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Tercero, el difícil día a día

Política transicional
Política transicional
Se corre el riesgo de que el proceso sea el reino de la descoordinación, la desorganización, la improvisación y la discrecionalidad.
El día a día del proceso de transición a la democracia y el mercado debe ir siempre en el sentido explícita e intencionalmente definido en el contexto del Marco de Gobernanza, con base en el “estado del arte” en el tema. Pero, no siempre es así. Tengo mis preocupaciones al respecto en una eventual transición en Venezuela.
 
Se corre el riesgo de que el proceso sea el reino de la descoordinación, la desorganización, la improvisación y la discrecionalidad. No debemos olvidar la tentación, de muchos, de hacer lo que siempre hicieron; así como el predominio, en razón de la inercia, de las actuaciones en el plano de lo tradicional, carismático y premercado. Es verdad que en general, en el concepto, la intención es la base de la racionalidad. Sin embargo, el pasado y la improvisación pueden ganar.
 
En políticas públicas, la gestión del día a día se garantiza con los planes operacionales para todo el espectro de problemas o asuntos. En otro lenguaje, la efectividad se logra con la secuencia ordenada de todas las acciones derivadas de las políticas y plasmadas en la estrategia. Así, en el concepto, el propósito expresado en el diseño institucional y en las políticas encuentra su aterrizaje práctico en el día a día de la gestión.
 
Mi preocupación es tener el cuidado de hacer lo que hay que hacer y no la desviación por inobservancia o intereses. Y los riesgos existen. En nuestra serie del año pasado, planteamos que los diversos procesos económicos transicionales deben constituir un todo coherente y no un amasijo de contradicciones.
 
Pido disculpas a mis fieles lectores no economistas, por las referencias que usaré de ejemplos; pero, mi manejo, en este artículo, es precisamente para evitar asuntos que el descuido profesional de mis colegas deja de lado y terminan mermando la efectividad del proceso de conjunto.  
 
Por ejemplo, si por las razones que fuere, la dinámica del cuerpo legislativo no concreta en el tiempo debido las leyes que garantizan la transparencia de las privatizaciones y el asunto se mantiene en el plano de la discrecionalidad del alto gobierno, o se delega a una agencia anodina, pueden darse situaciones irregulares conocidas, o la pérdida de oportunidades promisorias; por ejemplo, de cara al uso de la privatización junto a los procesos de reestructuración, asociaciones, liberalización, etc.
 
Otro ejemplo: puede pasar, por diversas razones, que la política macroeconómica se haga en términos convencionales, sin consideración de los requerimientos estratégicos de la política industrial. En un esquema gradual, una tasa de cambio competitiva, por la vía de la administración, puede ser conveniente temporalmente. Recuerden mis colegas que el asunto tiene que ser visto en el contexto del llamado “Trilema de las Economías Abiertas”; pues, la decisión plantea disyuntivas a resolver en otras esferas de la política macroeconómica. Y no es el único ejemplo.
 
En fin, como dice el dicho, citado por Friedman en su discurso de recepción del Nobel, “el camino del infierno está lleno de buenas intenciones”. Y preocupa. Pues, soy un convencido de que en Venezuela está planteado un manejo transicional, que podríamos declarar su acometida, que lleguemos a un buen nivel de aproximación a su base normativa; pero, que el proceso no llene las expectativas.
 
Eso me permite recordar uno de los componentes de nuestra plantilla de diagnóstico de la economía venezolana: la necesidad de un Estado capaz; no solo un problema de artes, sino de institucionalización de la función pública profesional venezolana. Otro de los grandes retos transicionales.
 
* Santiago José Guevara García
sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1
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