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Bankia y Banca Cívica, la historia del naufragio de las cajas en Bolsa

En verano de 2011, Bankia y Banca Cívica alcanzaron un hito al convertirse en los primeros grupos de cajas que salían a Bolsa. Sin embargo, apenas 15 meses después el bagaje no podría ser más negativo: la primera de ellas necesita casi 25.000 millones de euros, mientras la segunda ha sido absorbida por Caixabank. La intervención de la CAM, apenas unos días después de los debuts bursátiles, fue un presagio funesto.

El 20 de julio de 2011, el entonces presidente de Bankia, Rodrigo Rato, hacía sonar la campana en la Plaza de la Lealtad. El banco liderado por Caja Madrid debutaba en Bolsa a un precio de 3,75 euros la acción, que suponía ya un descuento del 15% sobre la horquilla que se había previsto inicialmente.

La salida al parqué del banco de Caja Madrid, Bancaja, Caja Rioja, Caja Insular de Canarias, Caixa Laietana, Caja Segovia y Caja Ávila, se convirtió en una auténtica cuestión de Estado para devolver credibilidad al sector financiero español, pero un año después la situación de la entidad es más que delicada tras lo que ha sido una auténtica catarata de sucesos cuyos máximos exponentes han sido el rescate del FROB, la dimisión de Rodrigo Rato y del consejo de administración en bloque, y las necesidades adicionales de capital de casi 25.000 millones detectadas por la auditoría de Oliver Wyman.

La cotización no ha sido ajena al aluvión de malas noticias. Desde los 3,75 euros a los que debutó, la acción acumula una caída de un 70%, hasta el entorno del euro. Los accionistas, además, deberán ‘apechugar’ con parte del rescate europeo.

Sólo un día después del debut de Bankia, salió al parqué Banca Cívica. El banco de Cajasol, Caja Navarra, Caja Canarias y Caja Burgos salió al mercado el 21 de julio del año pasado, a un precio de 2,7 euros cada acción que le permitió captar 600 millones de euros. La entidad colocó aproximadamente la mitad de sus acciones entre inversores minoristas que debieron pagar un mínimo de 2.500 euros.

Apenas un año después, la entidad fue absorbida por CaixaBank a través de un canje de acciones después de que la cotización hubiese caído más de un 45% y ante la insostenible situación del banco debido a las provisiones obligadas por el Gobierno.

El canje en la fusión de CaixaBank y Banca Cívica se llevó a cabo en una proporción de cinco acciones del banco que preside Isidro Fainé, de un euro de valor nominal cada una, por cada ocho acciones de Banca Cívica, de un euro de valor nominal cada una

Precisamente, mucho mejor le ha ido a Caixabank. El banco de La Caixa, heredero directo en Bolsa de Criteria, comenzó a cotizar en el parqué el uno de julio del año pasado y pasa por ser uno de los más solventes del sector financiero español. Eso sí, no ha logrado esquivar en Bolsa la desconfianza que rodea a la banca, y acumula una caída del 37% desde ese día, un 20% en lo que va de año.

Cuotas participativas

Sin embargo, el máximo exponente de la tortuosa relación entre las cajas de ahorros y la Bolsa son las cuotas participativas de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). Aún podrían quedar unos 50.000 clientes atrapados en estos títulos después de que hace ya casi cuatro años acudieran a la salida a Bolsa de la entidad. Los cuotapartícipes, la mayoría clientes, atrapados en las cuotas, siguen sin tener ninguna protección ante las más que posibles pérdidas del total de su inversión. El Sabadell se ha lavado las manos en el asunto ya que el proceso de compra de Banco CAM no incluyó estos títulos, aunque se ha mostrado dispuesto a buscar soluciones caso por caso a los clientes que acudan a sus ventanillas.

Según el folleto de emisión de las cuotas participativas enviado hace casi cuatro años a la CNMV, los cuotapartícipes sólo tenían derechos económicos que, en puridad, se limitaban al cobro de un dividendo que ha dejado de existir, y a la rentabilidad obtenida por la compraventa de los títulos.

El 23 de julio de 2008 la CAM sacó al mercado sus cuotas participativas. En total, colocó 50 millones de títulos a un precio de 5,84 euros. Lehman Brothers, que quebró sólo dos meses después, fue el banco colocador de la emisión. Un 65,5% de las cuotas (32,7 millones) se colocaron entre minoritarios, que tenían que realizar una inversión mínima de 3.000 euros. La CAM colocó otro 31% de los títulos (15,5 millones), entre inversores cualificados. 1,75 millones de cuotas se destinaron a empleados de la entidad.

La CAM fue la única entidad que se atrevió con estas cuotas participativas. Aunque otras cajas estudiaron seguir su ejemplo, el estallido de la crisis con la quiebra de Lehman, que cerró a cal y canto todos los mercados de capitales, les hizo echarse atrás.
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