‘Popular Problems’, un disco de Leonard Cohen

Popular Problems, un disco de Leonard Cohen
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A sus ochenta años el cantautor canadiense aún es capaz de escribir canciones entrañables. Born in Chains by Leonard Cohen on Grooveshark

No lo voy a negar. Lo más sorprendente del nuevo disco de Leonard Cohen, titulado ‘Popular Problems’, es, sencillamente, que exista. Que alguien de su edad y con una trayectoria plagada de canciones históricas sea capaz de escribir, o coescribir en este caso, canciones nueva para salir de gira. Que tenga la vergüenza torera suficiente para no convertir sus actuaciones actuales en despedidas anticipadas, en las que, por enésima vez se dedica a repetir sus grandes éxitos ante un público embelesado.

Aunque no es un caso tan raro como podría parecer. En los últimos tiempos hemos podido ver como unos cuantos veteranos, y veteranas, respetables nos sorprendien con su capacidad para hacer buena música a edades avanzadas. Y no trabajan por placer. Casi todos, desde B.B. King a Aretha Franklin se mantienen sobre los escenarios porque necesitan dinero. Lo mismo que le ocurre al entrañable cantautor canadiense aún en activo, tras haber cumplido ochenta años.

Ya conocen la historia. Se ha contado muchas veces en los medios de comunicación desde que el veterano bardo de la voz ronca volvió a la carretera hace, aproximadamente, siete años. Antes de verse obligado a regresar al trabajo, dicen que Cohen meditaba sobre el mundo, el demonio y la carne en un monasterio budista. Pero tuvo que dejarlo cuando supo que estaba arruinado porque su asesora financiera de siempre, Kelley Lynch, se había pulido toda los ahorros que él había acumulado.

Así que Leonard volvió a coger la guitarra y a dar conciertos. Conciertos largos e intensos en los que ha demostrado una energía con la que nadie contaba y que, suponemos, han hecho felices a esa ‘multitud minoritaria’ de fans que acumula en todo el mundo este poeta extraño, de voz ronca y profunda. Este hombre, siempre bendecido por el prestigio que le concede su basta y hermosa obra que ocupa ya trece discos de larga duración. Un tipo, por cierto, a quién adoran los aficionados españoles, gracias a artistas como Enrique Morente. Hasta el punto de haberle concedido, incluso, un merecido Príncipe de Asturias.

En cierto sentido, es como si le consideráramos un poco ‘nuestro’ por lo mucho que le gustan los poemas de Federico García Lorca, hasta el punto de haber llamado Lorca a su única hija, y esa admiración por el flamenco de la que presume. Nos encanta también que haya contado por medio mundo que su guitarra favorita es una ‘Conde’, fabricada en Madrid por los maestros luthiers de la calle Arrieta y que en su grupo de directo triunfe el guitarrista español Javier Mas. Por eso, entre nosotros cualquier cosa que hace Cohen es saludada con alborozo y consigue la unanimidad de los críticos de todas las tendencias.

Leonard volvió a coger la guitarra y a dar conciertos. Conciertos largos e intensos en los que ha demostrado una energía con la que nadie contaba

De modo que en España, y en otras muchas partes del mundo, resulta difícil encontrar en estos días alguna voz discrepante sobre la calidad de la música que factura el querido Leonard desde su regreso en 2008. Todo son elogios y panegíricos, a pesar de que sus últimas obras no sean tan ‘suyas’ como la anteriores y que sea imposible encontrar en ellas canciones tan sobrecogedoras e imprescindibles como las de antes. Quien tuvo retuvo, pero para alguien que ha escrito, sólo o en compañía de otras, tantas páginas maravillosas de la historia de la música popular no debe ser fácil competir consigo mismo.

Que nadie espere, por lo tanto, encontrar aquí una nueva ‘Suzanne’ u otro ‘Take this Walz’. Ni, por supuesto un renovado ‘Bird on the Wire’. Hay canciones dignas. Incluso algunas como ‘Born in Chains’, mi favorita, por el momento, que parece acercarse a aquellas glorias pasadas. Pero este ‘Popular Problems’, no despega del todo. Y, aunque hay calidad en los arreglos, algunas buenas melodías y están, ¿cómo no?, esas letras enigmáticas y absorbentes marca de la casa, a uno, a mi por lo menos, le gustaría que le gustase más de lo que le gusta.

A lo mejor la culpa es de Patrick Leonard. El coautor de la mayor parte de las músicas. Un profesional como la copa de un pino, que ha trabajado con Madonna, por ejemplo y que sabe muy bien lo que hace. Quizá demasiado. Aquí ha vestido las letras de Cohen con una instrumentación elegante, que lo mismo suena a Van Morrison, que al Bob Dylan de última generación, que a los discos basados en la música popular estadounidense, esas raíces a medio camino entre el country y el blues, que produce T-Bone Burnett.

Todo demasiado impersonal, por mucho que estén esos coros femeninos que desde aquel ‘First You Take Manhattan´ de 1988, parecen haberse constituido en el ingrediente más reconocible de los discos del veterano cantautor. Falta riesgo. Y es comprensible, porque ya sería mucho pedir que a su edad esté tipo estuviera renovando su arsenal de clásicos intemporales. Pero, resulta imposible no recordar otros discos en los que Cohen se puso en manos de un ‘músico profesional’.

Así se fabricó, por ejemplo ‘Death of a Ladies Man’ de 1977, con el mago del pop Phil Spector a los mandos. Una verdadera joya, aunque no sea del agrado de los fans más talibanes del canadiense. Quizá porque la figura del primer productor estrella de la historia se haya deteriorado con los años y sus murallas de sonido fueran, un tanto demasiado sofisticadas para las letras austeras del canadiense.

Que nadie espere, por lo tanto, encontrar aquí una nueva ‘Suzanne’ u otro ‘Take this Walz’. Ni, por supuesto un renovado ‘Bird on the Wire’

Pero también, otros como ‘Ten New Songs’, por ejemplo, donde formó pareja, incluso en la portada, con Sharon Robinson. Su corista favorita de la época, que se convirtió en productora, arreglista y productora plenipotenciaria del disco con el que Cohen inauguró sus grabaciones en el siglo XXI. Y con unos resultados no demasiado buenos, la verdad. Por lo menos en lo que al sonido se refiere.

La verdad es que, siendo justos, conviene reconocer que Patrick Leonard hace un trabajo aceptable. Y que, al final, aunque sólo sea por el cariño que uno le tiene a este ‘mujeriego’ impenitente y las muchas horas placenteras que su obra le ha proporcionado, este ´Popular Problems’ acaba cayendo en gracia y estos días suena con mucha más frecuencia de lo que hubiera imaginado en los distintos dispositivos que uso para escuchar música.

Eso sí. Lo malo. O lo bueno. Es que siempre que termino de escuchar esta última entrega de Cohen, casi mécanicamente, me acercó a la estantería en la que tengo sus viejos vinilos y dejo que la aguja de mi plato se deslice sobre alguno de ellos. Y ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Sin embargo, también es maravilloso escuchar como ruge un viejo león que, sea por los motivos que sea, sigue intentando defender su posición en esta jungla, revuelta y competitiva, que conforma el ecosistema de la música moderna.