Los empleados de la banca, ‘víctimas’ del fuego cruzado entre clientes y banqueros

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La mala imagen de los bancos, y sobre todo las cajas, a raíz de la crisis financiera la ‘están pagando’, casi en exclusiva, los empleados de las entidades que trabajan de cara al público, cuyo malestar es creciente. Mientras deben recibir a diario las críticas de los clientes, sobre sus cabezas pende la amenaza del despido si no cumplen con los objetivos marcados.

La consigna que los directores de sucursales reciben desde arriba, según comentan algunos trabajadores del sector que mantienen su anonimato, es “vender y vender”, con unos objetivos mínimos por día muy difíciles de cumplir en un mercado tan deprimido como el actual, en el que los clientes que acuden a las ventanillas están, en muchas ocasiones, más interesados en retirar su dinero que en adquirir nuevos productos bancarios.

El escándalo de las participaciones preferentes está en el fondo del problema, después de que trascendieran en entidades como Novagalicia algunas ventas a particulares que no estaban cualificados para comprar estos productos híbridos, muy complejos, entre ellos algunos contratos firmados con la huella dactilar.

Sobre la cabeza de los trabajadores del sector, especialmente de las cajas, pende además la amenaza del despido. Una de las condiciones de Bruselas para la concesión del rescate de hasta 100.000 millones de euros para la banca española pasa por la reestructuración de las entidades que soliciten estas ayudas, es decir, nuevos cierres de sucursales y más despidos.

Cifra arriba o abajo, el mercado calcula que el sector podría reducir las plantillas en al menos otras 20.000 personas, con el cierre de unas 7.000 sucursales, una vez se complete la segunda ronda de fusiones. Desde el inicio de la reestructuración financiera, el número de empleados se ha recortado en más de 14.500, desde la cifra récord de 278.301 trabajadores alcanzada en 2008.