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¿Por qué gana siempre el PNV?

Iñigo Urkullu, lehendakari
Iñigo Urkullu, lehendakari
El Partido Nacionalista Vasco consigue hacer de lo cotidiano algo extraordinario. Conseguir que el poder no le desgaste.
Euskadi es el único lugar donde la rutina y la sorpresa conjugan a la vez. En un parlamento fracturado por fuerzas políticas hermanas, primas y enemigas, siempre acaba siendo el mismo partido el que resulta vencedor. El Partido Nacionalista Vasco. Esto en sí no es ninguna sorpresa, pues desde que se instauró la democracia solamente el trienio de Patxi López – unida a la ilegalización de Batasuna – pudo apartar al PNV de Ajuria Enea.
 
Sin embargo, esta misma realidad cotidiana no deja de ser sorprendente, en un parlamento que nunca ha vivido mayorías absolutas, donde muchas fuerzas políticas obtienen representación relevante y donde el voto puede ser tan volátil como demostraron las últimas elecciones generales, cuando Podemos superó con creces al PNV. El voto de las elecciones generales no debe extrapolarse al contexto autonómico, y menos en un lugar como el País Vasco que vota en clave territorial, pero lo que pasó en las elecciones generales y en las de ayer es una prueba objetiva de que son muchos a los que no se les cae los anillos por variar la papeleta dependiendo de las circunstancias.
 
Pues bien, en ese clima de pluralidad política, donde nunca nadie ha conseguido mayoría absoluta, y donde el independentismo roza mínimos del 20%, ¿por qué gana siempre el mismo partido nacionalista e independentista?
 
El triunfo del PNV, como ciencia política que es, no responde a un factor determinado. Sino a un compendio de valoraciones, tradiciones e ideologías, en ocasiones contrarias, que encuentran cobijo bajo el mismo paraguas. Nadie diría que el partido de Urkullu es un partido transversal, pero, sumando premios insospechados al PNV, lo es. El glamour político que ha adquirido esa palabra – transversalidad – auguraba que ese trofeo recaería sobre alguno de los partidos ‘nuevos’, pero nada más lejos de la realidad.
 
Hay dos datos que corroboran el éxito del PNV en todas las capas de la sociedad. El primero es que en una escala del 0 al 10 que establece el CIS, donde 0 es extrema izquierda y 10 es extrema derecha, el PNV es el partido favorito de todas aquellas personas que oscilan entre el 3 y el 10. Es decir, al PNV sólo se le escapa la extrema izquierda. Si un día alcanza ese margen, la noticia sería equiparable a descubrir vida en otros planetas.
 
Otro ejemplo de esa ‘transversalidad’ peneuvista han sido los datos referidos a la intención de voto que ha ido recogiendo el CIS durante la campaña electoral. La mayoría de los indecisos dudaban entre votar al PNV y a Podemos. Esa duda, allende las fronteras vascas, ya suena a paradoja. Sin embargo, saber que muchos votantes del PP han abandonado a su partido para votar a Urkullu añade aún más picante a la mezcla.
 
Estas dos cuestiones tienen explicación, pues mientras los votantes de Podemos y PNV comparten proyectos similares – bilateralidad – sobre la independencia, el euskera, el derecho a decidir, y el autogobierno, entre otros, los votantes del PP ven en los nacionalistas el mejor antídoto contra EH Bildu y Podemos. Y Urkullu, ahí en el medio, abriendo las puertas de su casa. Es un partido que siempre sabe hacia donde tiene que dirigir su mensaje para conseguir un apoyo mayoritario, así se entiende que haya pasado del proyecto soberanista e independentista de Juan José Ibarretxe al moderado y estadista de Iñigo Urkullu sin peaje electoral.
 
Habrá quien recele de la semejanza antes mencionada entre Podemos y PNV, pero la concepción sobre el PNV que hay en Euskadi dista mucho de la que se tiene en el resto de España. Mientras lejos del País Vasco el partido nacionalista es considerado como un partido de derechas sin ambages, “el PP de Euskadi” aseguran en tertulias varias, en el País Vasco no se tiene tal concepción. Los votantes de izquierdas saben que el PNV no es el PP, e incluso son capaces de reconocer los méritos que los nacionalistas hayan podido tener durante su gestión. Los datos del CIS sobre la ‘transversalidad’ del PNV constatan la realidad de que para muchos votantes de izquierda los nacionalistas no son un enemigo. Es más, son un aliado.
 
La campaña ha sido un ejemplo de ello. Podemos no ha pretendido demonizar al Partido Nacionalista Vasco y todas las críticas que ha emitido sobre el partido de Urkullu han sido en tono pedagógico, no ofensivo. Al mismo tiempo, la otra gran fuerza de izquierdas de la comunidad, EH Bildu, en vez de querer derrocar al “PP de Euskadi” lo que pretende es sumarse a él y a Podemos para gobernar. Habrá quien interprete esto como una voluntad por construir un ‘Junts pel si’ a la vasca, pero la izquierda abertzale es consciente de que el clima social existente en Euskadi está muy lejos del de Cataluña.
 
Otra clave principal del voto del PNV es directamente la credibilidad que dan los ciudadanos a su gestión. Algunas reflexiones redactadas indican que el resultado de las elecciones de este domingo ha sido fruto de la actitud de Pedro Sánchez, pero en el País Vasco esa lectura es errónea. El pueblo de Euskadi ha votado al PNV porque, como seres animados, existe en su interior un proceso comparativo con el resto de España. Los votantes más fieles y los militantes no se dejan llevar tanto por esto, y sí por la ideología y la tradición, mientras que los millares de votos ‘prestados’ que en cada elección autonómica reciben los nacionalistas toman en cuenta la gestión y la comparación para decantar su voto. Los datos económicos de un lugar y otro hablan por sí solos, desequilibrando la balanza del indeciso en favor del ‘status quo’ del PNV.
 
Por otra parte, es innegable la penetración que tiene el partido nacionalista en la sociedad vasca. Desde los ‘batzokis’ (sede social del PNV) que inundan la orografía de la región, hasta la televisión pública, todo respira nacionalismo vasco que, de tantos años gobernando y gestionando la comunidad, ha convertido esa particularidad en característica de lo vasco.

Ander Cortázar

Periodista

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