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Noviembre de
2003
Las ventajas
de la próxima liberalización de precios
Por
Bruno Soria,
Director de Análisis y Estudios de Telefónica S.A. Doctor
en Ciencias Económicas e Ingenierio de Telecomunicación
A la fecha de redactar
estas líneas, el Gobierno está a punto de aprobar la liberalización
de los precios de los servicios de telecomunicaciones al usuario final.
Esta liberalización tendrá efectos inmediatos para los
servicios de banda ancha (el ADSL de Telefónica) y será
gradual para los servicios de voz hasta 2005, en que también
la mayoría de éstos se beneficiará de la libertad
de precios. La Comisión Delegada para Asuntos Económicos
ya ha aprobado estas medidas para su aprobación por el Consejo
de Ministros.
Se trata de una buena noticia para el sector en su conjunto, para la
economía española en general y sobre todo para los usuarios,
tanto particulares como empresas. Después de cinco años
de mercado en competencia, hay en España más teléfonos
móviles que fijos. También acaban de entrar en liza en
el mercado de banda ancha las eléctricas, lo que hace que muchos
españoles puedan elegir entre al menos tres proveedores de banda
ancha con red propia: Telefónica con el ADSL, el cable y las
eléctricas con PLC... y a la espera del UMTS de los móviles.
En este escenario de competencia libre y feroz resultaba imperativo
modificar una regulación que había sido diseñada
para un escenario muy distinto.
La regulación de precios inhibe las inversiones, y con ellas
el crecimiento, la oferta de nuevos servicios y la reducción
de costes. Como la regulación es, inevitablemente, al menos en
parte arbitraria, los operadores se enfrentan a una gran incertidumbre
sobre la evolución que sufrirán sus precios a lo largo
del ciclo de vida de sus inversiones. Esto es muy grave en las redes
fijas, donde este ciclo llega fácilmente a diez años,
e incluso a veinte. Hasta ahora, esta incertidumbre estaba traduciéndose
en un mayor coste de capital, lo que hacía que algunas buenas
oportunidades no resultasen atractivas, sobre todo para los nuevos entrantes
que tenían planes de negocio más ajustados.
Esto es especialmente notorio en un mercado en crecimiento como el de
la banda ancha, donde al freno en las inversiones de los operadores
con red propia se unía el auge artificial de revendedores sin
valor añadido cuyo modelo de negocio descansaba exclusivamente
en el arbitraje de precios regulados, lo que deprimía adicionalmente
la rentabilidad del sector.
Con la nueva situación de libertad de precios en un escenario
de competencia entre plataformas con red propia, los operadores acelerarán
sus inversiones, como sugieren los recientes anuncios de algunos operadores
de cable y empresas eléctricas. Los inversores podrán
gestionar sus carteras invirtiendo en operadores más solventes
siguiendo criterios de mercado, en lugar de estar al albur de los mensajes
procedentes de la Administración.
Por su parte, la mayor flexibilidad comercial y las mayores inversiones
se orientarán a tres posibles objetivos, todos los cuales beneficiarán
a los usuarios finales: aumentar la cobertura de las redes, introducir
servicios innovadores o renovar la tecnología para reducir los
costes unitarios y, a la postre, los precios. No hay que olvidar que
esta decisión no es un hecho aislado, sino que está en
sintonía con las tendencias recientes de las economías
más avanzadas: el nuevo marco legal de la UE y la revisión
regulatoria de la FCC en los EEUU.
Cada vez está más aceptado que si se quieren obtener todas
las ventajas del libre mercado, un mercado ha de ser libre en todas
sus facetas. Incluyendo los precios.
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