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La sentencia de la Gürtel desnuda las miserias del 'PPSOE'

Rafael Alba
Rafael Alba
La alianza política 'de hecho' entre Mariano Rajoy y la gestora socialista se tambalea tras las penas impuestas a algunos implicados en la trama.
El toque de corneta ha sonado desde el fondo del escenario y quizá sirva para despertar alguna que otra conciencia dormida. O quizá no. Pero su sonido es tan metálico como inequívoco. La primera sentencia judicial emitida por los tribunales, sobre contratos relacionados con la actividad de la trama Gürtel y los mecanismos de financiación del PP, posiblemente ilegales, según parece, ha revuelto las aguas del tranquilo estanque en el que Mariano Rajoy chapoteaba, mientras su equipo le llevaba en volandas por un congreso a su medida.
 
Hay unos cuántos años de cárcel de por medio, la mayoría para los tres supuestos conseguidores, Correa, 'El Bigotes y Crespo, pero también le ha caído un bonito pijama a rayas a Milagrosa Martínez y Rafael Betoret, una consejera de un Gobierno autonómico popular y su alto cargo de confianza. Deseemos que el trajecito de 'La Perla', así era conocida la señora Martínez en su entorno, lleve la firma de un diseñador de campanillas, para que la estancia entre rejas le resulte más fácil de soportar.
 
Aunque más enternecedor, mucho más que eso, es haber visto y oído al vicesecretario de organización del PP, Fernando Martínez Maillo, asegurar que “quien la hace la paga” y que “la justicia es igual para todos”. A lo mejor alguien se creía que era posible pasar página, sin una renovación profunda de las viejas guardias de corps políticas que vivieron sumergidas en el fango en los años de la gran burbuja, pero tal vez ahora lo dude. Cierto que nuestra clase política, antigua y moderna, tiene acreditada una cara más dura que el pedernal. Pero la vergüenza ajena que puede extenderse entre sus votantes quizá les perjudique más de lo que parece.
 
Porque esa sentencia, que todavía puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo, no sólo vuelve a poner en evidencia a esa masa de votantes, encubierta, que todavía se resiste a pasar factura al PP en las urnas. También afecta a todos los demás. Al PSOE de la gestora que promociona a señores como Eduardo Madina, capaces de defender, y considerar muy de izquierdas los pactos que suscribe una dirigencia socialista que apenas representa a un tercio de la militancia del partido que gobierna con sus colegas populares que, por responsabilidad política, mantienen al frente del partido a ese Mariano Rajoy que ya era el jefe, cuando pasaba todo esto. Y que como es normal, “no tenía ni idea de nada”.
 
Tampoco la debe tener Esperanza Aguirre, cuyos alegres muchachos también involucrados con algunos asuntos turbios de la trama Gürtel, ahora esperan en capilla. Ni el incombustible Rafael Simancas, que siempre aparece subido en un caballo ganador, pero que no ha hecho casi nada, que se sepa, por obligar al PSOE madrileño a aclarar aquel escandaloso 'Tamayazo' que fue el principio del fin de todo, porque dio paso a los años oscuros de dominio total de la `lideresa' en la Comunidad de Madrid.
 
Y, aunque es posible que los irreductibles votantes del PP no presten demasiada atención a estas minucias judiciales que nos ocupan hoy, no va a pasar lo mismo, ni mucho menos con los simpatizantes socialistas, en franca huida que ya han demostrado varias veces que tienen, en general, una vara de medir un poco más estricta que la que suele aplicarse en el bando rival. Aunque, secuestrados como estamos por dos colectivos, el españolista y los independentistas catalanes, que necesitan movilizaciones, acción, polarización y rivales para esconder el olor de la corrupción acumulada, lo mismo seguimos agarrados a las banderas que nos ponen delante de los ojos y nos volvemos a olvidar de pedir explicaciones a quien corresponde.
 
A la divida armada en la que ha terminado por convertirse aquel movimiento llamado Podemos, que tanto nos ilusionó durante un tiempo, o a esos presuntos adalides de la regeneración democrática, conocidos como Ciudadanos, que tampoco parecen tener demasiadas ganas ya de promover ese cambio por el que decían apostar hace poco más de un año. Por lo visto, ni los unos eran para tanto, ni los otros pretendían en realidad abrir las ventanas y dejar que entrará aire fresco en la atmósfera viciada e insoportable de la política española.
 
Claro que dentro de unos días, todo esto puede volver a cambiar. Lo mismo termina por arreglarse la pelea de gallos que mantienen Pablo Iglesias e Iñigo Errejón sobre cuyo verdadero origen solo tenemos una certeza. Que no tiene nada que ver con la historia que nos están contando. A lo mejor tampoco con esos presuntos líos de faldas y camarillas que cuentan, como siempre sin pruebas, algunas lenguas viperinas relacionadas con los sectores más conspiranoicos de la capital de España. Pero, seguro que muy poco, con esa supuesta confrontación de estrategias de futuro por la que quieren hacer pasar un pulso que por no parecer, ni siquiera parece ser serio o conveniente con la que esta cayendo.
 
Claro que lo mismo, no nos queda tanto para volver a ir a las urnas. Por lo menos si el renacido Pedro Sánchez gana las primarias del PSOE. Lo que no parece probable, porque tiene enfrente a unos tipos que, como ya han demostrado, son capaces de cambiar las reglas del juego, secuestrar al arbitro y agrandar las porterías si hace falta. Hombres fuerte del aparato que, tras este nuevo aldabonazo que les deja de nuevo fuera de fuego volverá a meterse las manos en los bolsillos y silbar. Hasta que escampe, poco más o menos.
 
Ellos también esperan que sea cierto el supuesto mantra de su nuevo aliado favorito, ese simpático presidente del Gobierno que se llama Mariano Rajoy que siempre ha dicho, según se le atribuye, aquello de que “quien aguanta gana” y que parece ser el mismo la prueba viviente de la veracidad de esa máxima. El problema es que, como acaba de comprobar Donald Trump, a los jueces, incluso a los jueces amigos, parece que los carga el diablo. Y como cunda el ejemplo que acaban de dar los magistrados de Valencia y algún que otro colega indeciso se venga arriba, el Festival que nos espera no va a necesitar a Vetusta Morla de cabeza de cartel para colgar el cartel de 'no hay billetes' y pasar a la historia.
 
Hay unos cuantos juicios pendientes que pueden darle muchos quebraderos de cabeza a unos y otros. Los tirios, los troyanos y los irreductibles fans de aquel tipo que se llamaba Manolo y empuñaba un 'bombo' en los partidos de la selección española de fútbol. Algunos, ya saben, afectan de lleno a los sistemas de financiación del PP y las presuntas costumbres licenciosas de determinados altos cargos del partido. Pero también hay otros, de cuyo nombre quizá Susana Díaz no quiera acordarse, que pueden suponer una bomba de relojería en el interior de ese socialismo andaluz que, de momento, no tiene quien le escriba un panegírico sin haberse tapado la nariz primero. Por lo que pueda pasar.
 
 

Rafael Alba

No fui fotógrafo de "Playboy", pero sí hice allí entrevistas y artículos. Escribí sobre música en "Diario 16", "Geo", "El Gran Musical", "ZZPOP", "Audioprofesional", "Sterofonía" y "Backstage". En "El Economista", "America Económica", "Cuba Económica" y "La Revista de la Bolsa" intenté aprender economía. En "El Boletín" me metí en política. Y ahora he vuelto a lo mío. Pero lo que más me gusta es tocar la guitarra, así que no es raro verme subido al escenario de algún club…con Las Dos en Punto, por ejemplo.

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