El culebrón de Unicaja y Caja España Duero tiene en vilo a 1.800 trabajadores

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El culebrón en el que se ha convertido el proceso de fusión entre Unicaja y Caja España-Duero mantiene en vilo a los empleados de ambas entidades. La integración, si finalmente llega a buen puerto, prevé el recorte de 1.800 trabajadores, aproximadamente un 20% de las plantillas.

Esa es la cifra de recortes que hicieron saber las direcciones de las entidades a los sindicatos el pasado mes de diciembre, si bien se espaciarían durante los tres primeros meses de andadura conjunta del nuevo banco, y más de la mitad de ellos se realizaría por la vía de las prejubilaciones, y el resto con otras medidas no traumáticas como las bajas incentivadas. A día de hoy, hay más de 900 trabajadores por encima de los 56 años (200 en Caja España-Duero y 700 en Unicaja), que ya se podrían acoger a estas jubilaciones anticipadas.

En el caso de Caja España-Duero, sería el segundo ajuste significativo tras el llevado a cabo para la fusión de las cajas castellanas. En el primer pacto que dio lugar a la entidad actual, 830 trabajadores salieron de la caja mediante prejubilaciones voluntarias con una indemnización del 90% del salario neto y un convenio especial con la Seguridad Social hasta los 64 años.

Sin embargo, todos los cálculos y negociaciones con los sindicatos quedarán en nada si el proyecto finalmente fracasa. Cada vez parece más probable que se necesiten ayudas públicas del FROB para que la fusión llegue a buen puerto, después de que el Banco de España haya descartado otorgarle a Unicaja el esquema de protección de activos de 1.200 millones de euros que había solicitado. Hoy mismo, El País publica que el Banco de España podría conceder a Unicaja un ‘banco malo’ de 1.000 millones para la fusión.

Al mismo tiempo, Caja España-Duero intenta evitar a toda costa ser intervenida, e incluso está dispuesta a acometer una operación que roza la ingeniería financiera para rebajar en 500 millones las exigencias de capital principal de la nueva legislación y convencer así a Unicaja de seguir adelante.

Ese objetivo podría lograrse a través de dos medios. El más conservador sería anticipar los vencimientos de la financiación mayorista. Otra alternativa, sería convertir los 525 millones de euros recibidos del FROB 1 (concedidos en su día para financiar la fusión de Caja España y Caja Duero) en bonos contingentes convertibles (CoCos), admitidos como capital de máxima calidad.

Los ‘CoCos’ son instrumentos de deuda que pasan a convertirse en acciones bajo determinados supuestos o contingencias. Por regla general, suele utilizarse como baremo que el banco mantenga un determinado ratio de capital, que en caso de perderse obligue a la conversión. Es decir, si una entidad emite un ‘CoCo’ ligado a mantener un core capital del 8%, en el caso de que el ratio se sitúe por debajo, los bonos son convertidos obligatoriamente en acciones.

La nueva reforma financiera aprobada por el Gobierno incluye la posibilidad de que el Estado compre estos títulos, por lo que De Guindos podría dar el visto bueno si finalmente el proceso de fusión sigue adelante.

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