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Los nacionalismos europeos espolean la crisis de la deuda en la UE

Los nacionalismos europeos espolean la crisis de la deuda en la UE
La crisis de deuda europea se encuentra lejos de encontrar una solución definitiva. Los líderes del Viejo Continente se limitan a apalabrar reuniones mientras las rentabilidades que ofrecen los bonos de los países periféricos se mantienen en constante tensión por culpa de la especulación que gira en torno a Grecia y lo que supondría su eventual caída. “Es el viejo y conocido nacionalismo europeo”, aseguraba a EL BOLETÍN un gestor de fondos de inversión que ha seguido al detalle la evolución del panorama continental.

Para este gestor de fondos y para buena parte de sus colegas, el fondo de rescate europeo (EFSF, por sus siglas en inglés) no logrará solucionar nada. Porque, dice, falta voluntad política para ello.

No obstante, la ecuación no se resume a salvar o dejar de salvar Grecia. La pregunta que hay que hacerse, según los expertos, es qué sucede si Grecia no se salva. ¿Afectará sólo a los griegos? Nada más lejos de la realidad. Además de la enorme exposición de la banca europea -y sobre todo de las entidades francesas y alemanas- al país mediterráneo, existe el problema de los productos derivados. Unos productos financieros que se encuentran poco o nada regulados -es decir, que se conoce poco o nada sobre cuántos hay y dónde están- pero que podrían llegar a afectar al bolsillo de 50 millones de familias estadounidenses, según explicó el diario The New York Times en un artículo publicado el pasado mes de junio.

¿Cómo? Pues aunque según los datos más recientes del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés) los mayores acreedores de Grecia son los bancos franceses -con 63.866 millones de euros- y los alemanes -con 48.177 millones de euros-, estas entidades están a su vez aseguradas por, según algunos rumores del mercado, la gran aseguradora germana Allianz, entre otras. Allianz, además, cuenta ya con una importante exposición a la deuda soberana de los países más débiles del euro (y no sólo de Grecia) a través de Pimco, el fondo de inversión estadounidense más grande del mundo en materia de bonos soberanos. Allianz tiene el 97% de Pimco. También es posible que otra serie de instituciones financieras estadounidenses, que todavía no han trascendido, estén muy implicadas indirectamente (es decir, a través de los derivados) en el problema griego. Y de ahí que Washington lleve varios meses advirtiendo -primero- y advirtiendo seriamente -posteriormente- a Bruselas de que solucione de una vez la crisis de deuda empezando por evitar que Atenas caiga en el desastre para después lograr blindar a otros países con un riesgo potencial, como Portugal o incluso Italia.

Indiferencia
Sin embargo, y a pesar del peligro y de las advertencias de la Casa Blanca, los intereses nacionales de los países del euro y de la UE en general siguen primando sobre los intereses continentales. El ejemplo más reciente ha tenido lugar hace unos días, durante el transcurso de la Cumbre Europea celebrada el pasado domingo 23 de octubre. El corresponsal del diario Financial Times en Bruselas, Stanley Pignal, escribía pocas horas después del encuentro lo siguiente: “Las reuniones de la UE acuerdan más reuniones”. No exento de cierto sarcasmo, el titular de su artículo evidencia una realidad que hace unos días el líder del Eurogrupo y primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, calificó de “desastrosa”.

Porque nadie quiere ceder y nadie ha querido ceder realmente -a pesar de los tres rescates financieros emitidos hasta la fecha para Grecia, Irlanda y Portugal y de las medidas de austeridad aprobadas por estos países, Italia y España-. Los motivos son fundamentalmente electorales; la población de los países fuertes no quiere que se ayude a los débiles y la de los débiles no quiere que se impongan medidas de ahorro exigidas desde Francia o Alemania.

Los especuladores, tras dos años de impunidad, ahora retan a Francia
Tras dos años de promesas no cumplidas, rescates insuficientes y medidas de austeridad aparentemente estériles, la especulación ha tocado, por fin, a Francia. Debido, precisamente, a la exposición de las entidades galas a Grecia y de la incertidumbre que genera todo el mercado de los productos derivados. Algunas agencias de ‘rating’ ya han advertido a París de que igual tiene que recapitalizar su sistema bancario. Advertencia que ha ido acompañada de una amenaza: si París recapitaliza la banca, Francia pierde la máxima calificación crediticia. Ello no sólo supondría un golpe durísimo para la credibilidad de la región, sino que también podría suponer el auge del Frente Nacional que lidera Jean-Marie Le Pen de cara a las elecciones generales del próximo mes de abril.
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