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Cataluña: se entreabre una puerta

Diego Carcedo
Diego Carcedo
Recordando la trayectoria de Artur Más desde que accedió a la presidencia de la Generalitat y la dependencia tando de él como de su sucesor de los apoyos grupos tan extremistas como la CUP, sus palabras hay que tomarlas con cautela.
Artur Mas, el principal artífice de la escalada independentista de Cataluña, acaba de entreabrir una puerta para poder llegar a un entendimiento que lo evite. Lo ha hecho inesperadamente en Madrid, en una intervención en la Universidad Autónoma, y sus palabras han sorprendido para bien a cuantos, que somos muchos, deseamos que se llegue a un entendimiento que rebaje la tensión y propicie el arreglo para que Cataluña encuentre su encaje en España.
 
El expresident Artur Mas, que durante tanto tiempo se mantuvo irreductible en sus exigencias, acaba de avalar con sus palabras le tesis generalizada de que hay que hablar, negociar, ceder por ambas partes, buscar el acuerdo y hacerlo posible. Los secesionistas catalanes que plantean su deseo desde la racionalidad, saben que lo que pretenden es prácticamente imposible en las circunstancias actuales y que intentarlo por la fuerza llevaría a Cataluña al aislamiento y el desastre. Pero hace falta escucharles y responderles con razones y contrapropuestas.
 
Los argumentos constitucionales y jurídicos en contra de la secesión son contundentes, pero la última instancia, si los radicales del independentismo se obstinan en desestimarlos sería necesario aplicar algún recurso extremo que quizás evitase la secesión a corto plazo pero estimularía esa ambición desde la rabia y el argumento de haber sido víctimas de actuaciones de fuerza. Salvo los exaltados del nacionalismo catalán y los anti catalanistas recalcitrantes del nacionalismo español, todos los criterios coinciden en que este es un problema que debe resolverse por la vía política.
 
Esto no quiere decir que la Justicia en lo que le corresponde no haga su trabajo, pero sí que sólo en los juzgados el fondo del asunto no va a solventarse. Hay que hablar, poner sobre la mesa propuestas, cambiar modos y actitudes, y negociar hasta la extenuación. Lo sorprendente es que esto apenas se haya hecho en estos últimos años, que se haya dejado sin éxito a merced de la esperanza de que el tiempo lo arreglaría y de que la amenaza del calendario sea contemplada por quienes tienen el encargo democrático de resolverlo con tan a aparente pasividad. Aunque se ha llegado a una situación en que las horas cuentan, aún se está a tiempo.
 
Recordando la trayectoria de Artur Más desde que accedió a la presidencia de la Generalitat y la dependencia tando de él como de su sucesor de los apoyos grupos tan extremistas como la CUP, sus palabras hay que tomarlas con cautela. Pero no deben de caer en saco roto. A pesar de su obcecación Mas es un genuino representante de la burguesía catalana, de los empresarios que saben que la independencia sería un desastre y del seny catalán que siempre ha demostrado pragmatismo y sensatez.
 
Pero tomar con cautela y con euforia sus palabras no puede servir ni para echar las campanas al vuelo ni para pensar que todo vuelve a estar encarrilado. No deben ser echadas en saco roto. Urge explorar su verdadera dimensión y avanzar con contrapropuestas que permitan que esa puerta que entreabren se vaya ensanchando hasta poder cruzarla. Ha llegado el momento en que los profesionales de la política demuestren que su trabajo consiste en conseguir que lo imposible se convierta en realidad.
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