Cuba, un gran campo de golf

Pelota de golf
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Y confirmado. El primer hoyo estará en el Cabo de San Antonio, el extremo más occidental de la isla porque el acuerdo se acaba de firmar, y el segundo probablemente y sin confirmar, en Punta de Maisí, a casi 1 400 kilómetros de distancia donde habrá que tener mucho tacto no sea cosa que un fuerte golpe nos lleve la blanca esférica a tierras haitianas a sólo 77 km de nuestras costas.

Españoles (ya sé que a los catalanes les disgusta esto), alemanes y chinos, que desean estar en todo y que si trata de abrir huecos les da lo mismo uno para el golf que ese de 6 km en busca de petróleo por Varadero), ya tienen sus respectivas rúbricas para arremeter con esta modalidad deportiva de alto lujo y copete que factura cuatro veces más pasta que la de un turismo convencional según los entendidos.

De tal modo, que folios de por medio, han suscrito puestas en marcha complejos de elevado rigor y marinas de excelencia con CUBAGOLF S.A., los españoles de La Playa Golf & Resorts International Panamá S.A., los alemanes de CON-IMPEX Touristik y los chinos de Yantai Golden Mountain.

Las declaraciones no han sido nada modestas. Jaume Roma, presidente de La Playa…, lo ha dicho con todas las letras: “Punta Colorada debe convertirse en uno de los mejores puntos del mundo en el sector turístico.”

Todo, pensando en los gringos, abanderados mundiales en esta especialidad. O casi todo para no pecar de exagerado porque la apuesta a por ellos sigue en pie desde las grandes instituciones del sector hasta el más modesto empresario privado que acaba de idear en su restaurante un cóctel denominado Trump-Off, compuesto con bebidas típicas de Siria, Corea, China, el whisky de Tennessee, entre otros.

La isla, desde el aire, simulará uno de esos quesos suizos agujereados por los cuatro costados. Y miren ustedes que ya hay suficientes trincheras y túneles a la espera de una invasión -que nunca llega- de estos que ahora vendrán con sus palos de golf en ristre y no con un fusil de asalto.