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Laurens Ivens, concejal de Vienda y tercer teniente de alcalde de Amsterdam y Patricia Callaghan, concejala de Vivienda del barrio londinense de Camden Town

Laurens Mens y Patricia Callaghan, concejales de Amsterdam y Londres
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Laurens Mens y Patricia Callaghan, concejales de Amsterdam y Londres (Foto: Jaime Pozas)

Los concejales de Vivienda de Amsterdam y Camden Town analizan en una entrevista con El BOLETÍN la situación en la materia en las dos capitales europeas y qué alternativas han puesto en marcha.

"Si queremos tener ciudades en las que vivir, tenemos que regular la locura del mercado"

El concejal de Vienda y tercer teniente de alcalde de Amsterdam, Laurens Ivens, y la concejala de Vivienda del barrio londinense de Camden Town, Patricia Callaghan estuvieron de visita en Madrid para compartir experiencias en torno a la gestión municipal de los desafíos asociados a fenómenos como el de la gentrificación, que consiste en la expulsión de los barrios de sus vecinos tradicionales, al no poder asumir el aumento de los precios de sus viviendas, para ser sustituidos por otros de mayor poder adquisitivo.

Un proceso que se ha visto especialmente acentuado en las grandes ciudades globales de la mano de la masificación turística y del desarrollo de las nuevas tecnologías. Alternativas como la archiconocida plataforma Airbnb han contribuido así a esa tendencia por la que las viviendas, servicios o establecimientos de los núcleos urbanos pasan a orientarse antes a cubrir las demandas de los turistas que las de los ciudadanos que pretenden vivir en ellos permanentemente. Una nueva vuelta de tuerca que recibe el nombre de turistificación o gentrificación 2.0.

Ivens y Callaghan analizan en una entrevista con El BOLETÍN cuál es la situación en las dos capitales europeas y qué alternativas han puesto en marcha.



La turistificación parece el nuevo fenómeno de moda que deben abordar las ciudades. ¿Se puede decir realmente que ha sustituido a la gentrificación? ¿Cuál es vuestra experiencia y diagnóstico?

Patricia Callaghan: Creo que en Londres tenemos una mezcla de los dos fenómenos. Por un lado, tenemos gentrificación porque más gente tiene mejores trabajos y aspiran a más de lo que lo hacían en los años 50 y 60, cuando estábamos aún saliendo de la guerra y la gente pertenecía en un porcentaje mucho mayor que ahora a lo que se entendía por clase trabajadora Ahora, la gente sigue trabajando, pero ya no en los niveles más bajos. Por otro lado, Londres es una ciudad que recibe a gente e inversores de todo el mundo que se han dado cuenta de que es un gran lugar para invertir, en el que es posible recibir mucho dinero por tus inversiones. Es una gallina de los huevos de oro. Así que, por ejemplo, inversores chinos, o del conjunto de Asia, invierten en vivienda y ni tan siquiera las ocupan. Esperan a que su inversión se vaya revalorizando. Pero también tiene que ver con el flujo de turistas: el año pasado Londres recibió 37,3 millones de turistas. Así que hay una mezcla de las dos cosas.

Laurens Ivens: En Amsterdam, vivimos en los años 80 una situación en que todo el mundo quería vivir en las afueras, así que los precios subían más o menos de forma homogénea en toda la ciudad. No había un problema de explosión de precios como podemos tener ahora que todo el mundo quiere vivir en el centro. Entonces, durante los últimos 10 años, en los que se ha dado esta tendencia, sí cabe hablar de gentrificación. Lo primero que vimos fue un alza de los precios de tal forma que sólo podías vivir en el centro si ganabas mucho dinero. Ahora, vemos algo diferente que es la turistificación. Ya no es que haya hoteles que quieren construir en el centro de la ciudad. Eso siempre ha sucedido. Ahora quieren hacerlo también en la periferia, pero, claro, después los turistas quieren estar en el centro de la ciudad. Entonces se dan fenómenos como lo que ocurre con las bicicletas. Creo que es un buen ejemplo. En Holanda, y particularmente en Amsterdam, todo el mundo las utiliza para desplazarse, pero ahora hay tantos turistas que acaban ocupando y caminando por sus carriles y esa oleada masiva de turismo interfieren con nuestra vida. En las últimas décadas ya había muchos turistas, pero no hasta llegar a convertirse en un problema porque no interferían en la vida normal. Así que creo que son dos fenómenos que aunque tienen el mismo origen, como es el atractivo del centro de la ciudad, son diferentes y que hay que abordar los dos.

¿Qué alternativas estáis impulsando?

LI: En lo relativo a la gentrificación, en Amsterdam hasta el 45% de la vivienda es social con el precio regulado y eso es algo que queremos mantener también en el centro de la ciudad. Allí, ese tipo de vivienda es menos del 45%, pero aún así está en torno al 30% con lo que la gente de bajos ingresos también puede vivir en ella. Con todo, vemos un problema y es que, de esta forma, puedes vivir en el centro de la ciudad si tienes bajos o altos ingresos; pero es muy difícil si son medios. Nos gustaría hacer que en esos casos también fuese posible y que, para ello, el precio de mercado fuese un poco más bajo; pero es muy difícil conseguirlo porque el mercado está haciendo cosas locas. En lo relativo a la turistificación, estamos haciendo cosas como no permitir que se construyan nuevos hoteles en el centro de la ciudad; e incluso en la periferia somos muy críticos respecto a la construcción de nuevos hoteles porque al final los turistas acaban en el centro. Y Airbnb es permitido en Amsterdam, pero queremos regularlo mucho más.

PC: Nosotros también queremos regularlo pero no estamos seguros de que el Gobierno estatal nos lo permita. Nuestros problemas son ligeramente diferentes. Los turistas vienen y es cierto que influyen en que, por ejemplo, el metro está repleto de gente o también aumentan el tráfico a través de los taxis; pero podemos vivir con eso. Sin embargo, en lo que se refiere a vivienda social, encuentro muy interesante que en el caso de Amsterdam digan que quieren mantener el 50%, porque mi partido quiere desesperadamente mantener el porcentaje de vivienda social en Londres, pero el Gobierno de May no quiere. Es como si quisiesen un modelo como el de París con los ricos viviendo en el centro y los pobres viviendo en las afueras.

¿Hay una forma progresista y otra conservadora de abordar estos fenómenos?

PC: Nosotros estamos luchando contra la respuesta conservadora. Yo soy una inquilina de vivienda social de una asociación de viviendas. Estamos luchando, pero han introducido un proyecto de ley sobre planificación de viviendas por la que si las dos personas de mayores ingresos en la casa ganan más de 40.000 libras tienen que pagar el precio de mercado. Si esto se confirma, mucha gente tendrá que irse de Londres. De momento, hemos conseguido pararlo. Ante nuestra oposición, los conservadores han dicho "oh, no lo habíamos pensado bien, vamos a mirarlo otra vez". Pero ahora que Theresa May ha convocado elecciones, si consigue más representantes, que lo hará, porque estamos en una espiral descendente; me temo que volverá con esta propuesta y fijará el límite en más de 60.000 libras entre los dos miembros de mayores ingresos del hogar, cuando no es tanto dinero para una ciudad como Londres. Seremos golpeados de nuevo. Nosotros, por el contrario, aspiramos a que se pueda mantener también esa diversidad de ingresos a la hora de poder vivir en la ciudad porque, por ejemplo, Camdem es una zona con toda esa diversidad y es un modelo que funciona. El problema es que los conservadores no aspiran a lo mismo.

LI: Tenemos el mismo desafío en Amsterdam. Además de concejal de Vivienda, yo soy también uno de los tenientes de alcalde: llevo la política de vivienda y puedo hacer las políticas en el área. Pero después tenemos al Gobierno nacional que tiene una posición diferente y, por ejemplo, han introducido una tasa para la vivienda social. En estos momentos, están subsidiando a la gente que ya tienen sus propias casas y, sin embargo, gravan fiscalmente a la gente con vivienda social. Así que, a veces, es muy difícil hacer frente a los desafíos cuando tienes a un Gobierno estatal que quiere lo contrario que el local.


¿Diríais que es una cuestión de competencias? ¿Los gobiernos locales necesitan más?

PC: Nosotros tenemos bastantes capacidades y responsabilidades, pero quedan empañadas si el Gobierno introduce una norma de rango superior. Por ejemplo, tenemos cesiones de vivienda social para toda la vida para quienes quieren tener una familia y criar a sus hijos; o, si no tienes hijos, pero estás involucrado con tu comunidad y quieres permanecer en ella. De esta forma, puedes quedarte en la vivienda social mientras lo necesites o de por vida. Esa seguridad es necesaria. Pero el Gobierno ahora ha introducido inflexibilidad en las viviendas sociales y concede un máximo de 3 a 5 años de residencia. Ahora soy mucho mayor, pero cuando yo empecé a criar a mí familia sabía que mi vivienda iba a ser de por vida. Sin embargo, ahora, si quieres formar una familia, sabes que no puedes porque solo vas a tener esa vivienda durante tres años y sabes que si tu hijo empieza a ir a una escuela, después va a tener que cambiarse. Eso genera mucha incertidumbre y lo que está sucediendo es que la gente de medios y bajos ingresos se está yendo. Otro ejemplo es que hasta ahora teníamos una serie de beneficios que ayudaban a pagar la renta a la gente de bajos ingresos; pero el Gobierno quiere también ponerles punto final. Con el agravante de que, si al final haces pagar el precio de mercado a familias que sumen ingresos de entre 40.000 y 60.000 libras, se convertirán también en gente que necesite ese tipo de beneficios. Conozco, por ejemplo, a profesores muy experimentados, que han trabajado toda su vida, que se plantean dejar de trabajar 5 días a la semana y pasar a hacerlo solo 3 para evitar esa situación. Obviamente, esto no es bueno para nadie.

LI: Aún así, pese a los obstáculos y limitaciones que pueda poner el Gobierno estatal, tenemos cierto margen de actuación. Pero diría que la mayor limitación es que tenemos un sistema de mercado global en el que todo el mundo ha aceptado que es ese mercado el que marca el precio. Y la presión de los mercados sobre el centro de las ciudades es enorme en estos momentos. Hemos cerrado los ojos a eso, a los problemas que crea la presión de mercado que no es solo una cosa estatal, sino internacional. Si queremos tener ciudades en las que se pueda vivir, tenemos que regular más y hacer algo con la locura del mercado.

¿Y cuál es el papel de las nuevas tecnologías en esta situación? ¿Plataformas como Airbnb son realmente culpables?

PC: Todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Creo que para las familias de, por ejemplo, dos adultos y dos hijos es una buena opción respecto a un hotel. Pero ellos normalmente respetan la vivienda y no hacen fiestas hasta altas horas de la madrugada. Sin embargo, aún así, genera el problema de que los propietarios en lugar de, por ejemplo, alquilarle durante seis meses su vivienda a gente que necesita un hogar, les resulta más rentable ponerla en Airbnb. Pero el mayor problema que tenemos con plataformas como ésta es que la gente alquila los pisos y literalmente tiene 'raves'. En noviembre, que es cuando tenemos una de las festividades del distrito, tuvimos un caso en el que 100 personas estaban celebrando una fiesta en un piso para cuatro personas, con música alta toda la noche; la policía vino a la 1 y se dispersaron, pero después volvieron y siguieron hasta las 4 de la madrugada. Y claro la gente de la zona sigue necesitando ir a trabajar, ir a la escuela, tiene exámenes. Necesita seguir con sus vidas, no que la mantengan despierta toda la noche. También genera problemas que son exclusivos de este tipo de alojamiento como que la gente tire las botellas por el balcón en lugar de llevarlas al contenedor o que orinen o tengan sexo en las zonas comunes. O incluso los problemas que genera para los residentes encontrarse con gente que no conoce de nada en las zonas comunes, o que la gente llegue a la vivienda a cualquier hora de la noche y despierte así a los residentes habituales. Ademas, perdemos viviendas que debería poder usarse para que la gente viva habitualmente en ellas y eso es un problema.

LI: Es una gran descripción. Durante muchísimo tiempo ha sido posible alquilar tu vivienda cuando estás de vacaciones. Por ejemplo, se la dejabas a tus hermanos mientras estabas fuera durante dos semanas. Pero las nuevas tecnologías y plataformas han facilitado y multiplicado las posibilidades porque ya no es solo que encuentres gente que no conoces que las demande, sino que también sabes que puedes confiar en ella porque tienen una valoración, un 'rating', basado en su comportamiento previo. Con lo que ahora tenemos un modelo en el que puedes obtener un beneficio por ceder tu vivienda. Y es un gran cambio porque no veo ningún problema con que cedas tu vivienda mientras estás de vacaciones, pero sí en que lo conviertes en un negocio ya que entonces la gente está dispuesta a pagar mucho más por esa casa porque sabe que después sacará beneficio de eso. Además, la alquilarán durante periodos de tiempo mucho más largos y, de nuevo, tenemos una situación en la que la presión del mercado cambia todo el panorama. Por eso, en Amsterdam, tenemos una política que sanciona a la gente que alquila sus viviendas durante más de 60 días, que nos ha permitido recaudar más de 2 millones en multas durante el año pasado. De media, cada día laboral hemos cerrado un apartamento ilegal. Y tenemos esta lucha no porque no nos gusten los turistas, sino porque la gente que reside en ese área de la ciudad tiene que poder seguir con sus vidas y poder vivir ahí.

He leído críticas que decían que esta medida estaba consiguiendo incrementar la recaudación, pero no tanto evitar que los ciudadanos tuviesen que abandonar el centro de las ciudades…

LI: Nuestra política está funcionando. El número de apartamentos en alquiler para vacaciones se ha estabilizado. La regulación y asegurar su complimiento ralentiza el proceso, aunque no lo pueda frenar o cambiar porque se gana mucho dinero. Incluso con multas de 20.000 euros se gana tanto dinero que hay gente que asume el riesgo de que quizá consiga que no le pillen. Por eso es tan necesario poder financiar mecanismos que aseguren la supervisión y el cumplimiento de la regulación.

PC: Nosotros no tenemos esa política que tiene Amsterdam. En Camdem, hemos hablado con Airbnb y se pueden alquilar viviendas durante 90 días; pero no podemos asegurar la supervisión que hace Amsterdam por falta de financiación. Sería una muy buena medida porque así también se recaudaría más dinero que después se podría reinvertir en personal e inspecciones.

LI: Sí, de hecho cada año estamos invirtiendo más dinero.

En cierto sentido, como ya habéis apuntado, fenómenos como estos están relacionados con la falta de gobernanza global de tal forma que la gente se acaba sintiendo expulsada o al margen de los beneficios de la globalización. ¿Creéis que, por ello, pueden tener algo que ver con el auge en ambos países de fenómenos populistas o que ésto se notará ahora que hay elecciones en Reino Unido?

PC: Sí, tenemos elecciones y soy miembro del partido laborista. Creo que no vamos a tener un buen resultado y estoy muy preocupada por eso. En materias como esta nos gustaría poder tomar medidas como Amsterdam porque si alguien tiene una multa de 20.000 euros entonces muy rápido por el sistema boca-oreja la gente empieza a cumplir las normas como no sobrepasar los 90 días en nuestro caso. Eso es algo que nos gustaría hacer, pero me temo que a un gobierno conservador no.

LI: Lo más importante cuando hablamos de elecciones creo que es que la gente no se sienta escuchado o tomada en serio. Así que tenemos que dejar una cosa clara: la gente está antes que los beneficios. Esa debería ser la prioridad del Gobierno ya que si no lo hace así es cuando surgen oportunidades gigantes para partidos populistas. Ese es, por tanto, el gran desafío que tenemos: dejar claro a la gente que vive en las ciudades que nos preocupamos por ellos y no solo por los beneficios o de que alguna gente tenga la oportunidad de ganar mucho dinero. En Amsterdam, tenemos elecciones en un año. Las últimas elecciones estatales no cambiaron mucho, pero tengo muchas ganas de saber cuáles serán los resultados en Amsterdam y especialmente en el centro.

Análisis político

A lo largo de la tarde, en una conversación con Callagham, ésta reafirmará su pesimismo respecto al resultado de su partido en las próximas elecciones. En parte porque considera que la sociedad, en contraste con la situación de los años 50 y 60 que comenzó describiendo en la entrevista que mantuvimos, se ha vuelto más egoísta e individualista. Uno de los motivos por los que cree que las propuesta que encarna el líder laborista, Jeremy Corbyn, a quien define como un buen hombre, no conseguirán el éxito en las generales.

Esta lectura también hace que la concejala reivindique lo que supuso el nuevo laborismo, tanto porque considera que tenía que moverse a la derecha para conseguir los resultados que tuvo, como porque cree que consiguió logros espectaculares en ámbitos como el de la Educación. Especialmente si se comparan con los gobiernos conservadores que denuncia también por decisiones que le afectan directamente como la de recortar la financiación de su ciudad. Una medida que les ha obligado a priorizar el gasto social a costa de no poder permitirse, por ejemplo, reforzar el personal que se encargaría de vigilar el cumplimiento de las regulaciones de Vivienda. Por ello, la política laborista transmite una cierta sensación de urgencia y considera que, de confirmarse los malos augurios de las encuestas, su partido deberá replantearse su dirección. De lo contrario, si Corbyn y los suyos no optan por dar un paso atrás ante un eventual retroceso electoral, no descarta que, como ya se ha especulado, haya quien incluso pudiese cuestionar mantener la unidad del partido.

Por el contrario, Ivens muestra una actitud más positiva, quizá como resultado de la peculiar situación de centralidad política de la que se beneficia conforme a la peculiar geometría partidista en el Ayuntamiento de la capital holandesa, pese a que el suyo, el Partido Socialista (PS), se ubica claramente a la izquierda del resto de formaciones. Después de las elecciones de 2014, el retroceso electoral del Partido Laborista (PL), de carácter socialdemócrata, hizo que estos saliesen de la coalición de Gobierno por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia, los 6 representantes del SP gobiernan junto a los 14 de los social-liberales de D66 y a los 6 de los liberales del Partido de la Libertad y la Democracia del primer ministro, Mark Rutte; pese a su, en principio, mayor cercanía ideológica a los 6 representantes laboristas o a los también 6 de los ecologistas GroenLinks. Otros tres partidos tiene un representante. Una situación que le da un gran margen al SP a la hora de negociar las políticas que saldrán adelante con sus socios de gobierno, o bien de buscar una alianza legislativa alternativa.

Además, en una situación que quizá resulte difícil de comprender bajo los parámetros de la política española, Ivens explica que la figura del alcalde tiene en su país una naturaleza más representativa. Algo que ha permitido que, pese a que los laboristas ya no estén en la coalición del gobierno municipal de la capital, sí continúe en su puesto de alcalde Eberhard van der Lann del PL; mientras que la verdadera gestión del gobierno corresponde a los ocho tenientes de alcalde que se ordenan jerárquicamente, estos ya sí de los tres partidos que forman la coalición de gobierno. De esta forma, el SP tiene la tercera de estas posiciones ejecutivas, que asume el propio concejal de Vivienda; y otra adicional a cargo de las responsabilidades de Empleo y de las políticas contra la pobreza.

Finalmente, Ivens describe la figura del alcalde de noche o Nachtburgetmeester. Se trata de un puesto esencialmente simbólico ya que puede hacer propuestas"como cualquier otra persona", pero que cumple una función de nexo entre la Alcaldía y los empresarios el ocio nocturno y los ciudadanos. Así, contribuye a equilibrar los intereses de las diferentes partes: "los de aquellos que quieren dormir y los de quienes quieren salir toda la noche". Desde este puesto, en manos de Mirik Milan, se han originado propuestas tan singulares como la de entregar licencias de 24 horas a los locales de ocio nocturno. Una medida que, aunque parezca contraintuitivo, no solo ha incrementado las posibilidades económicas de la cuidad, sino que paradójicamente también ha mejorado el descanso de sus ciudadanos al evitar que los clientes de los establecimientos nocturnos salgan todos a la calle al mismo tiempo al llegar la hora de cierre y que el político holandés confirma que "funciona". Del mismo modo que, ya en sus intervenciones públicas con el resto de ediles de otras ciudades europeas, el representante socialista reivindica orgulloso otras iniciativas que él mismo ha impulsado desde su responsabilidad al frente del área Vivienda. Por ejemplo, una línea telefónica en servicio las 24 horas al día a través de la cual los vecinos pueden denunciar cualquier problema, como un exceso de ruido en algún piso turístico, y ser atendidos al momento. Con todo, se reafirma en una conclusión que sirve también de reivindicación: en esta materia es necesaria coordinación internacional y, hoy por hoy, "la Unión Europea si escucha, escucha a los Gobiernos nacionales en lugar de a las grandes ciudades que son las que tienen este problema".

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