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Noviembre de
2003
Los 12 del
11
Por
Rafael Martínez-Simancas
ejos de ser el título
de una película de mucha reflexión sociológica,
el titular de esta columna se refiere al año doce que inicia
EL BOLETIN, que coincide con el día 11 de noviembre, fecha
de su primera salida a la calle. Desde entonces hasta la fecha, este
vespertino pequeño (de formato), pero grande en cuanto a temas
y a pluralidad, se ha ganado un lugar en la historia del periodismo
patrio, que tan llena está de ignominias y de capítulos
oscuros, (en los que se incluyen cierres y despedidas a gogó).
Oigan y aquí estamos tan ricamente : sin tener una tertulia de
momias parlantes, sin hablar de corazón, sin sacar escándalos
a la calle y sin vestirnos de lagarterana para entrevistar al churrero
de la calle Arenal. Aunque parezca mentira hay vida inteligente más
allá de las audiencias que tantos disgustos dan en los despachos
búnker del ejecutivo pensante; sin complejos podemos afirmar
que se puede hacer periodismo sin que te escupa Coto Matamoros.
Ahora viene la segunda parte. Habrá quién piense que la
independencia es sinónimo de osadía y que como tal se
termina pagando. Es posible, pero este periódico tiene toda la
vocación de las obras surrealistas, está hecho por amor
al arte y no por temor a la crítica. Se escribe tal y como se
siente, como se piensa, como se tiene por razón. Pero también
sin osadías, mire-usted (como dice el candidato saliente),
porque aquí no tenemos ni ejército ni misiles e igual
nos dan dos curritos en lo bajo del lomo que feo está señalar
pero es parte muy dolorosa. Desde la cabecera bajando por las páginas
de mercados, nacional, internacional, y así hasta llegar a la
bendita contraportada (de la que me siento fraile viejo), aquí
no encontrarán un gramo de intereses ocultos, malos sentimientos
ni campañas en beneficio del capital, (aquello que Franco definió
como la conspiración judeo-masónica. Todavía no
sabemos qué quería decir pero cualquiera le preguntaba
al General por el sentido de sus palabras).
¿Qué hacer cuándo pasa la bandera de EL BOLETIN,
en su duodécimo aniversario?, ¿Levantarse o quedarse sentado?
No hay protocolos, allá cada uno que haga lo que estime conveniente.
Lo que es de muy mal gusto es levantarse para luego zancadillear al
abanderado, cosa que se lleva mucho últimamente. Lo suyo es celebrarlo,
o mejor aún concelebrarlo que es un término litúrgico
muy de moda. Cuantos más seamos, mejor. Cuantos más lectores
se apunten a seguir los pasos de esta publicación, más
daremos las gracias al cielo.
Doce años para una persona no son gran cosa, salvo que esa persona
sea Manuel Fraga que a esa edad ya quería ser Manuel Fraga. Nos
faltan seis para decir aquella fruslería de Miguel Angel Rodríguez
de si fuera niño votaría y si fuera niña
se pondría de largo. Alce usted, amigo lector, la copa
de vino español por este su diario, pero antes termine de leer
el número especial., porque igual con la copa le parecerá
que bailan las letras.
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