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Hombre, lo de Cataluña no es el Watergate, pero casi

Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña
Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña
Ya sé que los ‘nacionalgates’ son pelillos a la mar en comparación con la que está montando, día tras día, el hombre del pelo naranja y la corbata roja. Pero son nuestros pelillos
Nunca, casi ni en los tiempos de Nixon, había uno oído citar tanto la palabra ‘Watergate’. Ahora, el ‘gate’ se aplica a casi todo: el Murciagate, el Montullgate, que particulariza esta semana todo lo relacionado con ese gran Cataluñagate…Hombre, está claro que todo eso no son sino adaptaciones zarzueleras de esa gran ópera bufa en la que Donald Trump está convirtiendo todos y cada uno de los días de su hasta ahora breve –y ya demasiado largo—mandato. Ahí es nada, el hombre más poderoso del mundo acusando a su predecesor, sin la menor prueba, de haber ordenado pinchar sus teléfonos durante la campaña electoral. Cierto: el Trumpgate oscurece nuestros modestos, algo sonrojantes, ‘gates’ domésticos, pero uno debe atenerse al guión y hablar de las pajas en el ojo nacional, obviando las enormes vigas en el ojo del Gran Hermano ‘trumpetista’, que cada día parece más claro que va a formar orquesta con los coros rusos de Putin, que ese sí que domina a la perfección, con sus danzarines hacker, el Kremlingate. Menudo panorama.
 
Volvamos, en fin, a los modestos, a veces ridículos, ‘affaires’ nacionales, que son poca cosa en comparación, ya digo, con lo que ocurre en los Estados Unidos trumpalistas o en la Francia filloniana. Coincidíamos el pasado jueves mi buen amigo Angel Expósito y yo, en un programa televisivo, en que nuestras fuerzas políticas nacionales pretenden sacar un ‘escándalo Watergate’ de las tranquilas aguas murcianas, quizá sin darse cuenta de que ese presunto escándalo, presuntamente protagonizado por el casi presunto ex presidente –eso quieren: echarle—Pedro Antonio Sánchez, interesa muy poco al conjunto de la ciudadanía, que no entiende nada. ¿Así que Ciudadanos y las otras fuerzas de oposición exigen que Pedro A. Sánchez se marche porque dijo que, de ser imputado, se marcharía? Pero entonces, ¿qué sentido tiene que el propio Ciudadanos lleve una propuesta al Congreso según la cual solamente se debe exigir la dimisión de un político presuntamente delincuente cuando comience la vista oral, no cuando sea meramente imputado (investigado)? O sea, se dice el atribulado contribuyente: se trata de que Sánchez, un incauto que prometió lo que prometió a cambio de seguir en el puesto y a quien nadie puede acusar de haberse metido un euro indebido en el bolsillo, pague por haberse comprometido a dimitir si era imputado, imputación-investigación que este lunes le será ratificada…o puede, rara avis, que el juez decida desimputarle. Y entonces, ¿qué?
 
Pero la semana no va a agotarse solamente con tan apasionante e importante nadería. Qué va: vamos a asistir con alborozo a la declaración desde el banquillo de uno de los responsables del ‘caso Palau’, Jordi Montull, quien ha prometido diversión ante lo que vaya a contar este miércoles acerca de la financiación ilegal de la extinta Convergencia Democrática de Catalunya. O sea, el partido que ocupó el poder catalán durante los años pujolistas y de Mas, hoy rebautizado como Partido Democrático de Catalunya, para borrar huellas, se supone. Seguro que no les está pareciendo tan, tan divertido a los dirigentes o semidirigentes del PDdeCat, comenzando por el molt honorable Puigdemont y siguiendo por el muy cuestionado antiguo conseller Felip Puig, que ha renunciado, por si las moscas, a declarar a la vista del ‘cambio de actitud’ de Montull, no vaya a ser que a los testigos ex convergentes les caiga alguna piedra en la cabeza con lo que Montull revele. Que ya verán ustedes que no será tanto: apenas el ex tesorero Daniel Osácar, a quien se quiere presentar como el ‘Bárcenas catalán’, va a salir descalabrado. Que siempre conviene tener un ex tesorero a mano para evitar conflictos más generalizados, ¿verdad?
 
El caso es que se va a armar la marimorena a cuenta de algo que ya se sabía perfectamente: que el partido gobernante en tiempos del aún libre Jordi Pujol & Family se beneficiaba de un tres por ciento –o más—de comisiones por otorgar licencias para obras públicas y privadas. Y, en medio, toda una trama nauseabunda que incluye escuchas ilegales –Cataluñagate, ya digo–, hallazgos súbitos por la policía de ‘pendrives’ comprometedores, furgonetas repletas de dinero que llegaban a Andorra… Algún día, algún colega de allá se atreverá a contar aunque solamente sea la punta del iceberg inmenso de porquería que ha asolado durante treinta y siete años –desde que Jordi Pujol llegó a la Presidencia de la Generalitat—la vida política, económica y social de Cataluña. Y entonces, lo de Richard Nixon, a escala, se va a quedar en un cuento para dormir a los niños: menudo ‘bestseller’. ¿Cómo puede tolerarse que alguien envuelva este enorme escándalo en la bandera estelada de la independencia, cómo puede acusarse a los jueces de actuar ‘al dictado de Madrid’ cuando, aunque así fuera, que no es, las corruptelas están ahí, innegables?
 
Antes que cualquier otra cosa, y me parece que el futuro ‘president’ Oriol Junqueras, ajeno a todas estas tramas, comparte este punto de vista, es preciso sanear los establos, salir de esa vergüenza. Porque me consta que algunos independentistas admiten que este paso, la secesión, que a mí me parece en todo caso indeseable, no puede darse si se basa en una gran estafa continuada a los catalanes y, claro, al resto de los españoles. Hay que hacer un gran pacto político no para echar al soldado (raso) Sánchez de la presidencia de Murcia, que eso son ‘peanuts’, sino para llegar hasta el mismísimo fondo del cenagal de la corrupción en Cataluña, que deja los casos de Madrid y Valencia casi en meras infracciones administrativas, y no hablemos ya de cómo deja al ridículo ‘affaire’ de Puerto Lumbreras, que protagoniza el pobre soldado (raso, repito) Sánchez.
 
En fin, ya sé que los ‘nacionalgates’ son pelillos a la mar en comparación con la que está montando, día tras día, el hombre del pelo naranja y la corbata roja (dos colores que combinan mal. Ay, la estética, que agrava la falta de ética…). Pero son nuestros pelillos y, en los casos murciano y catalán, nuestro mar, el Mediterráneo, que bastantes tragedias alberga ya en su seno, el pobre. Así que estemos atentos a lo que la semana nos depare, que viene, ya se nos ha avisado, divertida. Para algunos no tanto, claro.
 
Cenáculos y Mentideros
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