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Se busca candidato sin escrúpulos para ganar elecciones

Urna electoral
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Urna electoral (Foto: Raúl Fernández)

Los viejos partidos prefieren el poder a los principios

Las noticias que llegan desde Cataluña animan el panorama decaído de unas jornadas informativas más bien secas que parecen contagiarse de la pereza vacacional impuesta por la pausa de la Semana Santa. Al parecer la unanimidad de las huestes independentistas no era tanta como parecía y alguno de los partidos que se mantienen por ahora integrados en JXSí, la coalición en la que confluyeron en su día ERC y la antigua CiU, andan preocupados por la falta de perfil propio, ante la posibilidad de que el referéndum previsto, unilateral o pactado, termine convertido en unas simples elecciones autonómicas adelantadas. Una cita con las urnas que podría confirmar a Oriol Junqueras como el político mejor situado para optar a convertirse en el primer presidente de esa quimérica república catalana y también extender el certificado definitivo de defunción del PDECat, la vieja convergencia, como formación política en condiciones de liderar el futuro.

Si las últimas informaciones publicadas por distintos portales de Internet resultan ciertas, el actual número dos de ese partido que avanza a toda prisa hacia el precipicio, un tal David Bonvehí, llevará ante la Justicia unas grabaciones en las que se le escucha decir algunas lindezas. Por ejemplo, que si el camino hacia la independencia se complica demasiado y los electores catalanes empiezan a acusar el cansancio y a buscar otras respuestas, quizá el partido debiera buscar un 'candidato autonomista'. Y esa supuesta falta de autenticidad en los principios ha servido para que un buen montón de políticos de todas las ideologías y territorios hayan puesto el grito en el cielo ante la supuesta falta de principios de los actuales dirigentes del PDEcat dispuestos a cualquier artimaña por conservar el poder o reconquistarlo si las encuestas que le son desfavorables son ciertas.

Curioso. Parece que, en realidad, el único pecado cometido por Bonheví es simplemente militar en un partido que defiende en la actualidad la independencia de Cataluña, porque la idea de poner al frente de unas listas a un candidato con capacidad para sintonizar con las peticiones y los sentimientos de los electores no se aleja demasiado de la práctica habitual de todos los partidos. Tanto el suyo como los demás. Ahí tienen sin ir más lejos la pugna en la que se debaten los dirigentes de los partidos socialdemócratas de todo el continente, en los que hay siempre un sector, que aquí representaría la presidenta andaluza Susana Díaz, cuyo principal argumento es la necesidad de ganar, de volver a llevar al partido a conseguir ese poder que perdió. Ella es, además, según cree, la única que puede conseguirlo y para demostrarlo exhibe como el principal demérito de su gran rival, Pedro Sánchez, las derrotas cosechadas en las urnas.

Tampoco es que Díaz sea demasiado original. Esgrime el mismo tipo de argumento que ya blandieron los laboristas que se consideran herederos de Tony Blair, ese ejemplo de honestidad política, contra Jeremy Corbyn, o el mismo al que aludía Manuel Vals, el derrotado aspirante a las presidenciales francesas que ha anunciado ya que no votará por el compañero de su partido que le derrotó un tal, Benoit Hamon. Quizá por aquello de la necesidad de que su propia profecía, que indicaba que él era el único que podía conducir al socialismo francés a la victoria, termine por cumplirse gracias, entre otras cosas, a su deslealtad. Lástima que por su izquierda haya aparecido de repente otro líder cuyo origen también está en el PS francés. Un tal Jean -Luc Melénchon, al que habían dado por muerto políticamente hace unos meses, pero que acaba de resucitar gracias quizá, al hecho de que esa decepcionada ala derecha del partido socialista, haya decidido pasarse con 'todos los clientes', al bando del centrista Emmanuel Macron.

Así que ya lo ven. Lleva razón Bonheví, sangre nueva de un viejo partido que ha perdido a sus líderes históricos engullidos por la corrupción y otros errores. Lo único de lo que de verdad deben preocuparse los gestores de las formaciones políticas es de encontrar un candidato que pueda asegurarles la victoria. Y con ella el poder, el reparto de prebendas y el mantenimiento de los trabajos seguros que permitan la supervivencia de los cuadros y sus sueldos, ya sea como altos cargos de la administración pública o en los puestos de trabajo bien remunerados que puedan conseguir gracias a los contactos y las famosas puertas giratorias que, por supuesto, no han dejado de funcionar en ningún momento, aunque a algunos les pudiera parecer lo contrario.

¿De qué se extrañan ahora? Gran parte del deterioro acumulado por la imagen de la clase política proviene de ahí. Del hecho de que siempre han demostrado lo poco que les importaba presentarse con un programa concreto a cualquier cita con las urnas y olvidarse de él tres minutos después de la victoria. Así que quizá sea incluso mejor tener unos cuantos líderes intercambiables como parece proponer el político catalán en esas grabaciones, que tener al frente del partido a personajes como François Hollande, que ganaron las elecciones con un programa de izquierdas y la promesa de convertirse en el contrapeso que necesitaba la UE para frenar la deriva política derechista impuesta por Angela Merkel que amenazaba con destruir para siempre el sueño europeo, como así ha ocurrido finalmente.

La epidemia, además, se ha extendido de tal manera que parece imposible de detener. Por el centro, la derecha y la izquierda. Por todas partes. Hay partidos como pasa en España con Ciudadanos, por ejemplo, que hicieron bandera de la regeneración democrática y se han olvidado de ese propósito a velocidad de vértigo. Elementos peligrosos dispuestos a utilizar dobles y triples varas de medir si hace falta para sacar toda la rentabilidad posible de los votos que han conseguido a base de decirle a la gente lo que quiere escuchar, pero sin intención alguna de ser posteriormente fiel a lo que se había dicho. Pero el caso de los jóvenes leones de Albert Rivera, sólo es uno más. Ni es el único ni el más grave, desde luego. Por eso empieza a resultar insoportable la palabrería hipócrita con la que nos bombardean un día sí y otro también y llegado este punto uno puede encontrar reveladoras y refrescantes las sinceras palabras que pronunció en la intimidad ese criticado dirigente catalán al que me refería al principio de este artículo.

Basta ya de tonterías. De discursos absurdos sobre la importancia de elaborar propuestas válidas para solucionar los problemas nuevos que nos ha traído el revuelto mundo contemporáneo en el que vivimos. De marear la perdiz con documentos programáticos y supuestos debates sesudos sobre las reformas que habría que poner en marcha, para luchar contra la desigualdad, acabar con la violencia de género o enfrentarse a cualquier otro asunto serio para el que aún no se haya encontrado todavía una solución eficaz. Los dirigentes de lo partidos no tienen interés alguno por estos asuntos que sólo utilizan como cortinas de humo para ganar tiempo. Lo que buscan en realidad, ya lo han oído, es un lider sin escrúpulos pero con tirón popular. Un hombre o una mujer que les lleve a la victoria. Y ni los principios importan nada ahora, ni han importado nunca. Eso son sólo un montón de ideas viejas que se han quedado prendidas en el corazón de algunos militantes. Doctrinas peligrosas con las que habría que terminar a cualquier precio.

Quizá por eso, ya saben, las primarias las suele cargar el diablo. Porque la pobre infantería con carné y cuotas al corriente de pago que nunca tuvo pretensión alguna de medrar en política no entiende lo que pasa y vota siempre al que menos conviene. Es gente sin cintura ni flexibilidad que no se ha dado cuenta de que en este juego solo se trata de ponerse la chaqueta correcta en el momento correcto. Y si un día hay que ser independentista, otro autonomista, otro estar a favor de bajar impuestos, otro de subirlos, pues eso será lo que hay que hacer. Porque lo contrario, ya ven, es entregarle los mandos de estas maquinarias cuya gasolina son solo los intereses creados, a conductores suicidas que se han creído de verdad que uno se mete en un partido político para cambiar el mundo y ayudar a que se consiga una sociedad más justa. Locos peligrosos ya digo. ¡Habráse visto la pandilla de panolis con la que se tiene uno que jugar los cuartos!

Rafael Alba

No fui fotógrafo de "Playboy", pero sí hice allí entrevistas y artículos. Escribí sobre música en "Diario 16", "Geo", "El Gran Musical", "ZZPOP", "Audioprofesional", "Sterofonía" y "Backstage". En "El Economista", "America Económica", "Cuba Económica" y "La Revista de la Bolsa" intenté aprender economía. En "El Boletín" me metí en política. Y ahora he vuelto a lo mío. Pero lo que más me gusta es tocar la guitarra, así que no es raro verme subido al escenario de algún club…con Las Dos en Punto, por ejemplo.

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