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Las grandes fortunas latinoamericanas ganan terreno en el mapa empresarial español

Latinoamérica llama a la puerta de las grandes empresas españolas. Ya no como destino de inversión, sino como origen de financiación gracias a la pujanza de sus grandes corporaciones: las multilatinas.
El camino del dinero entre ambas orillas del Atlántico está cambiando. Las grandes compañías españolas llevan años apostando por crecer en Latinoamérica, pero ahora son las grandes fortunas del subcontinente americano las que empiezan a tomar partido en el panorama empresarial español a golpe de abultadas inversiones.

Al frente de este cambio de tendencia de los flujos de inversión se han colocado los grandes empresarios mexicanos. Ellos fueron los primeros en salir de compras por el panorama corporativo español, aprovechando de una parte sus holgadas finanzas propias y, de otra, los bajos precios de mercado de algunas compañías españolas a causa de la prolongada crisis financiera y de consumo y, en ciertas ocasiones, los endeudados balances que presentaban, necesitados de nuevos capitales que reequilibraran su a veces complicada situación patrimonial.

La primera gran operación de este tipo tuvo lugar ya el pasado verano, cuando el grupo mexicano ADO se hizo con Grupo Avanza, uno de los grandes jugadores del transporte en autobús del mercado español. Aunque nunca salieron a la luz las cifras de la operación, en la que participó como asesor Deutsche Bank, no salieron a la luz, la transacción supuso la primera de las muchas que desde entonces se han sucedido. Sólo unos meses más tarde la petrolera paraestatal mexicana Pemex firmó un contrato para la compra de un 51% del Astillero Barreras, un movimiento valorado en cerca de 5,1 millones de dólares.

El pasado mes de septiembre comenzó el desembarco de los empresarios latinoamericanas en la Bolsa española. Concretamente, empezaron por tomar posiciones en Banco Sabadell aprovechando una marcoampliación de capital con la que reforzar su caja fuerte tras una activa política de compras para aumentar su presencia en el mercado bancario español. El colombiano Jaime Gilinski y el mexicano David Martínez se hicieron cada uno con el 5% del catalán por unos 900 millones de euros a un precio de 1,6 euros por acción. En otras palabras, con un descuento del 44% sobre precios de mercado de aquel entonces.

Tras la apuesta por el Sabadell, le llegó el turno a Banco Popular. En una operación de similares características, la familia mexicana Del Valle junto con otros grandes inversores aztecas aportó 450 millones de euros a la entidad presidida por Ángel Ron. En este caso, la operación se saldó además con un extra para la compañía financiera española: una alianza estratégica con el banco BX+ controlado por la acaudalada familia con el objetivo de multiplicar su tamaño por tres en los próximos cinco años.

Ya en la recta final del año se produjo otra gran operación en el turbulento sector bancario con origen en Latinoamérica y destino en España. En este caso, el objeto de deseo de los inversores internacionales fue la nacionalizada Novagalicia, que entonces fue adjudicada al venezolano Banesco a través de su filial a esta orilla del Atlántico, Banco Etcheverría. Los caribeños resultaron ser los ganadores de la puja que el Banco de España abrió para poder abandonar la entidad resultante de la fusión de las antiguas cajas de ahorros gallegas. Ofrecieron 1.003 millones de euros, pero los flecos legales de los que aún pende la operación han impedido que aún a fecha de hoy se haya cerrado el traspaso de poderes en el no cotizado.

En los primeros compases de este 2014 se cerró tras meses de negociación la tercera refinanciación de deudas de Prisa en los últimos tres años. El emblemático aglomerado de medios de comunicación, con amplia presencia en Latinoamérica, también ha estrenado un inversor de esta procedencia. El magnate Roberto Alcántara Rojas se descubrió como una de las claves de la operación al irrumpir en la cotizada como accionista de referencia.

La llegada del mexicano fue tan abultada que, unida a otras operaciones de reestructuración de capital, terminó por arrebatar a las familias fundadoras de Prisa -lideradas por los Polanco- su participación histórica por encima del 30%. Sin embargo, a los pocos días de su desembarco, el que es uno de los 100 hombres más ricos del país centroamericano optó por sindicar su recién estrenado paquete de acciones del grupo de medios con los históricos, de manera que escenificó su compromiso con la continuidad de la compañía, impulsando al alza su cotización en Bolsa; algo que se viene repitiendo en todas las firmas españolas que han estrenado inversor latinoamericano en los últimos meses.

De vuelta al sector financiero, el último en recibir a un socio del otro lado del Atlántico ha sido Liberbank. En su más reciente macroampliación de capital, dos gigantes latinoamericanos desconocidos hasta ahora en estas latitudes han sido protagonistas: Inmosan y Davinci. De nuevo, dos fondos de inversión mexicanos que junto con la familia asturiana Masaveu han salido al rescate de la entidad formada por Cajastur, Caja Cantabria y Caja de Extremadura, aportando cerca de 230 millones de euros a una operación valorada en un total de 475 millones. Primero, mediante la compra de la mayor parte de la autocartera que acumulaba el banco y, después, suscribiendo su parte correspondiente en una abultada emisión de nuevos títulos.

La 'reconquista azteca', como algunos analistas han dado en llamar a la llegada de los grandes capitales mexicanos al parqué madrileño se completa por ahora con el caso más reciente de la compra de Campofrío. La compra por parte del grupo chino Shuanghi de Smithfield Foods, el antiguo dueño estadounidense de la firma cárnica española, desencadenó una operación de venta a la que respondió Grupo Sigma con el lanzamiento de una OPA amistosa y consensuada con los asiáticos. Sólo un 3% del capital de la cotizada se resistió a la oferta de compra y los americanos figuran ya como los titulares de un 97% de las acciones de una firma que en sus campañas de publicidad se sigue presentando como profundamente española.

Por si fuera poco, los economistas apuntan que el desembarco de fondos latinoamericanos se extiende también con fuerza aunque con menos publicidad al mercado inmobiliario. Inversores del otro lado del Atlántico están detrás de muchas de las grandes operaciones que en los últimos meses se vienen cerrando en el depreciado mercado del ladrillo. Un movimiento en la española Inmobiliaria Colonial es muestra de esta tendencia: el grupo peruano Santo Domingo aportó 100 millones de euros a la operación de captación de capitales que capitaneó el empresario Juan Miguel Villar Mir -presidente de la concesionaria OHL tan extendida por América Latina- y que salvó a la empresa del abismo de la quiebra al que se aproximaba sin remedio por el peso de sus entonces impagables deudas.
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