Así es la precariedad en la sanidad madrileña: “En marzo se me acaba el contrato y vete a saber”

Cristina Cifuentes
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La crisis económica y los consiguientes recortes fueron un torpedo a la línea de flotación de la sanidad pública y de sus trabajadores. Los datos han llegado hasta alturas llamativas donde uno de cada tres profesionales del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) trabaja lejos de encontrar la estabilidad. Los contratos eventuales, de interinos, de sustituciones o de formación se han convertido en una característica de la sanidad madrileña.

Para atajar este problema, la Comunidad de Madrid anunció recientemente una gran oferta pública de empleo (OPE) que reduciría la temporalidad. Algo que no termina de ser cierto, según los cálculos de los sindicatos. Mientras tanto, las escenas de precariedad siguen dándose en los hospitales de la región. “Hemos pasado de la mínima estabilidad con un contrato eventual de un año a la nada”, relata una de las profesionales del SERMAS a EL BOLETÍN, que reclama guardar su anonimato para evitar posibles conflictos.

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Los toques desde Europa han sido múltiples: la temporalidad que hay en el sistema de salud público tiene que acabarse. Sin embargo, como lamenta la trabajadora, lo que no ha concluido han sido las maniobras que continúan con la precariedad laboral. No se trata de una excepción, las sentencias europeas así lo dictan y la profesional asevera que, por ejemplo, “en los grandes hospitales sucede”. Pero los últimos movimientos que han echado por tierra esa “mínima estabilidad” comenzaron hace ya un año cuando la Consejería de Sanidad anunció “a bombo y platillo” una primera fase de conversión de eventuales a interinos.

Las dos fases de conversión que multiplican el problema

Antes del verano de 2017, el Gobierno regional buscó esa reconversión. Los requisitos: ser eventual y llevar dos años en el centro. Ya ahí, según narra la profesional del SERMAS, los primeros fallos comenzaron a aparecer: “Gente con menor puntuación que yo entró. Hubo gente que tenía puntos de sobra y se quedaron fuera y gente con menos puntos acabaron siendo interinos”. El primer traspié en el camino hacía acto de presencia. Mientras, el contrato de un año seguía su curso.

Ahora me han obligan a firmar unos pactos de gestión de tres meses y me han mandado a otro servicio sin que yo tenga idea. En marzo se me acaba el contrato y estaré abocada a una sustitución…

Varios meses después, a mediados de diciembre, Sanidad volvía a la carga con una segunda fase de conversión. A partir de ahí, la diferencia de criterios con la anterior tanda se convirtió en la tónica general. “Ya no solo entraban eventuales, sino también contratados o sustituciones”, afirma la enfermera del SERMAS a este medio. “Al igual, también me puntuaron mal, por ejemplo, no me puntuaron cuando estuve en otros hospitales”, continúa. De hecho, según reprocha, el plazo de reclamaciones fue cuanto menos escaso: “Dieron solo diez días”.

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No obstante, tras el periodo de reclamaciones que la llevaron a entrar en la ‘reserva’, el revés llegó de lleno. “A los eventuales que no llegamos, nos dijeron que no nos preocupáramos que íbamos a renovar cuando se acabase el contrato de un año”, recuerda la trabajadora. Pero las condiciones volvían a cambiar: “Ahora nos dijeron que íbamos a renovar no anualmente como hasta ahora”. En ese momento, las maniobras echaron el resto.

De un contrato de un año a, por ejemplo, esperar una sustitución

Según explica, las sentencias europeas estuvieron presentes en la mente del hospital (que no se menciona el nombre del centro para preservar al máximo la confidencialidad de la trabajadora): “Dijeron que desaparecerían los eventuales, que ya no habría más por lo dicho desde Europa”. De esta manera, la opción que se deba pasaba por cubrir “sustituciones” o firmar “pactos de gestión”. Pactos de gestión sin negociación alguna con los sindicatos y que, como determinó el Tribunal Supremo hace unas semanas, es inconstitucional.

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“Tuve que firmar un pacto de gestión de tres meses. Te obligan a firmar. Ahora me han mandado a otro servicio sin que yo tenga idea, hasta los médicos se han quejado de estos cambios. De hecho, yo pedía trabajar por la mañana (por temas de conciliación) y me pasaron a la tarde sin avisarme. Me culparon de haber firmado un horario de tarde cuando es mentira. Si me ofrecen que es por la tarde, lo rechazo. Por no hablar de que hay gente en mañana que tiene menor puntuación que yo”, denuncia la enfermera del SERMAS.

Así, la inestabilidad sigue haciendo de las suyas: “A finales de marzo se me acaba el contrato y estaré abocada a una sustitución, si no: iré a la bolsa y donde me llamen. Algo se inventarán. Lo mismo me mueven y vete a saber”. De esta manera, esta profesional de la sanidad pública madrileña queda a merced de ese “vete a saber”.

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