‘Black Messiah’, un disco de D’Angelo and The Vanguard

'Black Messiah', un disco de D'Angelo and The Vanguard
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El artista de Virginia rompe su silencio de catorce años con un disco que busca definir una nueva época. Hace 14 años, D’Angelo alcanzó un estrellato que, probablemente no deseaba. ‘Voodoo’, su disco del año 2000, recibió el aplauso casi unánime de una crítica subyugada por el posible nacimiento del Prince del siglo XXI y se convirtió también en un éxito comercial de altos vuelos. La imagen sexy que ofrecían los videos promocionales del disco hizo el resto.

Sin embargo, aparentemente, no era este tipo de trascendencia el que buscaba. El fenómeno mediático ocultó casi por completo la propuesta sonora. A pesar de que el disco, reeditado ahora, superaba el notable. Lo malo es que no era música, precisamente, lo que buscaban por aquel entonces los seguidores del artista.

Así que en este renacimiento discográfico, este ’Black Messiah’ del que nos ocupamos hoy, D’Angelo ha querido huir de toda aquella provocación, más o menos barata, con que los especialistas en marketing aderezaron su lanzamiento. Ya no hay videos sugerentes en YouTube.

Al fin y al cabo, el panorama está saturado de supuestos artistas ‘sexys’. Desde el nuevo Justin Beaber a la vieja Milley Cyrus. O a Madonna, esa dama recauchutada a golpe de bisturí que, de tanto intentar eludir en su imagen el paso de los años, está a punto de convertirse en una parodia de sí misma.

No. Todo lo que encontrará cualquier aficionado que quiera localizar en Internet material audiovisual reciente de este artista es sencillamente música. Videos estáticos de todas las canciones del disco, únicamente ilustrados con la caratula. También un par de conciertos en directo completos, muy interesantes por cierto y hasta una disertación teórica sobre su ‘poética’, en forma de entrevista.

Queda claro. A pesar del aura, todavía excesivamente ‘principesca’ que le rodea y cuyo aroma aún esta quizá demasiado presente en su música, D’Angelo quiere ser otra cosa. Un innovador, un renovador, un personaje histórico del calibre de Miles Davis o Jimi Hendrix.

¿Lo conseguirá? Quizá sí en el futuro. Pero no por el momento. No con este disco, ni con los otros dos que ha publicado por el momento en su poco prolífica carrera discográfica. Cierto que está en el camino y que, probablemente tiene más condiciones que nadie para conseguirlo. Pero todavía le falta sustancia ideológica propia. Encontrar ese camino inexplorado que ahora sólo intuye.

Apabulla, en cualquier caso. Y puede dejar pasmado a quién se acerque a su nueva música sin tomar precauciones previas. Es un virtuoso, un fino arreglista, un cantante aceptable, aunque abuse del falsete y se maneja igual de bien con los teclados que con la guitarra. Incluso compone ‘melocotonazos’ irresistibles con aliento pop y raíces ‘soul’.

Para colmo se sabe de memoria la asignatura completa. Lo ha oído todo. Y lo ha asimilado todo. Desde Sly Stone a Marvin Gaye, Isaac Hayes, Stevie Wonder, Funkadelic o Gil Scott Heron : Incluso a las Three Degress y Barry White. Y en Black Messiah hay algo de todos ellos.

Tiene también los cómplices perfectos para hacer de esta grabación una gozada irresistible. Instrumentistas de lujo como James Gadson y Questlove, a la batería o Pino Palladino al bajo, dos letristas capaces y profesionales como Q-Tip y Kendra Foster y un ingeniero de sonido perfeccionista y dotado del necesario toque mágico como Russell Elevado, que ya trabajó en ‘Voodoo’.

Entonces, ¿qué le falta a Black Messiah? Más bien habría que hablar de lo que le sobra. Un exceso de trascendencia, una ambición desmedida de “hacer algo histórico” que ensombrece el conjunto. Quizá porque la mejor música nunca pretende mucho más que llegar al corazón del oyente.

Además, la ‘conciencia social’ que impregna la letra de algunos temas y el propio título del álbum parece un tanto impostada y artificial. No hay ninguna duda sobre el impacto que el rebrote de la tensión racial que ha experimentado EEUU en los últimos años puede haber tenido sobre el artista. Pero la furia no ha generado una dimensión artística sincera. No todavía.

O esa es mi opinión, en cualquier caso. Aunque a la vez no me duelen prendas a la hora de recomendar este trabajo y admitir que va a resultar difícil que en este 2015 que acaba de empezar aparezca un álbum tan aprovechable como este. A pesar de que, en realidad, se lanzó a finales de 2014, con lo que quizá se quede fuera de las listas de lo mejor de ambos años.

A mí me gusta más el D’Angelo melódico, popero y juguetón que el D’Angelo trascendente. Y creo que el mejor camino para lograr lo segundo es abundar en lo primero. Quizá por eso mi canción favorita del álbum, por el momento, sea ‘The Door’, con esa melodía silbada del inicio que suena casi a banda sonora de cortometraje de dibujos animados.

Pero hay muchas más canciones poderosas aquí. En estos 56 minutos de buena música. Por ejemplo, las ‘calentonas’ ’Really Love’ y ‘Sugah Daddy’, on ese inevitable y alevoso baladón que se llama ’Another Life’. Pero seguro, seguro que usted encuentra otros argumentos por los que amar este bendito álbum y quizá también unos cuantos para discrepar de mi opinión si le concede unos cuantos minutos de su precioso tiempo a este, en cualquier caso, excelente disco.

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