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La soledad de Rajoy

Diego Carcedo
Diego Carcedo
El rechazo parlamentario del Decreto Ley sobre la Estiba deja a Rajoy y a su Gabinete en el mayor de los aislamientos que nuestra joven democracia recuerda.
La mayoría absoluta que respaldó al Gobierno del  Partido Popular durante cuatro años empieza a convertirse en historia. El rechazo parlamentario del Decreto Ley sobre la Estiba, generado por imposición de Bruselas, deja a Mariano Rajoy y a su Gabinete en el mayor de los aislamientos que nuestra joven democracia recuerda. Y es curioso que esta situación se produzca ante un asunto en torno al cual son muchos los españoles que coinciden en que debe ser resuelto a contrapelo de este colectivo de trabajadores.
 
Una desautorización de un Decreto Ley, ya publicado en el BOE, ha ocurrido apenas tres veces desde que existe democracia -a última hace 38  años-, y quizás ninguna tan crítica  como ésta. Con ella el Gobierno, si no lo resuelve la situación  con rapidez, tendrá que enfrentar la próxima semana una huelga del sector -que causará graves daños a la economía nacional, generando incluso problemas de desabastecimiento en algunos lugares, con una oposición más unida a pesar de su disparidad -como lo refleja la inesperada abstención de Ciudadanos- y lo peor, quizás, con la reacción comunitaria.
                  
Dentro de pocas horas España empezará a tener que pagar multas muy cuantiosas por no haber resuelto este contencioso. Multas a las que todos tendremos que contribuir con nuestros impuestos. Y mientras tanto, con el daño que la incertidumbre ya está creando en el transporte marítimo. El Gobierno eludió negociar el contenido del Real Decreto antes de promulgarlo y ahora tendrá que negociarlo de nuevo una presión mayor.
                  
Esta situación, realmente preocupante, quizás sea la consecuencia de que el Gobierno todavía no se ha mentalizado de que ya no cuenta con respaldo para imponer sus soluciones. Cuando Rajoy fue investido prometió negociar hasta la extenuación, pero continúa sin hacerlo con la frecuencia y la flexibilidad con que tendrá que hacerlo. Quizás algún día vuelva a haber una mayoría absoluta, pero la dispersión política cada vez la vuelve más improbable.
                 
El futuro y la estabilidad dependerán de la capacidad para negociar, y cuando se dice negociar la palabra implica ceder. Y esto no sólo es válido para este caso y este momento. Todos los partidos con aspiraciones de llegar al poder – y los que no lo buscan, ¿para qué están? – tendrán que mentalizarse de esta realidad. La sociedad es diversa, las ideas, variadas y las pretensiones diferentes. Sólo a través de la negociación, en este caso con otros partidos y sindicatos, podrá resolver el conflicto e la estiba. A ver si de paso sirve para que el ejemplo cunda.
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