Los analistas esperan que el BCE inyecte liquidez en agosto

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El Banco Central Europeo (BCE) no tendrá más remedio que volver a inyectar liquidez en el sistema financiero de la Eurozona y, probablemente, antes de que termine agosto. Esta es, al menos, la opinión que tienen al respecto la mayor parte de los analistas consultados por las agencias especializadas que no se creen los mensajes en sentido contrario que se emiten desde Francfort.

El pasado jueves, tras la reunión del Comité Monetario de la institución, el presidente Mario Draghi aseguró que el consejo no había debatido la posibilidad de adoptar nuevas medidas extraordinarias, distintas de la rebaja de 25 puntos básicos aplicada al tipo de interés de referencia, que quedó en un histórico 0,75% y la de eliminar a la retribución a los depósitos que las entidades financieras hacen en la autoridad monetaria.

Según las previsiones de Mario Draghi estas dos decisiones tendrán un impacto rápido tanto en los mercados como en la economía real porque reducirán los costes de financiación de los bancos en 1,1 billones de euros, una cifra similar al PIB español de un año, y servirán para liberar fondos que puedan destinarse a la concesión de créditos para las empresas.

Sin embargo, los analistas creen que la falta de demanda solvente de crédito continuará vigente e impedirá que el movimiento de recorte de los tipos de interés tenga un impacto real. En ese contexto la falta de aliento de la recuperación económica contribuirá a que las crisis de la deuda soberana y de los bancos europeos que afecta de lleno a la viabilidad futura del euro se vea acentuada con la aparición de nuevas turbulencias.
Ante esta situación, según la mayoría de los expertos, el BCE tendrá que volver a recortar los tipos de interés hasta dejarlos en el 0,5% e incluso establecer una comisión a su favor del 0,25% para los depósitos bancarios. Medidas que, probablemente, no se apliquen hasta septiembre.

Mientras tanto y, antes de que acabe agosto, el instituto emisor no tendrá más remedio que convocar una nueva subasta de liquidez a tres años, con tipos medios inferiores al 1% y que volver a suavizar las reglas vigentes sobre los títulos que acepta como aval para la concesión de créditos, porque en caso contrario habría muchas posibilidades de que se produjera un colapso en el sistema financiero europeo.

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