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Oh, Dios mío: ¿más elecciones?

Urna electoral
Urna electoral
2017, que prometía ser el año del remanso de paz y la reforma política al menos aquí en casa, puede ser otro año de inestabilidad.
¿Elecciones a la vista, en Cataluña y también, quizá, en el resto de España? Han vuelto a sonar, ay, los tambores de guerra. Al fantasma de unas elecciones europeas que se complican en Francia, Alemania y Holanda, que quién sabe por dónde van a salir, se viene a unir ahora el de otra marcha a las urnas en nuestro país. Con lo que 2017, que prometía ser el año del remanso de paz y la reforma política al menos aquí en casa, puede ser otro año de inestabilidad.
 
Dice el socialista Miquel Iceta, que es probablemente el político catalán más profesional y que más sabe, junto con Oriol Junqueras, por dónde soplan los vientos, que probablemente este año 2017 habrá elecciones autonómicas en Cataluña. O sea, unas más: ya casi se repiten cada quince, veinte, meses. La aprobación por la CUP de los Presupuestos de Puigdemont ha sido el pistoletazo de salida hacia ese referéndum independentista previsto para septiembre, que, como será ilegal, no servirá más que para enturbiar las aguas ya pútridas y, por tanto, no dejar otra opción al molt honorable president saliente, Puigdemont, que convocar elecciones ‘plebiscitarias’ (pero autonómicas, al fin) para el otoño.
 
Bueno, la apuesta de Iceta es verosímil, aunque pueden pasar muchas otras cosas, entre ellas que los no secesionistas catalanes se decidan a levantar la voz. O que, Dios mediante, se llegue a un acuerdo entre el Gobierno central de la negociadora Soraya Sáenz de Santamaría y la no tan irredenta Esquerra del mentado Junqueras, que sabe que no puede estar en manos de los minoritarios montaraces de la CUP, ni tampoco sacar adelante la independencia contra la voluntad del Estado.
 
En todo caso, ahí está el fantasma de las elecciones autonómicas catalanas. Y, por cierto, el de unas eventuales elecciones generales, ahora algo más creíbles tras los sucesos lamentables de este fin de semana. Claro que lo que quien suscribe califica como sucesos lamentables gira —-insisto, según mi criterio–, sobre el anuncio del ex secretario general socialista Pedro Sánchez de que se presentará a las primarias para regresar al cargo. Un millar largo de simpatizantes en Dos Hermanas acogió el sábado este anuncio, que destroza cualquier intento de reconstrucción de un partido, el Socialista, imprescindible para el equilibrio político de España, desde luego Cataluña incluida. El ansia de derribar el templo con los enemigos dentro, aunque las columnas le aplasten, como a Sansón en su pugna con los filisteos, ha movido esta decisión de Sáchez, azuzada por la ‘traición’ de Patxi López anunciando que él también se presentará a las primarias socialistas de mayo.
 
Con Sánchez, vuelve la amenaza del ‘no y no’ a cualquier cosa que venga del Gobierno del PP; solo que ahora sería peor, porque una hipotética –y creo que virtualmente imposible — victoria del ex secretario general en las primarias rompería al menos en dos partes el histórico partido de Pablo Iglesias. Pero, entretanto, el rechazo al apoyo de los socialistas a los Presupuestos del PP se consolidaría, haciendo no descartable que Rajoy hubiese de convocar elecciones cuando puede hacerlo, en mayo –menudo mes de acontecimientos—si no consigue sacar adelante las cuentas del Estado y para clarificar el nuevamente enrarecido panorama político español.
 
Claro que Rajoy es persona de pocas especulaciones, y forzarle titulares y avances es cosa imposible en estos tiempos de máximas cautelas: pues ¿no se han reunido los líderes del sur de Europa y no han logrado salir en las primeras páginas ni de los periódicos de Portugal, donde se celebró la ‘cumbre’ y desde donde escribo? Nada, que ni el griego Tsipras, ni el ‘pato cojo’ Hollande, son capaces de posicionar a Europa frente a la amenaza cierta de Trump. Y menos aún lo iba a hacer Angela Merkel, que ayer mantuvo una dicen que sosegada charla telefónica con el presidente norteamericano.
 
Así que si ni siquiera ante las realidades presentes, incluyendo el inminente congreso del PP, se puede hacer que Rajoy se decante, figúrese usted lo que sucede ante hipótesis de futuro, como en qué condiciones podría el inquilino de La Moncloa forzar un adelanto de las elecciones generales o si prefiere eso a mantener unos meses más los actuales Presupuestos en caso de no lograr los suficientes apoyos para unos nuevos. Personalmente, no creo en tal adelanto, pero tampoco creía en que Sánchez cometiese la locura de concurrir a sus primarias, o que los franceses eligiesen a ‘estos’ candidatos, a derecha e izquierda, para combatir la amenaza de Le Pen. O, ya que estamos, cómo sospechar con antelación la amenaza que puede llegar del otro lado del Atlántico. O, por fin, cíteme usted a un solo comentarista que hubiese sido capaz de anticipar lo que ocurrió en España entre septiembre de 2015 y noviembre de 2016. Nada, que esta está siendo la era del fracaso de futurólogos, cronistas políticos y expertos en sondeos.
 
Lo increíble, en estos tiempos de locura, es lo más creíble, así que puede que no sea tan mala táctica la de Mariano Rajoy, el hombre que está demostrando ser quien mejor sabe, en toda la vieja Europa, callar, esperar, y no actuar, exceptuando en el ‘ranking’ a su ya antigua amiga Angela Merkel, naturalmente. A esperar tocan, por tanto, que parece que nos llegan semanas de agitación sin paliativos.
 
Cenáculos y Mentideros
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