Bancos centrales y cambio climático: el reverdecer de la política monetaria

Cambio climático

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Si bien los bancos centrales todavía tienen por delante una importante batalla contra el impacto económico de la pandemia, otro asunto más estructural se avista ya en el horizonte: el cambio climático. La discusión sobre cómo los responsables de la política monetaria podrían unirse a la lucha contra el calentamiento ya comenzó antes de la pandemia pero últimamente ha vuelto a cobrar impulso.

“El cambio climático afecta a los bancos centrales y la política monetaria de dos maneras: a través del impacto del crecimiento y la inflación; y a través de la estabilidad financiera”, explican los analistas de ING en un informe.

En cuanto al impacto económico, “comienza con condiciones climáticas más volátiles y severas y su efecto en los productos agrícolas”; “continúa con potenciales desastres naturales y su impacto en la economía y la inflación”; y “termina con la necesidad de inversión y el cambio estructural de toda la economía en la transformación hacia la neutralidad de carbono”.

En lo que respecta a la estabilidad financiera, los riesgos climáticos son aquellos que pueden afectar o perturbar las actividades comerciales y las entidades que las financian. Se relacionan principalmente con el riesgo de crédito (depreciación de las garantías, incumplimientos de empresas u hogares), riesgo de mercado (revisión de precios de las materias primas o de las acciones tras eventos relacionados con el clima), riesgo de suscripción (pérdidas de seguros) y riesgo de liquidez.

El papel del BCE

En el caso del Banco Central Europeo (BCE), “la discusión ha cambiado de ‘si’ a ‘qué’ debería hacer para apoyar la lucha de la UE contra el cambio climático”, señalan los expertos de ING. El mandato secundario del BCE le permite respaldar las políticas económicas de la UE, siempre que se cumpla el objetivo de alcanzar y mantener la estabilidad de precios, recuerdan estos analistas. De hecho, estas políticas económicas de la Unión incluyen explícitamente “un alto nivel de protección y mejora de la calidad del medio ambiente”.

¿Pero qué medidas concretas puede llevar a cabo el BCE? “Utilizar la propia cartera de inversiones del BCE para apoyar la transformación hacia una economía neutra en carbono es una obviedad. Sin embargo, hay otras dos posibles formas de avanzar que son más controvertidas”, señala ING.

En primer lugar, “una forma de avanzar podría ser la QE verde”. Las tenencias actuales del BCE en el marco de su programa de compras del sector empresarial (CSPP) muestran una clara subrepresentación del sector de servicios en comparación con los sectores de fabricación, servicios públicos, automóvil y transporte. “Estos últimos tienden a ser aquellos con cuotas de emisión particularmente altas. Por ello, las compras del BCE teniendo en cuenta las emisiones de una empresa podrían tener sentido; no necesariamente a nivel sectorial sino diferenciando entre empresas”.

No obstante, “tal estrategia podría entrar en conflicto con el principio de neutralidad del mercado del BCE”, destacan los expertos del banco holandés. Además, “penalizar a los sectores ‘intensivos en carbono’ podría socavar la transformación de estos sectores hacia la neutralidad en carbono, ya que aumenta los costes de las inversiones potencialmente necesarias”.

Otra forma de avanzar podría ser “a través del papel del BCE como supervisor bancario y su marco de garantía”. Un marco alineado con el clima operaría a través de canales similares a los del QE verde, principalmente “mediante la penalización de las tenencias de bonos no verdes y, en consecuencia, el canal de tipos de interés para la financiación empresarial”. Una ventaja es que, a diferencia del QE, un “marco de garantía verde” sería permanente. “Dependiendo de una calificación climática, huella climática o puntuación ESG, se podrían aplicar diferentes recortes a los bonos corporativos utilizados como garantía”.

Los riesgos de las políticas del BCE

Estas políticas no están exentas de riesgos, en especial “sobrecargar a los bancos centrales”. “Los gobiernos deben asumir el papel principal en la lucha contra el cambio climático”m cree ING. “La política monetaria no debería estar en el asiento del conductor, sino desempeñar un papel de apoyo”.

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