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Noviembre de
2003
La lucha
contra el terrorismo es la lucha por la libertad
Por
Gustavo de Aristegui,
Portavoz de Asuntos Exteriores del Grupo Popular
Se trataba de un
eclipse con fecha prefijada. José María Aznar había
anunciado que no sería candidato a la presidencia del Gobierno
en las elecciones generales de marzo de 2004. Se abría la carrera
sucesoria y los tres tenores en línea de salida parecían
participantes en un torneo floral lanzando elogios a sus teóricos
rivales y adelantando su aceptación a lo que decidiera la superioridad.
Sólo Rodrigo Rato rompía a última hora el encantamiento
y optaba por presentarse abiertamente como aspirante. También
Alberto Ruiz Gallardón quería ser tenido en cuenta cuando
llegara la hora de la verdad. Pero de nada valieron las tentativas.
Al final, Aznar descubría una maniobra relámpago a favor
de Mariano Rajoy, le cooptaba como candidato, le entregaba la secretaria
general del partido y le desembarcaba del gabinete para preservarle
de erosiones previas a la campaña. Por tierra, mar y aire, prensa,
radio y televisión, conferencia episcopal o confederación
de empresarios, todo eran signos de asombro y reconocimiento por la
perfección y disciplina con que se cumplía el alto designio
ante el pasmo de las otras fuerzas políticas, mientras la orquesta
mediática del Gobierno interpretaba con el mayor entusiasmo una
partitura triunfal a lo Wagner.
Se acumulaban los desastres de gestión. El Prestige seguía
manando chapapote sobre playas esplendorosas, el accidente del Yak 42
dejaba 62 militares muertos en Turquía, Ibarretxe lanzaba su
Plan, en el AVE a Barcelona se sumaban los incumplimientos, socavones
y retrasos, en Cataluña progresaba Ezquerra Republicana hasta
doblar su representación en el Parlament, los consensos en política
exterior y en política de defensa quedaban volatilizados mediante
voladuras a conciencia, el juego obsesivo de sumisión a Bush
se acompasaba con los ascos deliberados hacia Francia y Alemania, del
eje Madrid-Varsovia apenas podía esperarse nada y la Convención
Europea iba a sernos desfavorable.
Pero, ni así. El líder socialista José Luis Rodríguez
Zapatero encajaba en mayo unos resultados autonómicos y municipales
sin brillo en abierta contradicción con las expectativas generadas
por el no a la guerra y el hartazgo ante los desastres gubernamentales.
José Blanco comparecía entusiasta por los resultados en
Lugo pero el PP ayudado desde dentro de la lista socialista por los
inolvidables Tamayo y Sáez, lograba apear de su ventaja en la
Comunidad de Madrid a la coalición de PSOE e IU.
Los constructores y promotores entusiastas y beneficiarios de la burbuja
inmobiliaria lograban la repetición de la convocatoria electoral.
En la Asamblea que acordaba su extinción se perdía la
oportunidad de poner las corrupciones en claro y a los corruptos y corruptores
en su sitio, dejando escapar en blanco la Comisión de Investigación..
Ni siquiera el secretario general del PP de Madrid, Romero de Tejada,
implicado en toda clase de manejos se veía afectado y los suyos
le premiaban con el acceso a los puestos de mayor relevancia de Caja
Madrid.
Nadie asumía la responsabilidad de haber apostado para el Ayuntamiento
de la Villa y Corte a Trinidad Jiménez ni de haber incluido en
las listas de la Comunidad de Madrid a dos conocidos descerebrados aplicados
desde hace años al tráfico de influencias como los más
arriba mencionados.
El electorado fue dejado aparte y entre los dirigentes de la Federación
Socialista Madrileña y los de la Comisión Ejecutiva Federal
del PSOE eran incapaces de confeccionar una nueva lista con mayores
atractivos. Se hablaba del intento para que la encabezara Gregorio Peces
Barba pero su nombre era bloqueado en aras de preferir la continuidad
a la victoria. La repetición de la convocatoria daba mayoría
absoluta para Esperanza Aguirre, dispuesta a emular a Margarita Thatcher
aplicando dosis de caballo de ese liberal-darwinismo.
Cundía el desánimo y la luz al final del túnel
se centraba en las posibilidades de Pascual Maragall pero los resultados
del 16 de noviembre le dejaban en segunda posición sin efectivos
suficientes para sumar mayoría con Ezquerra Republicana de Cataluña.
La última esperanza residía en los desacuerdos nacientes
en el interior del PP. Paciencia y barajar.
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