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Silvia Federici, activista, teórica y profesora universitaria

Silvia Federici, activista, teórica y profesora universitaria
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La activista, teórica y profesora universitaria, Silvia Federici, autora de ‘Calibán y la bruja’, se encuentra de gira por España y presenta un manifiesto contra la caza de brujas, la de hace tres siglos y la que sigue en la actualidad bajo la máscaras de los feminicidios.

“El feminismo de Estado recluta mujeres como mano de obra barata”

En 1610 fueron encausadas 53 personas (mujeres en su mayoría) en el pueblo navarro de Zugarramurdi acusadas de practicar brujería. Al menos diez de ellas fueron quemadas vivas en la hoguera. Hoy, un museo recoge parte de su historia y la muestra al visitante por 4 euros. “Se está haciendo un aprovechamiento turístico de la caza de brujas”, denuncia tajante Silvia Federici (Italia, 1942), cuando debería recuperarse la memoria de los lugares en los que se vivió ese “genocidio”, como Sorginen Leizea -la cueva en la que Álex de la Iglesia monta su aquelarre en la película Las brujas de Zugarramurdi- donde “fueron torturadas y asesinadas decenas, cientos y miles de mujeres acusadas de brujería”.

El libro más conocido de la pensadora y activista feminista, ‘Calibán y la bruja’, (Traficantes de sueños, 2010), ya aborda la historia de las mujeres como la historia de una resistencia, sobre todo desde que el feudalismo dio paso al capitalismo. Ahora vuelve a actualizar sus tesis y visita algunos lugares de Europa que fueron escenario de terroríficos sucesos de violencia contra las mujeres acusadas de supuestas hechicerías y que hoy son parques de atracciones “convertidos en negocios”. En ellos se venden muñecas feas y con verrugas en la nariz, unas representaciones “que perpetúan una visión degradada de las mujeres, distorsionan la realidad y hacen que olvidemos que realmente fue una guerra contra las mujeres”, sigue Federici.

Encuentra un hilo conductor entre la caza de brujas de hace tres siglos y las nuevas formas de violencias proyectadas contra la mujer, como es el caso de los feminicidios: “Son un factor, una consecuencia de la expansión capitalista en el mundo”, cuenta, “y eso que la mujer, y sobre todo el cuerpo de la mujer, ha hecho una contribución inmensa al desarrollo del Capitalismo; por eso es ahora cuando le pedimos la cuenta”. Pero las brujas modernas ya no se mueven en escobas.

Brujas de hoy

La Santa Inquisición tenía brujas favoritas y una más que conocida fama misógina. Solían ir a por mujeres con ganas de libertad y de valerse por sí mismas. Trabajar, vivir por su cuenta o querer tener el control de su propio cuerpo eran motivos más que suficientes para fundar una acusación de brujería contra ellas que les llevara a la hoguera.

Hoy, en cambio, el fuego se ha sustituido por leyes restrictivas o escarnio público, en la calle o en las redes sociales. “Sí, todavía se siguen persiguiendo a mujeres aunque ya no se use el término caza de brujas”, afirma Federici a El Boletín. Y lo justifica: en lugar de magia oscura se les acusa o excluye por cuestiones como el aborto, “como si al Estado le importara más el feto que la salud de la mujer”. También aplica una lectura de clase en temas como la maternidad subrogada, “porque si tú eres pobre, no tienes derecho a procrear; te hacen la vida imposible pero te ponen facilidades para que alquiles tu vientre” al mejor postor. La maternidad empieza a tener dos caras, la de la madre que que puede gestar y la madre social que se la puede pagar.

Federici recuerda que ha habido casos en Estados Unidos de esterilizaciones forzosas a mujeres negras o de bajos recursos, “algo que no pasa con mujeres de clase media o blancas, que pueden permitirse una clínica privada”.

El feminismo y las modas

Nunca se ha hablado tanto y tan abiertamente de feminismo con en estos tiempos. Hasta Dior se subió al carro y presentó, en la semana de la Alta Costura de París, una camiseta con el lema ‘We should all be feminists’. A la actriz Blanca Suárez le parece que el feminismo es una moda y se muestra reticente a declararse abiertamente feminista pero, ¿es cierto que está en boga? Federici responde: “Quizá esté de moda en España pero en Estados Unidos y en el resto del mundo, no, para nada”, contesta tajante.

Hasta la RAE explica el término como “ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”. La definición del concepto de feminismo es importante para la autora de ‘Calibán y la bruja’, y distingue dos subtipos. El más deseable es el que está extendido -que no de moda- en América Latina. Un “feminismo popular que ha comprendido que la lucha contra el patriarcado, el capitalismo y la protección del medio ambiente son distintas caras de la misma pelea”.

El menos deseable, según Federici, es el que ella llama “feminismo de Estado” o domesticado, que se ha convertido en herramienta para “reclutar a las mujeres como mano de obra barata e integrarla en el desarrollo del capitalismo”. La imagen de la emancipación en realidad oculta un régimen de explotación, justo el mismo al que están sometidos los hombres.

Federici se muestra muy crítica con la definición de la Real Academia porque el feminismo de la igualdad presupone que los hombres no están explotados, y se pregunta: “Cuando hablamos de igualdad, ¿en quién pensamos? ¿En los hombres afroamericanos que se encuentran en peores situaciones que muchas mujeres blancas?”.

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