Un ex director general del Banco de España advierte del agujero que la Sareb provocará a las arcas públicas

Banco de España - Foto: Raúl Fernández
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Aristóbulo de Juan, reconocido asesor financiero de instituciones internacionales tras su paso por el regulador español, fija ya la factura del rescate en 103.000 millones. El sector financiero español sigue plagado de sombras a pesar de un rescate que el Gobierno -ahora en funciones- y Bruselas se han encargado de promocionar como “modélico”. Es la percepción de todo un ex director general del Banco de España, que advierte de cuestiones como el agujero que el ‘banco malo’ ocasionará con toda probabilidad a las arcas públicas.

Aristóbulo de Juan considera que el establecimiento de la Sareb como ayuda complementaria al saneamiento del sector financiero estará muy lejos de resolverse según el guion marcado oficialmente. El exdirectivo del Banco de España ha cargado contra la decisión que en su día tomó el Gobierno de establecer esta sociedad público-privada “con poco capital”. Lejos de evitar engordar la factura del rescate a la banca, la posterior necesidad de emitir bonos con la garantía del Estado ha elevado el coste de la operación hasta sumar más de 50.000 millones de euros adicionales.

Habrá pérdidas”, ha sentenciado el experto financiero al señalar al conocido como ‘banco malo’ en el grupo de los “falsos amigos del sistema financiero”. En el marco de una jornada financiera organizada por Renta 4 en Madrid, De Juan ha llegado a poner en tela de juicio que pueda recuperarse el importe que figura en los libros de la institución por todos los activos tóxicos recibidos de los bancos españoles. “Veremos si son recuperables” ha dicho en alusión a las provisiones que el sector asumió para encajar en balance los títulos de deuda recibidos a cambio de sus activos en ladrillo.

A consecuencia de este y otros factores que “ponen en duda que el sector financiero esté realmente saneado”, calcula que el rescate a la banca alcanza ya los 103.000 millones de euros. El reconocido experto contabiliza en esta cifra los 41.000 millones en los polémicos activos fiscales diferidos (DTA, por sus siglas en inglés) y los 15.000 millones aportados por el Estado en varios procesos de fusión como garantías contra pérdidas no afloradas en las entidades absorbidas. Asimismo, calcula que cerca de 53.000 millones de euros de esta partida no disponen de liquidez alguna en la actualidad y su recuperación podría ser mucho más costosa de lo que a priori parece reconocerse.

En opinión del experto, “habría sido mejor aceptar íntegros los 100.000 euros del rescate” ofrecidos por Bruselas que aceptar únicamente 43.000 millones y tener que inventar nuevas fórmulas con un resultado más ineficaz. Además, De Juan pone en entredicho incluso el mismo “ofrecimiento”, pues considera que si fue esa la cifra que se puso sobre la mesa es porque previamente se había negociado y estimado oportuna junto con el Gobierno español.

Por si fuera poco, el ex alto cargo del Banco de España considera que algunos errores del pasado persisten. Más allá de sus críticas a que, a diferencia del modelo estadounidense, los test de estrés europeos se realizan con las cifras aportadas por las entidades y no escudriñando directamente sus balances; considera que aún hoy se repiten “errores en la clasificación de activos”. Mientras que las provisiones por inversiones de dudosa calidad como algunas grandes infraestructuras se quedan en un porcentaje bajo del capital comprometido, afirma que “los peores créditos nunca figuran como morosos, sino como subestándar en el mejor de los casos”.

Las medidas de Bruselas no funcionan

El ex director general del regulador español apunta además que las medidas emprendidas por Europa no tienen el efecto ni el calado esperado. En el primer caso, señala que el QE del Banco Central Europeo (BCE) de Mario Draghi sigue sin facilitar el crédito y sin provocar el incremento de la inflación. En su opinión, “ya se ha agotado la herramienta a utilizar si llega la recesión” y no ha dado el resultado para el que se diseñó. Por lo segundo, en el proceso comunitario de integración supervisora ya “ha descartado” la convergencia en 50 áreas de regulación de las 150 en las que existe divergencia a día de hoy.

Por otra parte, la pretendida “panacea” de las fusiones y la digitalización no son en su opinión más que “dos bombas atómicas” si no se llevan a cabo con la debida diligencia. Si se produce la integración de dos entidades donde no queda claro quién lleva la voz cantante y solo se busca la creación de sinergias, el proyecto deja de tener sentido para De Juan. Más aún con el establecimiento del principio de demasiado grande para caer, que en su opinión parece asegurar la pervivencia de ciertas entidades incurra en las prácticas que incurra.

En su conferencia, titulada “Amigos y falsos amigos en el sistema financiero” ha cargado también contra la patronal de la banca española. A su juicio, la AEB “se queja amargamente de que los requisitos de capital están asfixiando a la industria”, cuando en realidad los considera más llevaderos ahora que hace unos años. Así, explica que las normas de Basilea I fijaban una solvencia del 8% sobre el total de activos y la nueva regulación tan solo habla de ratios sobre activos contabilizados como problemáticos. Una situación que, según denuncia, si se restan de la fórmula los DTA, algunas entidades se quedan en el 4% exigido por la antigua norma internacional.

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