El BCE cuestiona el papel del SMI en el aumento de los salarios

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Por primera vez desde el estallido de la crisis financiera, todos los países de la eurozona que tienen establecido un salario mínimo, decidieron subirlo en este 2019, en un movimiento que fue liderado por el Gobierno español. Sin embargo, en la última edición de su Boletín Económico, el Banco Central Europeo (BCE) pone en tela de juicio que este tipo de medidas puedan tener un efecto de arrastre en el resto de salarios.

La última subida del salario mínimo interprofesional (SMI) llevada por el Gobierno de Pedro Sánchez le valió al Ejecutivo un duro enfrentamiento con el Banco de España, que llegó a calcular una destrucción de 125.000 puestos de trabajo. Ahora, el BCE abre otro frente al poner en cuestión también el papel de estas medidas en lograr un aumento del resto de los salarios.

“En los meses transcurridos de 2019, el crecimiento de los salarios mínimos ha sido considerablemente más vigoroso que el de los sueldos y salarios por trabajador en conjunto”, detalla el BCE en su último Boletín Económico, que avisa de que “el impacto directo automático de los cambios en el nivel de los salarios mínimos sobre el crecimiento salarial de la zona del euro suele ser reducido”.

Para calcular esos efectos directos es necesario disponer de información sobre el número de perceptores, reconocen los autores, que, teniendo en cuenta la “considerable incertidumbre”, destaca que los datos correspondientes a la zona del euro muestran que “la contribución directa automática de los salarios mínimos al crecimiento de los sueldos y salarios por trabajador ha aumentado en 2019, pero ha sido bastante limitada -en torno a 0,1 puntos porcentuales-“.

“En algunos países es probable que los cambios en los salarios mínimos hayan tenido un impacto directo automático más acusado en el crecimiento de los sueldos y salarios por trabajador”, reconoce el BCE. Aun así, las estimaciones “sugieren que el crecimiento de los salarios mínimos ha contribuido como mucho en 0,5 puntos porcentuales al avance de los salarios agregados en cada país”. “Esas estimaciones solo abarcan los efectos directos de las variaciones de los salarios mínimos en el crecimiento salarial desde un punto de vista contable. Por consiguiente, no tienen en cuenta los efectos indirectos que ejercen los salarios mínimos en la escala salarial46, ni los asociados a las posibles repercusiones sobre el empleo derivadas de cambios en los salarios mínimos o la interacción dinámica entre la fijación de los salarios y los ajustes de los salarios mínimos”.

En conjunto, “los salarios han registrado un crecimiento bastante vigoroso recientemente, en especial si se tiene en cuenta la evolución de las cotizaciones sociales”. En general, “este recuadro respalda la opinión de que la fortaleza del crecimiento de los salarios es principalmente el resultado de la capacidad de resistencia de los mercados de trabajo, en especial si se considera la evolución reciente de las cotizaciones sociales y de los salarios mínimos”.

El salario mínimo existe en 15 de los 19 países de la zona del euro (solo no lo tienen Italia, Chipre, Austria y Finlandia). En julio de 2019, el salario mínimo de la zona fluctuaba entre 430 euros (Letonia) y 2.071 euros (Luxemburgo) al mes. Un índice de la zona del euro que se elabora a partir de los datos nacionales disponibles muestra que, tras aumentar solo el 1% en 2018, los salarios mínimos registraron un incremento interanual del 4,6% en la primera mitad de 2019. De hecho, por primera vez desde 2008, todos los países de la zona del euro que tienen un salario mínimo lo subieron en 2019, y los incrementos registrados el año anterior se situaron entre el 1,5% (Francia) y el 17,9% (España).

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