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Marruecos entreabre la valla

Diego Carcedo
Diego Carcedo
En los últimos días cerca de mil inmigrantes subsaharianos consiguieron saltar la valla que separa Ceuta y Melilla de Marruecos y entrar en España.
En los últimos días cerca de mil inmigrantes subsaharianos consiguieron saltar la valla que separa Ceuta y Melilla de Marruecos y entrar en España. Contemplado desde la distancia cuesta entenderlo y visto desde el entorno de la propia valla, mucho menos. Podría parecer factible que alguien se arriesgue a trepar y saltar hasta conseguirlo. Pero centenares y centenares, enfrentándose desarmados a las fuerzas de seguridad de ambos países que la protegen, se muestra imposible aunque la realidad es que no lo es. ¿Cuál es la clave?, se preguntan muchas personas viendo en televisión las oleadas de personas que lo consiguen.
 
La insuficiencia y fragilidad de la valla y seguramente la escasez de guardias civiles españoles que hay para protegerla, unidas a las limitaciones en el recurso a la fuerza, son explicaciones válidas pero insuficientes. Lo que está ocurriendo hay que contemplarlo desde Marruecos. Durante varios meses y gracias a acuerdos diplomáticos entre los dos países, la presión masiva sobre la valla había descendido. La policía marroquí lo impedía de manera contundente y había desalojado a millares de desesperados que aguardan en las inmediaciones de la frontera el momento de intentarlo. Muchos fueron detenidos y devueltos a sus lugares de origen.
 
Pero las autoridades marroquíes saben que proteger la frontera de Ceuta y Melilla, que en la práctica es la frontera con Europa, les proporciona un recurso muy importante para sus negociaciones y acuerdos con España y, sobre todo, con la Unión Europea. Permitir, ya que no facilitar, la entrada de inmigrantes sin papeles en territorio español implica introducirlos en los demás países por los que ya van a poder circular libremente. En las últimas semanas las relaciones entre Marruecos y la UE se tensaron por una cuestión relacionada con los tratados agrícolas que mantienen y la negativa de Bruselas a incluir el territorio del Sahara. Enseguida, desde Rabat saltó la respuesta en forma de amenaza velada: “No tenemos por qué ejercer de gendarmes contra los migrantes”.
 
Lo dijo el ministro de Agricultura sin poner mayor énfasis en la advertencia, pero quienes conocen las sutilezas de la política marroquí, lo entendieron. No es que Marruecos abra agujeros en la valla, simplemente permite que los que aspiran a saltarla se agrupen, acuerden estrategias casi militares para conseguirlo y, una vez conjurados, se acerquen al lugar seleccionado sin que quienes podrían evitarlo desde aquel lado se den prisa por hacerlo. Los gobernantes marroquíes pretenden que España y Francia, como miembros importantes de la UE, consigan que los demás cedan a sus intereses.
 
El problema para España es tener que enfrentarse a la amenaza prácticamente en solitario -- como de hecho les ocurre a Italia y Grecia con las presiones migratorias de Libia o de refugiados de Siria --, a esta presión que aunque a veces se aplaque, no cesará. Entrar en Ceuta y Melilla es una tentación muy grande para quienes llevan recorrido medio continente africano en busca de otros lugares más prósperos alcanzar su objetivo. Por el norte de Marruecos, tentados por el señuelo de poder saltar la valla algún día, merodean decenas de miles esperando la oportunidad.
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