El Nowruz, Patrimonio de la Humanidad

La festividad del Nowruz o año nuevo del calendario persa es una de las más antiguas de la Humanidad. Hace muchos siglos, las gentes que habitaban las zonas que hoy son Irán, Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán, Turquía, Pakistán, Irak, Kirguizistán, Kazajstán y el Cáucaso, comenzaron a celebrar esta fiesta, que no solo se ha conservado hasta nuestros días sino que, en épocas diferentes, ha atravesado los horizontes y llegado a los países árabes e, incluso, a la lejana al-Andalus, donde se celebró durante un tiempo. En 2009 la UNESCO proclamó el Nowruz patrimonio inmaterial de la humanidad, y en febrero de 2010 la Asamblea General de la ONU declaró oficialmente el 21 de marzo “día internacional del nowruz y de la cultura de la paz”.

Haft Sin

Una fiesta más antigua que la historia

Se estima que el Nowruz tiene una antigüedad de alrededor de 25 siglos, algo fácilmente deducible por los bajorrelieves de las ruinas de Persépolis, en el sur del Irán, donde se puede observar a los representantes de las naciones bajo la égida de la dinastía Aqueménida (550-330 a.C) desfilando ante el Gran Rey para ofrecerles los presentes propios de estas fiestas. Mas esto es verdad a medias y es tan solo una afirmación acertada si no tenemos presente la mitología. En efecto, la historia del Nowruz es más antigua que esa fecha del siglo VI a.C. que se supone, pues se pierde en la noche de los tiempos ya que de acuerdo con el mito, que no el logos, fue instituida por el rey mitológico Yamshid, el mismo regio personaje cuya próspera y dorada era inspiró a poetas y escritores de la Persia musulmana. Así, el poeta épico Ferdousí (siglos X-XI), explica en su inmortal obra del Shahname (El Libro de los reyes) la forma en que Yamshid, nombró el 1 de farvardin como el primer día del año, que coincide con el equinoccio de primavera, todo un símbolo de la renovación de la vida. Otros autores musulmanes, tanto árabes como persas, nos prodigan otros detalles o versiones de cómo Yamshid instituyó esa festividad, y así, por ejemplo, nos cuentan cómo este rey mítico se hizo de un trono volador, ayudado por los genios, y que al verlo las gentes surcando los cielos, la población clamó que aquello era un “nuevo día”, que es lo que nowruz significa literalmente en persa. Tenga o no un trasfondo de verdad la existencia de este rey al que atribuyen el inicio del nowruz, lo cierto es que la mención de ello en esa memoria colectiva de una nación, es, al menos, una señal de la antigüedad de esta festividad.

Volviendo a la Historia, tanto en la época parta (-250 a.C 224 d.C) como en la época sasánida, que se prolongó hasta la llegada del islam a Persia, el nowruz no solo se siguió celebrando sino que cada vez adquiría más pompa, pues algunas veces las celebraciones se prolongaban hasta treinta días. Vemos pues una festividad que se celebraba en la Persia Aqueménida y durante el milenio aproximado que separa esta sección de su historia con su islamización a partir del s. VII.

Con la islamización de Persia se continuó celebrando el nowruz, cuyo primer día ajustaron los matemáticos al calendario de tal manera que siempre coincidiera con el primer día de primavera y no se produjera el desajuste que se produjo en la era sasánida, debido al fenómeno de la precesión de los equinoccios. Así, desde el año 1074, el nowruz no solo ha quedado por siempre fijado sino que además se creó una hégira solar musulmana para Irán versus la hégira lunar del mundo árabe, otorgándosele pues, al calendario iraní y a su nowruz carta de acreditación definitiva para ser usado por los iranios musulmanes y que se dejase de ver, como veían algunos, como una festividad pagana.

En las vísperas del Nowruz

La llegada del Nowruz está precedida por una serie de eventos que varían según la zona y el país, pero que en Irán son a grandes rasgos los siguientes. El último miércoles del año se celebra el chahar shanbeh suri (fiesta del miércoles) que está relacionada con la simbología divina del fuego por parte del zoroastrismo. Ese día, al atardecer, se encienden hogueras por doquier—al modo de nuestra “noche de san Juan”— que representan el rojo de la vida, pues, de hecho, la gente salta sobre la misma mientras profieren esta fórmula mágica: “para mí tu rojo, para ti mi amarillo”, expresando así su deseo de que lo pálido o amarillo sea devorado por el fuego de la vida o lo rojo, si bien el saltar sobre el fuego lo interpretan de múltiples maneras. Aunque este rito es más antiguo que el islam, parece ser que la costumbre de celebrarlo un miércoles es por influencia de los árabes ya que éstos eran de la creencia de que el miércoles era un día aciago, así que los persas trasladaron esa costumbre a dicho día de la semana con el fin de quemar el mal augurio.

También la llegada del Nowruz ha sido anunciada a lo largo de su historia por distintos personajes ficticios, todos ellos carnavalescos, la mayoría de los cuales han ido desapareciendo para dar paso hoy día al archiconocido Hayi Firuz, que se pasea días antes por todas las localidades de Irán antes de la llegada de la primavera con un traje de color rojo vivo que recorre las calles de las ciudades iraníes tocando un tamborilete y canturreando la inminencia de la llegada del nowruz, mientras la gente le arrojan monedas desde los balcones y ventanas.

Otra de las costumbres extendidas por todos los lugares donde se celebra el nowruz es la plantación de semillas (trigo o lentejas) en una bandeja o recipiente similar, a fin de que el día de la llegada de la primavera hayan ya germinado para colocarla de adorno en una mesa dispuesta al efecto, junto con otros símbolos. Este rito, que la tradición asegura inició Yamshid, se utilizó más tarde, en la época sasánida, como sistema para predecir las producción agrícola del año. Una vez han brotado las semillas, la bandeja de hierba pasa a adornar la mesa de las siete eses, que consiste en una mesa o mantel en el suelo sobre el que se han colocado siete objetos cuyo nombre comienza con la letra ese, cada uno de los cuales simboliza algo distinto, a saber, una moneda (sekkeh), vinagre (serkeh), zumaque (somaq), manzana (sib), samanu (una especie de pasta de mermelada hecha de trigo), ajos (sir), y la hierba crecida en una bandeja de la que hablamos antes (sabzeh), aunque algunos de estos componentes puede variar dependiendo de la región. Hay también quienes colocan sobre la misma mesa un Corán (musulmanes), un Avesta (zoroastras), un espejo, una pecera con peces rojos, una amapola, un vaso lleno de agua con algunos pétalos de azahar u hojas de otros vegetales, huevos pintados, pan, y otros objetos, que pueden variar dependiendo del lugar. Todos y cada uno de los objetos tiene un significado. Así, el ajo ahuyenta los malos espíritus, la pecera se dice que es para que dé buena suerte, y los demás objetos simbolizan otras cosas, como el espejo, que simboliza la luz divina o la pureza, los huevos pintados, la fecundidad, la hierba, el desarrollo de la vida, el pan, la bendición, etc.

Otras costumbres son el janeh tekaní o “la casa patas arriba”, que, como su nombre indica, se trata de desbaratar la casa, tirar los trastos viejos, comprar nuevos, limpiarlo todo, sacudir las alfombras y sacarles lustre a los objetos metálicos, en definitiva, dejar todo limpio como una patena. Asimismo está el qashoq zani (aporreamiento de cucharas) que consiste en que muchachos y muchachas se pongan todos un chador y vayan a las casas ajenas donde, tras llamar al timbre, empiezan a golpear una cuchara con una cazuela de forma frenética hasta que el dueño de la vivienda les ofrece ayil, frutos secos mezclados con frutos dulces, como pasas, etc.

Miniatura de la celebración de Nowruz

La llegada del Nowruz

La llegada del nowruz es recibida con una serie de ceremoniales. Para esperar la transición del año, los miembros de la familia se reúnen alrededor del mantel de las siete eses a la espera de la hora exacta de la llegada del sol a la constelación de Aries, hora que varía cada año. Llegar a punto antes de la llegada de esa hora es vital, por lo que los miembros de la familia se apresuran para estar con sus allegados en ese instante mágico que la tradición marca como de buen augurio por ser el momento en el que las gentes formulan sus mejores deseos, mientras se lee una aleya del Corán o simplemente se reza una plegaria en la que se ruega a Dios por la prosperidad y la felicidad del nuevo año. La importancia de estar todos juntos en ese instante es la misma que los occidentales le dan a estar en familia en nochebuena. Tras la llegada del año, los menores le besan la mano a los mayores, se felicitan unos a otros, y los niños reciben de los mayores su “aguinaldo” (eidí), casi siempre, dinero.

En el Irán moderno, llegado el nowruz son trece los días los que son festivos, o mejor dicho, semifestivos, al modo de nuestra navidad. Durante los mismos, amigos y familiares se visitan, se viaja si se puede, la gente sale a pasear, etc., o sea, el pueblo se da un respiro del ajetreo de todo el año. Pero es el decimotercer día, el sizdah bedar, (trece fuera), la jornada que marca el fin de las fiestas y en la que todo el mundo sale fuera de su casa para comer en el campo, pues permanecer en el domicilio se considera de mal augurio debido al número 13 y nadie está dispuesto a “correr el riesgo”. Incluso aquellos ancianos y los impedidos cuya salud les impide salir muy lejos, van por lo menos al parque urbano o se sientan a almorzar junto al primer árbol que encuentran.

Sizda bedar

En fin, lo normal en este día es dedicarlo al picnic, y si es un bosque o junto a un río, tanto mejor, donde después de comer los niños jugarán a sus juegos y los mayores a los suyos, como el chaquete o el ajedrez, mientras dan sorbos de té. Es en este día cuando se esparce el sabzeh que trece días antes había estado adornando el mantel de las siete eses. Una vez terminada las fiestas, se saca la hierba de casa y se esparce lejos.

Consejería Cultural de la Embajada de Irán en Madrid