Algunas preferentes de las cajas ‘viajaron’ a las Islas Caimán

Las preferentes de las antiguas cajas de ahorros levantan cada vez más nerviosismo entre las familias que optaron por estos productos para depositar sus ahorros. Sin liquidez ni capacidad de recuperar la inversión, muchos clientes se encuentran con sorpresas como que las emisiones se realizaron en países con una reputación tan dudosa como las Islas Caimán. Un ejemplo es Unnim.

En concreto, Caixa Terrasa, una de las entidades fundadoras del banco hoy nacionalizado por el Banco de España, se fue a las Islas Caimán para realizar su primera emisión de participaciones preferentes. La rentabilidad de los títulos es del Euríbor a tres meses + 0,25%. En un momento en que el índice se encontraba al 4,5%, el rendimiento era atractivo, ahora se traduce en apenas un rendimiento del 1,3%, ya que el Euríbor a tres meses se encuentra en el 1,045%.

Caixa Terrassa, Societat de Participacions Preferents, SAU fue constituida el 20 de noviembre de 2000 con domicilio social en las Islas Caimán, con el objetivo de de servir de vehículo de financiación para la caja mediante la emisión en los mercados de capitales de participaciones preferentes y valores similares. Hasta el 30 de diciembre de 2004 no se modificó el domicilio social, adquiriendo la nacionalidad española.

Unnim, que recientemente anunció unas pérdidas de 107 millones hasta septiembre, tiene en circulación 247 millones emitidos por las cajas fundadoras de la ahora nacionalizada entidad. 50 millones corresponden a Caixa Terrassa, 32 a Caixa Manlleu, y 165 a Caixa Sabadell.

Pero Unnim no es la única que viajó a las Islas Caimán para emitir preferentes. En 2002, Sa Nostra y Caixa Penedés, hoy dentro de BMN, siguieron su ejemplo, aunque en su caso no se esperan problemas en los cobros.

Las participaciones preferentes conceden a sus titulares el derecho a percibir un dividendo variable preferente y no acumulativo, pagadero por trimestres vencidos, siempre que existan beneficios distribuibles. Estos títulos tienen carácter perpetuo, es decir, no tienen vencimiento, lo que deja aún más en el aire a los inversores en el caso de una intervención como la de la CAM o el Banco de Valencia.