Madrid, Atenas y la delegada del Gobierno

La delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, parece buscar con denuedo su sitio en la historia de España. Y puede que este a punto de encontrarlo aunque no es fácil que los estudiantes del futuro se muestren muy benevolentes con ella. Esta curranta del orden público es, según parece, adicta a la firmeza y tan valiente que está dispuesta a cargar con cualquier acusación de amparar la brutalidad policial que pueda presentársele.
Es una mujer con una misión. Evitar que Madrid se parezca a Atenas. Y para conseguirlo empleará contra las protestas toda la contundencia necesaria. O eso dicen por ahí que dijo en una entrevista concedida a Es. Radio, el chiringuito en el que sobreviven algunos ‘showman’ de gran interés como Federico Jiménez Losantos, Luis Herrero o César Vidal, tipos tan duros como la Cifuentes y capaces de aplaudir esa idea de sacar las porras a la calle a la primera de cambio.
Lo malo es que Cifuentes ha empezado con mal pie, porque para todos los medios internacionales Madrid ya es Atenas gracias a su estrategia. La foto de la manifestante con la cara ensangrentada tras la carga policial en los prolegómenos de la protesta minera ha dado la vuelta al mundo. Y deja muy poco lugar a la imaginación.
Además se equívoca Cifuentes tanto como, salvando la distancia porque la rubia y pizpireta gendarme madrileña es laica y sentimental, se equivocaron algunos reyezuelos de los países árabes que quisieron terminar con las protestas de aquella primavera democrático a base de porras y pistolas.
No lo consiguieron a pesar de recoger una buena cosecha de heridos y muertos correspondiente al odio que habían sembrado. Y tampoco lo conseguirá ella porque las protestas van a brotar por doquier.
Esto sólo acaba de empezar y la delegada va a necesitar algo muy distinto a la mano dura para evitar que en la capital de España ocurra algo que sí, que definitivamente, haga que ella pase a la historia. Aunque lo lamentaría. Y mucho.

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