Año XXV - Madrid, Domingo 04 de Diciembre de 2016

Todos esperando el 4 de diciembre

Gane o pierda Renzi, la situación política italiana no seguirá siendo la misma.

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Matteo Renzi, primer ministro de Italia
Matteo Renzi, primer ministro de Italia
/ • 08:38

Faltan pocos días a la cita electoral del 4 de diciembre. En Italia se respira un aire de espera. Y también de tensión. Hay buena razones para ello. Lo que era un referéndum confirmativo sobre una ley de modificación constitucional del Gobierno Renzi - que fundamentalmente intenta agilizar los procesos decisionales del Ejecutivo y del Parlamento y empezar a reducir los costes de la política - se ha trasformado en un voto o A FAVOR o EN CONTRA de Renzi, el joven y dinámico primer ministro. Un voto importante considerando el hecho de que en cualquier caso, gane o pierda Renzi, la situación política italiana no seguirá siendo la misma. Veamos el porqué.
 
Las modificaciones de la Constitución, que de todas formas no tocan los puntos fundamentales de la misma, son el resultado de una dura batalla política que se ha librado no solamente en el Parlamento pero también al interior del partito mayoritario, el Pd (partido democrático) cuyo secretario es el mismo Matteo Renzi. Una pugna paralela al otro gran tema que desde hace meses calienta el debate político: la nueva ley electoral de tipo mayoritario y doble turno promovida por el mismo gobierno Renzi. Los dos temas han desgarrado el Pd, no tanto por los contenidos de las propuestas sino por el intento de la minoría del partido de debilitar al líder del mismo. Una batalla que tiene un fondo ideológico: los componentes de la minoría son en buena medida los “hijos” o los “nietos” del antiguo Pci mientras los fieles a Renzi son en gran parte los representantes de una cultura católica de origen democrático cristiano. Dos herencias que no son fáciles de armonizar. Lo cual, entre otras cosas, demuestra la profunda diferencia entre el Pd y otros partidos del socialismo europeo, la familia a la cual pertenece también el mismo partido democrático.
 
En las elecciones europeas de 2014, el Pd ya estaba dirigido por Renzi, que se había impuesto en el partido gracias a las primarias, supero el 40% de los votos. Fue un resultado sin precedentes: la izquierda, aun dividida entre “reformistas” y “radicales”, podía acceder al poder simplemente buscando el apoyo de grupos aislados del centro derecha, siempre dispuestos a cualquier compromiso. A partir de ese momento Renzi inicia el intento de desgastar, decidido a no perder un minuto en su estrategia de innovación del sistema, la única, afirman sus seguaces, que puede modernizar el país y responder axial al desafío del Movimiento 5 Estrellas. Muchos sondeos consideran al pseudo partido del cómico Beppe Grillo ganador de las futuras elecciones generales, gracias a un programa y a un perfil “juvenil” que gusta a mucha gente de izquierda pero también de derecha (un partido muy distinto de otras fuerzas que han crecido en Europa gracias a la crisis económica y al desempleo).
 
El debate pre electoral ha sido y es muy caliente, con puntas polémicas que recuerdan los momentos mas tensos de la historia republicana de la post guerra. Los que sostienen el ‘no’, todos aunque con tonalidades distintas, afirman con tonos dramáticos que las propuestas de Renzi representan un intento de forzar la situación política en sentido autoritario. Al contrario, Renzi y sus seguidores defienden la tesis según la cual los que invitan a votar ‘no’ a la reforma en realidad están defendiendo sus intereses de CASTA. Sindicalistas de las tres centrales, incluida la un tiempo obrerista CGIL; altos burócratas del Estado premiados por el tradicional sistema de las “pensiones de oro”; antiguos dirigentes de los partidos de la “Primera Republica” colapsada en los primeros noventa del siglo pasado se han aliado con los “innovadores” de 5 Estrellas para cerrar el capitulo de Matteo Renzi. Se trata de un abanico de fuerzas e intereses de amplísimo espectro, que critica la reforma pero al mismo tiempo propone, cuando las propone, las más distintas soluciones, ninguna de las cuales podría encontrar una mayoría de apoyo a nivel parlamentario.
 
¿Qué dicen los sondeos? Esta vez dicen poco, prefieren esperar. No quieren repetir los errores de otras previsiones como la del Brexit en el Reino Unido. Hasta hace pocos días el ‘no’ parecía ampliamente ganador, ahora parece que el ‘sí’ se estaría recuperando gracias al miedo a la instabilidad que muchos, en Italia y afuera, consideran inevitable si Renzi perdiera esta batalla. ¿Tiene un sentido real este miedo o es el resultado de una artificial angustia colectiva alimentada por muchos medios que buscan audiencia y publicidad?
 
El 4 de diciembre será en cualquier caso muy importante  para el destino personal de Matteo Renzi y la evolución general de la situación política. Un dato es evidente: la victoria del ‘no’ no llevaría simplemente a un probable cambio del jefe del gobierno pero con mucha probabilidad produciría un serio desgaste del Pd y su eventual ruptura. Con lo cual el voto de los jóvenes, el sector menos protegido y mas “indignado” de la sociedad italiana frente a la crisis económica, podría acelerar la victoria electoral del Movimiento 5 Estrellas. Porque sin duda son sobretodo los jóvenes desempleados (el 40% del total) o empleados con bajos salarios o a tiempo parcial, las primeras víctimas de la globalización y del fracaso de las formulas liberales hasta ahora dominantes.
 
Para muchos de estos jóvenes Renzi sigue representando una figura representativa de viejo modo de gobernar. Sus esfuerzos en el terreno fiscal y sus controvertidas políticas para el mercado del trabajo no han reducido los problemas de fondo: la economía italiana lleva muchos años estancada, la polarización social  crece, corrupción e ineficiencia del Estado no ceden frente a los intentos de cambio. Es la razón de fondo que explica porque el ‘no’ a la reforma, mas allá de sus contenidos, tiene muchas posibilidades de triunfar.  Aunque también es posible que muchos jóvenes decidan no votar por una reforma cuyos aspectos positivos y cuyos límites son difíciles de entender. Una victoria del ‘sí’, en cambio, podría favorecer las condiciones de un nuevo éxito electoral del Partido democrático y de su actual líder porque permitiría un esfuerzo, más coherente y efectivo, en la dirección reformista que Renzi ha intentado desarrollar hasta este momento.

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