes.

Ante el éxito -con Bielorrusia sujeta bajo la férula de Aleksandr Lakashenko, capataz de la escuela staliniana-, escindió a Moldavia repitiendo la operación de Georgia, patrocinando la escisión de Transnistria, convirtiéndola también en república independiente donde el orgullo nacionalista de sus habitantes no consigue mitigarles el encierro territorial ni sus privaciones materiales. Y, tras estos éxitos, enseguida se lanzó a empresas mayores, como la anexión de Crimea y la guerra de Ucrania que ya le ha proporcionado a Moscú otras dos repúblicas satélites, Donetst y Lugansk, para teledirigir a su conveniencia.

Como estos ensayos de agresión a las soberanías vecinales le han salido baratos, ahora está ya empeñado en iniciativas de mayor calado y hay que apresurarse a decir, que de momento también con éxito. La interferencia en la última campaña electoral norteamericana consiguió aupar a la Presidencia a Donald Trump, el personaje más esperpéntico y menos capaz para dirigir a una primera potencia mundial que conocemos. Algunos intermediarios culpables ya están procesados en Washington, pero Putin, seguro que lo contempla sonriente.

Venezuela ha sido su siguiente objetivo, ya la tiene bajo su órbita y así les va a los venezolanos. Maduro, en su ambición por mantenerse en la Presidencia a la que nunca debió haber llegado, ha sido la nueva conquista de Putin. Rusia ha desplazado a Cuba como sostén del caos bolivariano. Mientras en Caracas la oposición democrática revela cada vez más desunión y menos pragmatismo, Nicolás Maduro recupera aliento político vendiendo los intereses nacionales a las ambiciones de la Rusia de Putin cuyos tentáculos se siguen extendiendo por el continente latinoamericano.

Cataluña ha sido la última interferencia conocida en asuntos ajenos. Está bastante demostrado que el soberanismo catalán fue estos últimos meses objeto del deseo de Putin de aprovecharse de las nuevas tecnologías de la comunicación para estimular el secesionismo y de paso incentivar a imitarlo a los múltiples movimientos separatistas que existen dentro de la Unión Europa. Debilitar el proceso de integración, que es la única posibilidad que Occidente tiene de plantarle cara a sus ambiciones y malas artes, algunos expertos empiezan a verlo como su nuevo empeño.

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