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Cuentas claras y el chocolate… cuando aparezca

Chocolate
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Los precios en Cuba se disparan día tras día al tiempo que pensiones o jubilaciones permanecen inamovibles salvo en determinados sectores que subirán según los presupuestos para el año entrante.

De momento, la estrategia que aumente la producción, que la oferta logre tranquilizar a la creciente demanda, no se hace visible en ningún mercado sea estatal, cooperativo o privado. Todo lo contrario, a puro galope la libra (medio kilo) de embutido que ayer estaba a 150, hoy a 180, mañana facturará 220 pesos cubanos y para fin de año ni Nostradamus lo pudiera advertir.

Tal situación, que un meticuloso economista sin poderes hipnóticos colectivos pudiera explicar con números, pareceres y algo de historia pasada o futurista, está fortaleciendo al mercado negro. Cosa peligrosa. La bolsa de 600 gramos de leche en polvo, imprescindible tanto para niños, enfermos y ancianos se puede adquirir por 500 pesos, casi la tercera parte en la primera escala de pensiones que es de 1,528.00 pesos.

Un recorrido exploratorio por varios restaurantes privados en la barriada de Miramar, en la capital, ha demostrado que, a pesar de los pesares, hay gente con dinero suficiente para asumir una factura que hasta cuadruplica la pensión mínima o lo que es igual a poco más de 17 euros según tasa del mercado informal.

Con fiestas navideñas y un nuevo año por llegar, el panorama no puede ser más desalentador para la gran mayoría de los cubanos. El cerdo, componente emblemático en los festejos está prácticamente inalcanzable, por las nubes, camino de la luna.

Entretanto, ya se va notando la afluencia de turistas en el sector privado y estatal que, aunque débil, va abriendo un resquicio en una economía en extremo deprimida. Como algo curioso, después de casi dos años de encierro, alguna que otra vez se ve en un descapotable auto clásico de los 50s a una pareja de turistas disfrutar el paseo por los ocho kilómetros del malecón habanero.

Como nunca antes se está deseando la salida de este año pandémico, decorado con tantos problemas y dificultades como bolas multicolores de un arbolito. Quien, pública o privadamente, diga que estamos felices y contentos, ya puede mirarse frente a un espejo y apreciar cómo le crece la nariz.