De un provinciano frente al Capitolio a una aguja sobre el brazo

Vacunación en Cuba

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Suelen ir acompañadas las modas y costumbres irremediablemente con el tiempo. Y en muy raras y excepcionales circunstancias, fuera de él.

Si antes de la revolución de 1959 y algunos años después, campesino o gente de provincia que visitara por primera vez la capital cubana no se hacía la foto con el Capitolio nacional a sus espaldas, luego no había prueba justificante de su presencia en La Habana.

Casi que era de obligatorio cumplimiento posar frente a esos émulos del señor Louis Daguerre que, cajón en hombros y las químicas colocadas en botellas en el trípode del artefacto, en cuestión de minutos, metiendo su mano derecha sobre un largo embudo en una suerte de mini cuarto oscuro, extraía una pequeña foto que con la brisa del lugar o el calor de la temporada se secaba para dejar inmortalizada en blanco y negro la presencia del visitante.

Cuentan los más viejos -y eso sí no pude presenciarlo- que algunos después de la instantánea, se daban un saltito hacia el cercano teatro Shanghai, en el barrio chino, para completar la jornada con par de filmes pornográficos y un muy picante show en vivo donde casi siempre participaban el moreno, el chino y el gallego con la exuberante sobrina venida de España.

De entonces a la fecha, muy pocos se retratan ya frente al majestuoso edificio, restaurado y hasta con una cúpula revestida en oro regalada por los rusos. Si acaso, una quinceañera en las cercanías del Castillo de los Tres Reyes Magos de El Morro. No más.

La foto de moda ahora es en el brazo, la inyección del candidato vacunal Abdala, con 92,28% de efectividad y cuidado con Soberana 02,que puede pasar del 95%, ambas de fabricación nacional, y la figura de una enfermera que recibe muestras de cariño o agradecimiento como se aprecia en las redes sociales.

El momento de inmunización poco menos que masivo, cotidiano en estos días, y evaluado, sin embargo, como de muy severo, grave y complejo por la epidemia, pronto será histórico y nadie quiere dejarlo pasar por alto. Un acontecimiento memorable, de gloria salvadora para toda una nación. Y sin distingo alguno de cultura, rango social o nivel educacional, alguien le hace el favor de la foto o el mismo autor se la proporciona con el celular.

Y Vicente va donde mismo va la gente. A fotografiarse se ha dicho, que las oportunidades serán sólo tres.