Noviembre de 2003

Paciencia y barajar

Por Miguel Angel Aguilar

Se trataba de un eclipse con fecha prefijada. José María Aznar había anunciado que no sería candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales de marzo de 2004. Se abría la carrera sucesoria y los tres tenores en línea de salida parecían participantes en un torneo floral lanzando elogios a sus teóricos rivales y adelantando su aceptación a lo que decidiera la superioridad. Sólo Rodrigo Rato rompía a última hora el encantamiento y optaba por presentarse abiertamente como aspirante.

También Alberto Ruiz Gallardón quería ser tenido en cuenta cuando llegara la hora de la verdad. Pero de nada valieron las tentativas.
Al final, Aznar descubría una maniobra relámpago a favor de Mariano Rajoy, le cooptaba como candidato, le entregaba la secretaria general del partido y le desembarcaba del gabinete para preservarle de erosiones previas a la campaña. Por tierra, mar y aire, prensa, radio y televisión, conferencia episcopal o confederación de empresarios, todo eran signos de asombro y reconocimiento por la perfección y disciplina con que se cumplía el alto designio ante el pasmo de las otras fuerzas políticas, mientras la orquesta mediática del Gobierno interpretaba con el mayor entusiasmo una partitura triunfal a lo Wagner.

Se acumulaban los desastres de gestión. El Prestige seguía manando chapapote sobre playas esplendorosas, el accidente del Yak 42 dejaba 62 militares muertos en Turquía, Ibarretxe lanzaba su Plan, en el AVE a Barcelona se sumaban los incumplimientos, socavones y retrasos, en Cataluña progresaba Ezquerra Republicana hasta doblar su representación en el Parlament, los consensos en política exterior y en política de defensa quedaban volatilizados mediante voladuras a conciencia, el juego obsesivo de sumisión a Bush se acompasaba con los ascos deliberados hacia Francia y Alemania, del eje Madrid-Varsovia apenas podía esperarse nada y la Convención Europea iba a sernos desfavorable.

Pero, ni así. El líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero encajaba en mayo unos resultados autonómicos y municipales sin brillo en abierta contradicción con las expectativas generadas por el “no a la guerra” y el hartazgo ante los desastres gubernamentales. José Blanco comparecía entusiasta por los resultados en Lugo pero el PP ayudado desde dentro de la lista socialista por los inolvidables Tamayo y Sáez, lograba apear de su ventaja en la Comunidad de Madrid a la coalición de PSOE e IU.

Los constructores y promotores entusiastas y beneficiarios de la burbuja inmobiliaria lograban la repetición de la convocatoria electoral. En la Asamblea que acordaba su extinción se perdía la oportunidad de poner las corrupciones en claro y a los corruptos y corruptores en su sitio, dejando escapar en blanco la Comisión de Investigación.. Ni siquiera el secretario general del PP de Madrid, Romero de Tejada, implicado en toda clase de manejos se veía afectado y los suyos le premiaban con el acceso a los puestos de mayor relevancia de Caja Madrid.

Nadie asumía la responsabilidad de haber apostado para el Ayuntamiento de la Villa y Corte a Trinidad Jiménez ni de haber incluido en las listas de la Comunidad de Madrid a dos conocidos descerebrados aplicados desde hace años al tráfico de influencias como los más arriba mencionados. El electorado fue dejado aparte y entre los dirigentes de la Federación Socialista Madrileña y los de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE eran incapaces de confeccionar una nueva lista con mayores atractivos. Se hablaba del intento para que la encabezara Gregorio Peces Barba pero su nombre era bloqueado en aras de preferir la continuidad a la victoria. La repetición de la convocatoria daba mayoría absoluta para Esperanza Aguirre, dispuesta a emular a Margarita Thatcher aplicando dosis de caballo de ese liberal-darwinismo.

Cundía el desánimo y la luz al final del túnel se centraba en las posibilidades de Pascual Maragall pero los resultados del 16 de noviembre le dejaban en segunda posición sin efectivos suficientes para sumar mayoría con Ezquerra Republicana de Cataluña. La última esperanza residía en los desacuerdos nacientes en el interior del PP. Paciencia y barajar.

 

 

Edita: Asesores de Publicaciones