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Los bancos regionales participados por las cajas de ahorros se han convertido en los ‘flecos sueltos’ de la recapitalización del sector. La transformación del sector financiero acaecida en los últimos tres años ha pasado de largo para entidades como Banco de Valencia, participada en un 39% por Bankia, o Banco Gallego, controlada por Novagalicia Banco en un 49%, lo que añade incertidumbre sobre su futuro a medio plazo.

Las acciones de Banco de Valencia caían hoy a pocos minutos del cierre un 6,50%, con lo que cada título de la entidad regional valenciana cuesta ya menos de un euro, apenas 93 céntimos. José Luis Olivas presentó este viernes su dimisión como presidente del banco “por razones de posible concurrencia de un conflicto de competencias” con su cargo de vicepresidente en Bankia, según informó la entidad en un comunicado remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Aurelio Izquierdo, consejero delegado desde el pasado 7 de octubre, ocupará su puesto compatibilizando ambos cargos.

La dimisión voluntaria de Olivas obedece a que “tanto las normas de gobierno corporativo, como las internas de Bankia y de Banco de Valencia aconsejan la máxima independencia entre dos entidades que compiten en el mercado financiero español”. La dimisión de Olivas se produce en un momento delicado para el banco regional, y entre los continuos rumores sobre su venta.

Banco de Valencia cerró el primer semestre con un core capital del 7,36%, por debajo del 8% mínimo que exige el Banco de España, lo que se traduce en un déficit de unos 100 millones de euros. José Luis Olivas, había adelantado el año pasado que el capital necesario se alcanzaría o bien por “beneficios recurrentes” o por “una eventual ampliación de capital”.

Teniendo en cuenta que la entidad ganó hasta junio apenas 16,7 millones de euros, la ampliación de capital parece ahora la opción más plausible, lo que obligaría a Bankia a un desembolso de 40 millones de euros para mantener su participación. Desde que nació Bankia de la fusión entre Caja Madrid, Bancaja y otras cinco entidades de menor tamaño, el mercado ha bullido de rumores sobre una posible venta, aunque la situación actual de los mercados hace muy complicado encontrar un comprador.

Algo más holgada es la situación de Banco Gallego, si bien la nacionalización por parte del Banco de España de Novacaixagalica (hoy Novagalicia Banco), su principal accionista, añade incertidumbre sobre su destino. De hecho, ya antes de la fusión de las cajas gallegas, Caixanova intentó vender su participación en la entidad por unos 300 millones de euros, aunque las gestiones no dieron los frutos deseados.

El Banco Gallego, participado en un 49% por Novagalicia Banco, ha vuelto a unir además los destinos de Amancio Ortega y José María Castellano, seis años después del enfrentamiento que ambos empresarios gallegos mantuvieron con motivo de la fallida compra de Unión Fenosa.

Castellano, que durante casi veinte años fue la mano derecha de Amancio Ortega en Inditex, abandonó el gigante textil tras el fracaso de esta operación, y hoy en día es presidente del banco de la caja gallega. A través de esta entidad, controla un 49% de Banco Gallego, en la que Inditex, cuyo máximo accionista sigue siendo Ortega (60% del capital), posee un 3,08%.

En el capital están también el empresario Javier Ungría, con el 10,5%, José Manuel Urgoiti, hombre de la familia Entrecanales, con el 7,27%; el banco francés BNP Paribas, con el 3,91%; y Ramón Bahamonde, con el 3,79%.